Alexandra Fiorotto y Marcos De Lucca desde Cerdeña, Italia
Desde los últimos días de mayo estamos nuevamente en Cerdeña, en el pequeño pueblo de Stintino, ubicado en el extremo noroeste de la isla.
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Es un lugar de apenas unos 1.500 habitantes durante todo el año, aunque en los meses de verano la población crece muchísimo debido a la llegada de turistas de distintas partes de Italia y de Europa. Para mí, este es el tercer año consecutivo haciendo la temporada de verano en Stintino, por lo que volver tuvo algo de especial. Ya conocía el pueblo, sus calles, los lugares donde trabajar y, sobre todo, a muchas de las personas que viven acá. Esos contactos también nos facilitaron mucho las cosas este año, ya que pudimos conseguir trabajo con mayor facilidad y con bastante tiempo de antelación, lo que nos permitió llegar y empezar a trabajar. Actualmente los dos estamos trabajando, aunque en actividades bastante diferentes. Yo continúo trabajando en gastronomía, mientras que Marcos trabaja en un almacén ubicado sobre la calle principal del pueblo.
El paisaje es probablemente uno de los aspectos más impresionantes de este lugar. Stintino está rodeado por el mar Mediterráneo, con aguas de colores que van desde el azul profundo hasta tonos turquesas y verdes muy claros. Una de las imágenes más características de la zona es la de La Pelosa, una de las playas más famosas de Cerdeña, con arena blanca, aguas transparentes y la antigua torre aragonesa de fondo.
La cultura de Cerdeña también tiene características muy particulares. La isla conserva muchas tradiciones propias y una identidad muy marcada, que se nota incluso en la manera de hablar, en las fiestas populares, en la música y en la gastronomía. Aunque forma parte de Italia, Cerdeña tiene una historia y una cultura muy particulares. En la vida cotidiana se nota también la importancia de los productos locales. La gastronomía sarda está muy relacionada con el mar y con la tradición rural de la isla. Entre los platos más conocidos encontramos la fregola, una pasta pequeña parecida al cuscús que suele prepararse con mariscos, pescado o diferentes salsas; los culurgiones, una especie de pasta rellena de papa típica de Cerdeña; y el famoso porceddu, cerdo asado tradicionalmente preparado de manera lenta. También son muy característicos los quesos sardos, especialmente el pecorino, además de diferentes tipos de panes tradicionales. Uno de los más conocidos es el pane carasau, un pan muy fino y crocante que antiguamente era especialmente práctico para los pastores porque podía conservarse durante mucho tiempo. Y, por supuesto, viviendo en una isla, el pescado y los mariscos tienen un lugar muy importante en la gastronomía.
Este verano el clima fue particularmente intenso. Tuvimos muchos días de temperaturas muy elevadas y, sobre todo, bastante humedad, lo que hacía que la sensación térmica fuera incluso mayor. El año pasado tuvimos la oportunidad de visitar Pisa, Florencia y Venecia. Este año, antes de venir nuevamente a la isla, pasamos unos días en Roma. Fue nuestra primera parada antes de comenzar la temporada y aprovechamos para recorrer algunos de sus lugares más icónicos.
Por ahora, nuestras experiencias de viaje han sido principalmente dentro de Italia, pero vivir de este lado también nos permite tener a otros países de Europa mucho más cerca y la posibilidad y el deseo de conocer varios de ellos en un futuro siempre está.
Volver por tercer año consecutivo a Stintino es una experiencia bastante particular. A pesar de que ya conocía el pueblo, sus playas y muchas de sus costumbres, cada temporada tiene algo diferente. Cambian las personas con las que trabajas, los turistas que llegan, las experiencias que vivís y también nuestra propia manera de mirar el lugar. Una de las cosas más interesantes de pasar varios meses viviendo en un destino turístico es que uno deja de verlo únicamente como turista. Después de un tiempo empiezas a conocer los horarios, las costumbres, los pequeños negocios, las personas que viven acá durante todo el año y hasta los rincones que muchas veces pasan desapercibidos para quienes llegan solamente de vacaciones. Por eso, aunque nuestra vida durante la temporada está bastante marcada por el trabajo, también sentimos que estamos viviendo una experiencia diferente: conocer un lugar no solamente como turistas, sino desde la vida cotidiana. Y así transcurre nuestro verano: entre horas (muchas) de trabajo, días de calor pesado, playas de aguas transparentes, caminatas por el pueblo y pequeños momentos que intentamos aprovechar al máximo antes de despedirnos para empezar a planificar la próxima temporada.
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