Andrés Flores, una vida entre masas, hornos y trabajo
Con más de una década de trayectoria, el panadero repasó sus comienzos, el crecimiento de su emprendimiento, el trabajo junto a su equipo y el vínculo que mantiene con la comunidad.
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En el marco del Día del Panadero, que en Argentina se conmemora cada 4 de agosto, la historia de quienes diariamente trabajan entre masas, hornos y largas jornadas también encuentra su lugar. En Gualeguay, una de esas historias es la de Andrés Sebastián Flores, de Panadería La Tentación, ubicada en Carmen Gadea 401, quien lleva alrededor de 13 o 14 años al frente de su propio emprendimiento.
Su recorrido en el oficio había comenzado mucho antes. Desde joven tuvo contacto con el rubro, primero realizando tareas de reparto en otra localidad y luego trabajando dentro de una panadería, donde fue aprendiendo progresivamente la elaboración de distintos productos.
Con el tiempo regresó a Gualeguay, continuó trabajando como empleado y finalmente decidió iniciar su propio camino.
“Arranqué de a poco”, recordó sobre aquellos primeros pasos.
De trabajar solo a formar un equipo
Los comienzos fueron muy diferentes a la actualidad. Flores inició prácticamente solo y con equipamiento limitado. La falta de maquinaria hacía que algunos productos, como el pan y las galletas, debieran comprarse a otros proveedores.
Con esfuerzo, el emprendimiento fue creciendo. Llegaron nuevas máquinas, un horno y la posibilidad de ampliar la producción propia.
Aquella actividad individual se transformó con los años en una panadería sostenida por un equipo de aproximadamente seis personas, entre ellas su hijo y trabajadores que se distribuyen entre la elaboración y la atención al público.
Flores continúa todos los días dentro de la panadería y destaca esa presencia como parte de su manera de llevar adelante el negocio.
“Laburo a la par de los empleados”, señaló.
Para el panadero, mantener un buen vínculo entre quienes comparten tantas horas de trabajo resulta fundamental. Más que limitarse a supervisar, busca participar directamente de las tareas y conocer las dificultades y los tiempos de cada elaboración.
Una producción adaptada a los clientes
Con los años, La Tentación también fue modificando su propuesta de acuerdo con las preferencias de sus clientes. Flores observó una creciente demanda de productos pequeños y orientó parte de la elaboración hacia medialunas, facturitas y tortitas negras.
Los clientes pueden seleccionar diferentes variedades y adquirirlas por kilo, una modalidad que se convirtió en característica del establecimiento.
La producción incluye además masas secas, hojaldres, alfajores, postres, tortas, pan y galletas.
Detrás de cada producto existe una rutina que comienza mucho antes de abrir las puertas. La panadería funciona de martes a domingo, de 8 a 13 y de 16:30 a 20:30, con descanso los lunes.
El oficio requiere constancia y también adaptarse a cada época del año. Durante el verano, las altas temperaturas hacen más exigente el trabajo y suele disminuir el movimiento, por lo que se incorporan alternativas más saladas. El invierno, en cambio, representa la temporada de mayor actividad.
“El invierno es lo fuerte nuestro”, resumió Flores.
Una panadería vinculada con la comunidad
La actividad de La Tentación también trasciende el mostrador. Flores ha colaborado en diferentes oportunidades con instituciones educativas de Gualeguay.
Una de esas experiencias fue la visita de alumnos del Nivel Inicial de la Escuela N.º 69 “Constancio Vigil”, quienes pudieron recorrer la panadería, observar el trabajo y conocer cómo se elaboran los productos que habitualmente llegan a sus hogares.
La jornada permitió acercar a los chicos a un oficio tradicional y reflejó, al mismo tiempo, el vínculo que este tipo de emprendimientos mantiene con el barrio y la comunidad.
Una historia construida desde abajo
La trayectoria de Andrés Sebastián Flores resume un recorrido de crecimiento sostenido: comenzó repartiendo, aprendió el oficio como empleado y luego decidió emprender por su cuenta.
Los primeros tiempos estuvieron marcados por la falta de equipamiento y la necesidad de recurrir a proveedores. Después llegaron las máquinas, el horno, una mayor producción y la conformación de un equipo.
Más de una década después, aquella apuesta continúa creciendo, aunque Flores mantiene una característica de sus comienzos: estar presente todos los días y trabajar junto a quienes forman parte de la panadería.
En el Día del Panadero, su historia representa también la de un oficio tradicional que se sostiene sobre el esfuerzo cotidiano. Porque detrás de cada pan, medialuna o factura que llega al mostrador hay horas de elaboración, experiencia y dedicación.
Entre masas, bandejas y hornos, Andrés Flores construyó su propio camino y una historia que, desde hace más de una década, también forma parte de la vida cotidiana de Gualeguay.
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