Bogdan, el Intendente
BOGDAN, DEL EJEMPLO DE LOGRAR CERRAR LA GRIETAPOLÍTICA A GANARSE EL GRITO DE "GRACIAS FEDERICO"
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Estas son horas difíciles, teñidas de una profunda tristeza pero también de orgullo por el legado recibido. Todo Gualeguay hoy reza sin importar el credo que se profesa.
Posiblemente, nunca en la historia de la ciudad un hombre movió cada fibra de sus habitantes. No importa si fue aliado o adversario porque Federico fue siempre el "hermano"... el "amigazo" que nos une hoy en el grito unánime de "gracias Federico".
Él fue mucho más que el presidente de la Intendencia de Gualeguay. Federico Bogdan fue el vecino solidario, el empresario de transporte que se consideró siempre un "laburante" a la par de los laburantes. Su gran virtud estuvo en ser una persona generosa con su ciudad y benefactor insaciable de cada una de las instituciones y las ONGs gualeyas, al tiempo de llevar una vida austera y sin lujo alguno. Y tal vez sin saberlo, era el guardián de la raíces y costumbres gualeyas que deseaba recuperar.
Casi sin experiencia, eligió la política como herramienta para devolverle la grandeza a la ciudad y recibió un contundente respaldo en las dos elecciones en las que se presentó. Tenía por costumbre caminar desde su casa hasta la Municipalidad en un recorrido con muchas paradas: le gustaba charlar con los vecinos que se cruzaba en el camino.
Desde que asumió su primer mandato, Federico dio cada día un ejemplo de gestión impecable, transparente y honrada. En el primer día como Intendente se puso a Gualeguay sobre sus espaldas y nunca se desprendió de esa "mochila" tan pesada de problemas.
Mostró tenacidad en el compromiso y la responsabilidad desde el mismo inicio mostrando cuál sería el sello de su gobierno. Esa vez no perdió el tiempo en discursos porque esas primeras horas como intendente eran vitales para ejecutar obras esenciales. Su prueba de fuego fue levantar en tiempo récord un terraplén que salvó a las barriadas de la invasión de un río que no perdona en sus crecidas.
Y no paró más. Su marca indeleble fue la de superarse a sí mismo en cada paso de la gestión. No importaba si los recursos no alcanzaban, porque para Federico eso era un sencillo problema que no le impedía concretar un proyecto.
Más de una vez viajó a Paraná y a Buenos Aires para pelear por su Gualeguay y su gente. Muchas veces lo hizo en silencio. Su humildad le impedía comunicar sus luchas y sus triunfos. Hombre insistente como pocos, lograba torcerle el brazo a más de un funcionario duro de billetera y de mano lenta para las firmas.
Ser bonachón hasta la médula no impedía que esa empatía sublime construyera también un profundo respeto. En pocas palabras, sin historia política se convirtió en ejemplo político a seguir. Si hubiera habido más Bogdan en la historia, seguramente
Gualeguay sería hoy una ciudad irreconocible por su pujanza y modernidad. Sumidos en la impotencia de no poder ver entrar a Federico a Gualeguay con su característica sonrisa a flor de labio, en una vuelta triunfante tras burlar a esta maldita enfermedad nos queda en no menor consuelo de saber que su legado y su ejemplo ya lo trascienden.
Su tenacidad, honestidad, generosidad, y la sensibilidad y amor por su pueblo no van a quedar en el olvido. Su gestión se ha convertido en una especie de "metro patrón" con el que cada político y dirigente se ve obligado a medirse si quiera tomar la posta por él dejada.
No hay dudas, Federico fue la bisagra entre un antes y un después en el ejecutivo gualeyo. Su historia y su gestión son una sombra estampada en el despacho de la Municipalidad que no podrá borrar ningún sucesor, salvo si supera al "maestro Federico".
Tal vez no corresponda, pero quien escribe estas palabras se tomará una licencia periodística para aportar en lo personal el sentimiento profundo que significa su partida.
Aunque nací en La Plata, corre sangre gualeya por mis venas. Conocí a Federico, poco tiempo después de asumir, lo justo y necesario para darme cuenta que tenía pasta de estadista. Siempre me atendió el teléfono y personalmente me dio una mano cuando necesité alguna información. Como profesional observé su gestión porque era distinta en todo aspecto.
Tuve críticas constructivas, algunas las aceptó y otras me las discutió, pero siempre admiré su vocación política porque era, en si misma, una vocación de servicio. Fue un amigo en el corazón sin serlo en lo personal, que despertó una gran admiración desde mi racionalidad.
Por eso, convencido que hace falta un Federico en cada pueblo y ciudad argentina, desde algo lejos desde el Gualeguay que considero mi lugar en este planeta, me uno a todos los gualeyos en esa fuerte frase que nace del alma y no se pierde en el viento:
"GRACIAS FEDERICO".
(*) Periodista y Asesor en Comunicación Institucional
