“Creemos que es fundamental elegir por amor la actividad que se va a realizar y dedicarle el tiempo que merece”
Conversamos con Nora Cosso y con Julio “Juana” Saldaña porque mañana, 21 de septiembre, se cumplen 40 años de la apertura del primer local con la venta de artesanías propias.
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Están cumpliendo 40 años desde que abrieron su local de ventas. ¿Siempre se llamó Adelaida?
Nora -Sí, siempre se llamó Adelaida. En realidad fue una decisión casual. Estábamos pensando qué nombre ponerle al negocio. En ese momento habíamos leído El Señor de los Anillos y uno de los posibles nombres era El Hobbit. Pero no terminábamos de decidirnos. Mientras armábamos lo que iba a ser Adelaida, teníamos una perra basset que no era nuestra, sino que la habíamos encontrado en la calle y resultó que era de Hernán Schweizer. Fuimos a devolvérsela y le preguntamos cómo se llamaba, su respuesta fue Adelaida. Pero la perra se volvía a escapar y regresaba con nosotros. Mientras arreglábamos el pequeño local que nos había alquilado Lito Argot, la perra estaba siempre en la puerta y todo el mundo paraba a preguntar cómo se llamaba ella, no el local. Nosotros respondíamos: “Se llama Adelaida”. Nadie preguntaba qué estábamos haciendo ahí. Entonces dijimos: “Si todos se detienen a preguntar por la perra, pongámosle Adelaida al local”. En ese momento había un programa de televisión donde aparecía un perro basset muy conocido, y esos animales llamaban mucho la atención por sus enormes orejas. Así que, por esa sencilla razón, Adelaida se llama Adelaida.
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-Éramos muy jovencitos. Habíamos regresado hacía poco los dos de Buenos Aires, porque no nos hallábamos ni con lo que estábamos estudiando ni con la vida porteña. Entonces, contra viento y marea, decidimos abrir este local. Julio ya trabajaba en cuero desde los 15 años con Omar Mc Intyre. Había aprendido el oficio y, como a mí siempre me gustaron mucho las manualidades, aprendí rápidamente. En esa época también hacíamos bijouterie. Todo era cosido a mano. El local era muy pequeño y teníamos pocas cosas, pero nuestra idea, como dice Julio, era tener un local y una galería de arte.
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Julio comenta: -En la inauguración expuso Pepe “Peperucho” Quintana, de quien éramos muy amigos. Todos nuestros amigos eran artistas. En la inauguración estuvieron Cary Picco, Daniel González Rebolledo, Claudia Tamaño, Iris Peña, que después expuso sus poesías. Había muchos amigos de la bohemia de nuestra adolescencia y juventud que siempre estuvieron a nuestro lado. Iba Derlis Maddoni, los Osman, Daniel Alsúa antes de que fuera guitarrista reconocido, era mucho más joven que nosotros, María Elena Pérez Petre, Liliana Susini..., todos nuestros referentes del Encuentro de la Juventud. Era un lugar de paso, y de reunión. Además, teníamos una pared de machimbre que dividía el local. El pequeño espacio que nos quedaba para trabajar se llamaba “la trastienda”. En esa pared todos escribían pensamientos. Todavía conservamos algunas de esas maderas en el altillo, con todas las frases que dejaron escritas. Estuvimos ahí 6 meses.
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Nora acota: Creo que ese local chiquito y con la visita de amigos definió también nuestra forma de atención: una atención muy personalizada y cálida. Conversábamos con la persona que iba al taller o al local, comprara o no comprara. Se abría espacio para otras charlas, para otros encuentros. Así se convirtió en un lugar que sigue siendo especial porque Silvana mantiene ese espíritu. Siempre le enseñamos que “Adelaida” debía ser un lugar donde la gente pudiera pasar aunque no comprara nada; que se le preguntara cómo estaba, que se recordara su nombre y que se hablara de las cosas que le interesaban. Creo que esa forma distintiva de atención al público fue también lo que nos permitió crecer.
Un cambio de local…
“Juana” nos comenta: -Nosotros abrimos luego en la calle Pellegrini, en un local frente al Banco Nación que nos alquiló al Dr. Galante. El desafío era poder alquilar un local sobre calle San Antonio. En ese tiempo ya habíamos aumentado la producción. Trabajábamos en el mismo local y todavía éramos solteros. Un día pasó Patricia Bonzón, que recién comenzaba con su programa “Utilísima” en Canal 2, que estaba muy de moda, y nos propuso hacer algo en vivo. Así empezamos a enseñar trabajos en cuero por televisión. Eso fue un gran impulso para que la gente nos conociera.
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¿Y cuándo se instalaron en calle San Antonio?
Juana: -En 1988 nos instalamos en calle San Antonio Norte 155, donde estaban los locales que habían pertenecido a Don Kablan, el papá de Julio, un conocedor extraordinario del comercio. Allí aprendimos muchísimo con él, daba gusto conversar y escuchar sus consejos. Siempre agradecemos haber tenido personas que nos guiaron en épocas tan difíciles. Porque en un país donde la economía fluctúa constantemente, sostener un comercio significa aprender a subir la cuesta de manera permanente. Nos tocaron varias crisis: las de la época de Menem, la del 2001 y otras más. En esos momentos, los consejos de gente sabia eran fundamentales. Don Fortunato Kablan decía: “Con plata cualquiera hace negocios”. También nos repetía: “Lo importante es saber comprar, no solamente saber vender”. Éramos muy jóvenes y fuimos aprendiendo de esas enseñanzas. Incluso en períodos de gran inflación, tanto Galante como Don Fortunato nos mantuvieron el alquiler sin aumentos durante un año. Por eso estamos muy agradecidos. En artesanía en cuero tuvimos grandes maestros como Omar Mc Intyre que me enseñó a trabajar el cuero de manera totalmente desinteresada. También Héctor Muñoz, que falleció hace poco, fue otro gran maestro. Siempre los recordamos porque fueron personas fundamentales en nuestra vida.
Nora comenta: Mantener un local durante tantos años, sostener una producción y seguir creciendo requiere esfuerzo permanente. Nosotros nunca dejamos de formarnos. Siempre intentamos que el taller no fuera solamente producción en serie, sino que quien viniera buscando algo especial pudiera encontrarlo. Le permitimos elegir el cuero, personalizar el producto. Eso siempre tuvo mucho valor para nosotros.
Y luego llegaron al local donde está ahora “Adelaida”
Nora: -Sí. Allí estuvimos hasta el año 2010. Entonces le cedimos Adelaida, mediante un acuerdo comercial, a Silvana Lencina, que es la actual propietaria de Adelaida en San Antonio. Nosotros seguimos haciendo productos, algunos para ellos. También continuamos con nuestra producción mayorista y con ventas desde el taller de la calle 25 de Mayo, en nuestra casa. Cuando volvimos a trabajar en casa sentimos la necesidad de regresar al origen, a lo que más nos gusta hacer: diseñar, crear, trabajar tranquilos. Nos gusta hacer carteras, cinturones, portatermos. Nos sumergimos en el taller. La atención al público requiere mucho tiempo. Si bien parece cerrado al público, siempre estamos a disposición de quien requiera un producto, sobre todo con diseños especiales. Es muy difícil que hagamos trabajos en serie. Tratamos de que todos tengan un toque de originalidad. Nuestro hijo Tomás siempre nos dice que deberíamos publicar más cosas en las redes sociales, pero la verdad es que no nos hace falta. Tenemos clientes de toda la vida, clientes de fuera de Gualeguay que siguen comprándonos por mayor. Con eso estamos bien, vivimos tranquilos. Julio tiene sus actividades ajenas a los trabajos del taller y yo también, pero esto nos permite seguir viviendo de nuestro trabajo.
Juana aporta: -Cuando nos preguntan a qué otras actividades nos dedicamos, la respuesta es amplia: Hicimos murales en mosaico, Nora hizo teatro durante muchísimos años, ahora es profesora de yoga. Yo me dedico cada vez más a transmitir conocimientos porque considero fundamental que los oficios no se pierdan. Así como me enseñaron Omar McIntyre y Muñoz, creo que debemos seguir transmitiendo lo aprendido. Las herramientas más maravillosas que tenemos están en nuestras manos.
Cuando eran muy jóvenes exponían sus trabajos en el Encuentro de la Juventud…
—Sí. Y volvemos al agradecimiento hacia quienes estuvieron allí. María Elena Pérez Petre y Liliana Susini me convocaron para coordinar el área de artesanías. Yo tenía apenas 17 años. Esa confianza que depositaban en uno implicaba una enorme responsabilidad. Y respondíamos. Coordinábamos actividades y todo salía muy bien. Con el tiempo seguimos siendo amigos y hoy, ya más grandes, nos reencontramos y vemos que aquel sueño sigue vivo.
¿En dónde enseñás actualmente?
Juana: Trabajo en la Coordinación de Adultos desde hace diez años. Tengo entre 30 y 35 alumnos por año, de los cuales egresan alrededor de 18 o 20. De lunes a jueves trabajo en el NIDO. Allí tengo 36 alumnos. Los viernes estoy en el Puerto, en la Reserva Santa Adelina, donde tengo otros 18 alumnos. La casa de Santa Adelina fue ofrecida para esas actividades porque existe la intención de convertirla en un centro cultural, y casualmente fue la casa de Raúl Gastaldi, el joven y excelente pintor. Allí ya funcionó otro centro laboral y ahora se presta para este tipo de propuestas comunitarias. La idea es que sea un lugar de encuentro.
Nora: Yo sigo trabajando en cuero, pero durante la pandemia me recibí de profesora de yoga. El teatro había sido mi gran pasión, pero después de la pandemia ya no fue igual volver a dar clases. Entonces retomé el yoga con mucha fuerza. Doy clases aquí, en mi casa, donde armé un estudio propio. También sigo haciendo murales, placas de cerámica y trabajos en mosaico. Además, en los últimos años empecé a estudiar fitoterapia y a elaborar algunos productos que comenzamos usando nosotros mismos: tinturas madre, aceites esenciales y ungüentos, todos elaborados con productos naturales, sin químicos. Me dediqué mucho a eso y sigo aprendiendo, porque siempre hay que continuar creciendo, innovando y buscando las cosas que a uno le gustan.
También se han dedicado a los murales que realizaron Brasil y Paraguay.
Nora -Esa puerta sigue abierta. Tenemos una gran relación con Brasil y posiblemente dentro de poco volvamos a trabajar allí en mosaiquismo. Nos fueron buscando y así fuimos creciendo en el mosaico.
Nora y Juana: -Queremos agradecer todos estos años a las personas y amigos que siempre acompañaron a Adelaida, tanto al local de San Antonio como al taller de 25 de Mayo. Agradecemos también la vigencia que el público nos sigue dando. Y creemos que es fundamental dedicarle a cada actividad el tiempo que merece. Primero hay que elegir por amor. Todo lo que uno elige por amor tiene más posibilidades de salir bien.
“Si elegís tu profesión por amor, la vas a ejercer con gusto y, además, te dará el sustento que necesitás para vivir. Por eso, hagamos aquello que sentimos y aquello que realmente nos gusta”, concluye Juana.