Denuncian nuevos destrozos en un consultorio médico durante los festejos de Carnaval
Por tercer año consecutivo, el consultorio del Dr. Mauricio J. Besimsky sufrió daños en el marco de los festejos. Piden mayor presencia policial y llaman a reflexionar sobre los límites en una celebración tradicional de la ciudad.
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l consultorio del Dr. Mauricio J. Besimsky, ubicado en pleno centro de Gualeguay, volvió a ser blanco de destrozos durante el fin de semana de Carnaval. Según denunciaron allegados al profesional, rompieron vidrios y arrojaron barro contra las paredes y aberturas del frente del inmueble.
De acuerdo a lo informado, se trata del tercer año consecutivo en que el lugar sufre daños en el marco de los festejos. En esta oportunidad, además de los vidrios dañados, se observaron manchas de barro en la fachada, restos en la vereda y marcas en puertas y persianas. El consultorio está ubicado sobre calle San Antonio, en una zona céntrica donde tradicionalmente se concentran jóvenes y familias durante las celebraciones. Las imágenes muestran el frente del edificio con las aberturas afectadas y suciedad acumulada tras los festejos.
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Quienes realizaron el reclamo señalaron que se había dado aviso previo a la Policía para que se reforzara la presencia en el sector durante las noches de Carnaval, aunque —según manifestaron— no hubo custodia preventiva en el lugar.
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Un límite necesario
El Carnaval en Gualeguay es una de las celebraciones más esperadas del año. A diferencia de lo que ocurre en muchas grandes ciudades, donde este tipo de festejos espontáneos han desaparecido o fueron restringidos, aquí todavía se mantiene viva la tradición de reunirse en el espacio público para compartir música, agua, espuma y encuentro.
Sin embargo, episodios como este abren un debate inevitable: ¿cómo sostener la alegría sin que derive en daños a vecinos y comerciantes? El derecho a festejar no puede implicar el perjuicio a terceros. Cuando los excesos se repiten y no encuentran freno, se erosiona la convivencia y se pone en riesgo la continuidad de una celebración que forma parte de la identidad local.
Si no se establecen límites claros —y si no hay controles adecuados— el riesgo es que, con el tiempo, las restricciones terminen siendo más severas y se pierda un festejo popular que hoy todavía distingue a la ciudad. Mientras tanto, el episodio deja una pregunta abierta para toda la comunidad: cómo cuidar entre todos aquello que queremos conservar.