ONG “Pata Pila”
Diego Bustamante: “No sólo hay que cubrir la necesidad inmediata, sino también capacitarlos”
Segunda Sección conversó con Diego Bustamante, director de “Pata Pila”, asociación que atiendo a niños y familia con necesidades básicas, no sólo desde lo material, sino que brinda capacitación para hacerlos constructores de su vida, de su familia, de su comunidad. Actualmente vive en Gualeguay junto a seis niños de los que es tutor legal.
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"Vivía en Buenos Aires, pero venía Gualeguay desde que soy muy chico, casi me crié acá ya que pasaba las vacaciones en la chacra de mi familia en Paso de Alonso, por lo que esta ciudad es para mí es un lugar de felicidad, comienza diciendo Diego, para continuar: "Comencé a estudiar agronomía, pero otras cosas me llamaron y me dediqué al teatro. Más adelante me fui a vivir dos años a México donde trabajaba como actor. Mientras eso ocurría empecé a cuestionar algunas cosas sobre mi vida, la vida del otro, de la sociedad. En eso colaboró lo que había hecho antes, cuando misionaba con la iglesia. Había conocido a los frailes franciscanos en el 2001, pero en el 2008 empecé a frecuentarlos más. Gracias al mensaje de Jesús a través de la vida de San Francisco de Asís me fui planteando qué quería hacer con mi tiempo, con lo que la sociedad y mi familia me habían regalado. De esta forma conocí a gente que vivía muy mal, sin acceso a servicios básicos. Ahí largué un poco lo de la actuación, cuando me recibí de técnico agropecuario, me vine a vivir a Gualeguay en el 2012 y 2013, pero ya con esa inquietud de lo social y de lo humano.Trabajaba en el campo, pero todas las tardes me iba a visitar a las familias, les daba apoyo escolar, catequesis, sobre todo a las de Paso de Alonso. A esa altura ya tenía 27 años, mis objetivos personales pasaban por ser mejor persona y ayudar a quien lo necesitara. Como nunca había tenido una experiencia de salir solo con ese fin, vi una búsqueda de Santiago del Estero, de una organización que se llama "Haciendo camino", que trabaja en Añatuya y en otras ciudades de esa provincia, por lo que fui a conocer un poco esa realidad. En 2014 me instalé en Monte Quemado y desde allí hacía visitas una vez por mes al norte de Salta a lugares que había conocido por los franciscanos. Estando en Santiago me pasaron circunstancias muy decidoras que me demostraron que no estaba dispuesto a pasar indiferente ante el dolor de los demás, y no como una frase, sino como una construcción de un proyecto de vida."Acerca del nacimiento de Pata Pila nos dice: "Como tenía muchos amigos y mi familia, se me generó la posibilidad de armar un proyecto franciscano en Salta, dejé un trabajo en Santiago y me instalé en Yacuy, una comunidad guaraní, al norte de la provincia, frontera con Bolivia y ahí, de a poquito empecé a armar "Pata Pila", que quiere decir "pies descalzos", un modismo norteño. Para nosotros el andar descalzo es una señal de respeto hacia el otro, el sentir la tierra y su realidad muchas veces cruda, ponerse a la escucha de la necesidad del otro y ofrecer la ayuda, que es invitar a hacer un proceso".Con respecto a su concepto de ayuda, Diego Bustamante comenta: "Siempre digo que hay dos realidades: el parche y el proceso. El primero es cubrir la necesidad de un niño que necesita comer ya, tomar agua ya, una mamá que no tiene para hacerse atender en su embarazo. Nosotros no queremos quedarnos en el asistencialismo, sino guiar a las familias para que descubran el modo para construir la vida de todos los días y salir adelante".Sobre la estructura de "Pata Pila, D. Bustamante explica: "Fuimos generando espacios de capacitación con profesionales y nos estructuramos en centros, tres en el norte de Salta en 600 km a la redonda donde acompañamos a las familias con un equipo interdisciplinario: pediatras, nutricionistas, psicopedagogas, psicólogos, trabajadores sociales. Lo primero que se busca es que el niño desnutrido deje de estarlo, haciendo foco en la mamá enseñándole a hacer comidas nutritivas o qué actitud tomar ante un problema respiratorio o intestinal, cosas básicas. Nosotros creemos mucho en la persona con la persona, en el vínculo, en la necesidad de enseñarles a usar esa ayuda material que llega a ellos. Por eso estamos con ellos, los acompañamos, escuchamos, hacemos que la madre se sienta querida, y comprendan que ellos son los motores del cambio de su familia, que ellos tienen que construir una comunidad mejor".Sobre la base de su decisión de vida, manifiesta: "Los franciscanos me prestaron una casita, mi familia y mis amigos me ayudaron, junté un poco de gente de la zona y sobre todo de Buenos Aires que me ayudaba económicamente y mandaban donaciones, padrinos que aportaban todos los meses por medio de una tarjeta. Paralelo a eso comencé a armar la personería jurídica, el estatuto de la asociación, buscar socios. Esto creció mucho, andaba todo el día recorriendo las comunidades, armando equipos de trabajo, tres dedicados a las familias, otro de coordinación en Salta y uno en San Rafael, Mendoza que atiende un asentamiento franciscano. Además tenemos una oficina en Buenos Aires. Todo eso hizo que mi trabajo en "Pata Pila" fuese coordinar, golpear puertas, dar charlas en colegios, ir a ver un caso grave, visitar una comunidad".Sobre los hermanos Jerez, comenta: "En ese andar había conocido a los hermanos Jerez, de Monte Quemado, a los que tengo la posibilidad de cuidar hoy. La justicia intervino por la falta de atención familiar y los llevaron a un hogar de niños en Añatuya. Me quedé muy vinculado con ellos pese a que mi actividad me llevaba de un lado para otro; los traía de vacaciones a Aldea Asunción, a Buenos Aires, a Mar del Plata. A esa altura tenía 32 años y me planteaba qué iba a hacer con esos 7 hermanos; no iba a poder ni económica, ni afectivamente. Es así que los invité a vivir conmigo en Salta un mes, lo que el juez me permitió; fue una experiencia. Después les ofrecí vivir en Gualeguay, dejé que lo pensaran. Ya hay varios que son grandes, de 17, 15, 14, y de ahí para abajo. Cuando lo decidieron, nos presentamos juntos en la justicia, y el juez, antes de ponerlos en adopción, consideró que la figura más lógica era la de tutor legal. Con la ayuda de la asociación, mi familia, los padrinos y mi sueldo nos instalamos en Gualeguay, cerca de mi núcleo familiar que está en Buenos Aires, de esta manera busqué que estuvieran integrados a él, a la vez la libertad que da una ciudad chica, con las actividades lógicas que debe tener un niño y un adolescente"."Hoy, después de 4 meses de estar viviendo acá, confirmo que fue una decisión acertada; estoy muy agradecido de esta comunidad, de cómo la gente se fue acercando al enterarse, de cómo recibió a los chicos, van a las escuelas Chiclana y Beracochea, todos juegan al fútbol en S. Sportiva. Son 6 hermanos, porque Juanita decidió quedarse en el hogar porque en Santiago viven sus otras hermanas más grandes y sobrinas. Alquilamos una casa bastante céntrica, se manejan en bicicleta, ayudan en las tareas del hogar, atienden su ropa; están felices".Le preguntamos a Diego cómo se le puede hacer llegar la colaboración: "Toda la ayuda la solicitamos y nos ofrecen por la página web que es www.patapila.org y la opción de donar es a través del débito automático de la tarjeta, o escribir a [email protected] para que les envíen el link para apadrinar. Para acercar una donación concreta para los chicos que están acá, o en Salta o San Rafael, pueden enviar un mail a contacto@patapila aclarando para dónde es. En este momento necesitamos en forma urgente padrinos para 594 chicos con desnutrición en los lugares más pobre de Salta y de San Rafael.Para finalizar, expresa: "Quiero agradecer al grupo de maestras jubiladas que vienen todas las tardes a ayudar a los chicos a estudiar; realmente son mis ángeles, como a toda la comunidad que les ha abierto las puertas y a muchos que están atentos a sus necesidades".
