El carro del verdulero y otros recuerdos
Muy temprano, antes del amanecer ya estaba la familia reunida con el mate cocido preparado; todos sentados alrededor de la mesa, abrigados por el calor de la cocina a leña.
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Mientras desayunaban conversaban acerca de lo que tenían que hacer. Uno regar la quinta; otro, la huerta; la madre, el jardín y amasar el pan; el padre alimentar a los animales.Terminada esta tarea, a recolectar verduras, frutas, flores, leche, huevos y a preparar el carro para llegarse hasta el pueblo, recorrerlo casa por casa vendiendo el fruto de la tierra y del trabajo del hombre.Me vienen a la memoria, don Machiavello con su carro tirado por su caballo blanco grisáceo, golpeando con el cabo del rebenque como si fuera un timbre avisando que estaba a la puerta, ofreciendo los productos cosechados y a punto para el consumo. ¡Esos sí que eran orgánicos! Al mirar el interior, estaba todo tan bien acomodado que daba gusto ver la prolijidad y esmero conque cada cajón lucía. También en ese, mi barrio de la Asistencia, callecitas de piedra desde Marinero Galeano, nombre de aquella época, hacia el oeste, salían, delantal a la cintura, las señoras desde todas las casas a realizar sus compras en esta feria de dos ruedas. Recuerdo verlas arrimarse a Eloísa Nigro, doña María Larrivey, Angelita Lopeteguy, Teresa Massoni, doña Hilda Magrotti, Licha Rosenfeld, doña Ramona Abraham de Serur, Norma Lopeteguy, don Salem, el señor Globa, que tenía sastrería en el garaje de los Nigro, su hija, casada con Cabrera, papás de Norma, mi compañera de escuela, doña Rosa Monti, Antonia Demarchi, Negra Bordato; estas dos queridas y siempre bien recordadas vecinas, graciosamente competían cual lavaba la vereda mejor y más rápido, de las cuales me encargaba, cuando iban adentro a cargar agua en los baldes, de esconderles las escobas, teniendo con estos detalles motivos suficientes para divertirme sanamente por un rato. Los hermanos Gabriel, también tenían un carro que era un vergel de regalos de la madre naturaleza. Hago mención a estas dos pymes familiares y caseras pues eran las que pasaban por nuestro barrio. Pero también este esfuerzo productivo llevan inscriptos los nombres de don Beherán, don Cogorno, los Ferrando, los Piaggio, los Drago, los Viviani y cuantos otros que han dejado grabado en las tierras de nuestras chacras la impronta de su dedicación para la crianza de la familia y el porvenir.Volvían a sus casas con el dinero ganado con el sudor de sus frentes, que les servía para vivir con dignidad y también darse los gustos.Desatado el caballo, lo bañaban, lo acariciaban y luego... ¡a liberarlo! Limpiaban los carros para dejarlos en condiciones para el otro día.¡Loable actitud del ser humano, ejemplos de vida para imitar!Y así todos los días del año, con lluvia o viento, con calor o resolana, no importaban las inclemencias del tiempo y jornada tras jornada las hojas del almanaque iban alfombrando los años cuales hojas en el otoño.Por mi mente loca pasaban pensamientos ansiosos para acompañar esta lucha por el vivir. Historias vivas guardadas en los cofres más profundos, custodiados por las emociones y sentimientos, desde las auroras hasta los crepúsculos.¡Cómo no recordar el Mercado Modelo! Lugar de encuentro de todos los que empleaban sus manos acariciando la tierra para que dé frutos. ¡Familias trabajadoras, origen de lo que hoy se llaman Pymes!Padre, madre, hijos, todos juntos, entrelazando sangre para la subsistencia.Una vez por semana, mi padre, como trabajo, hacía que yo recorriera la zona de chacras y preguntara en cada familia de la zona si necesitaban algo del pueblo. Entran en los recuerdos los encargos de las familias amigas de compras, también pedidos para dejar en la famosa Casa Bisso. Para los que ni noción tienen de su existencia, estaba ubicada en Ayacucho y Segundo Gianello, donde en un tiempo estuvo el supermercado Supersol y actualmente la delegación local de la ANSES.Sengo
