El Fortín: genética, trabajo y orgullo detrás de una cabaña Limangus de Urdinarrain
Detrás de cada toro que llega a una exposición existe un trabajo que comienza mucho antes de la llegada al predio ferial. Alimentación, manejo, selección genética, cuidado diario y muchas horas de dedicación forman parte de una actividad que, para quienes la realizan, combina trabajo y pasión por el campo.
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En la Cabaña El Fortín, ubicada en Urdinarrain, esa tarea está orientada principalmente a la producción de reproductores de la raza Limangus. La cabaña pertenece a la familia Schimpf y cuenta con un equipo de trabajo reducido, que lleva adelante las distintas tareas junto a sus propietarios.
Uno de los integrantes de ese equipo es Renzo Burgos, trabajador oriundo de Gualeguay, quien durante una entrevista con El Debate Pregón relató su experiencia y el vínculo que fue construyendo con la actividad ganadera.
Una nueva etapa lejos de Gualeguay
Para Renzo, llegar a Urdinarrain significó también comenzar una nueva etapa laboral. Según relató, primero había llegado a la zona de San Antonio y posteriormente se trasladó a Urdinarrain, donde surgió la posibilidad de incorporarse a la Cabaña El Fortín.
La experiencia comenzó como una oportunidad de trabajo y terminó convirtiéndose en una actividad que lo llevó a recorrer distintas exposiciones y acompañar a los animales de la cabaña en diferentes escenarios.
“Va a ser el segundo año que venimos. El año pasado vinimos con expectativa para ver cómo iba a andar esto y dejó buenas expectativas. Este año volvimos de nuevo”, contó.
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El trabajo implica también alejarse por períodos de la familia y adaptarse a una dinámica marcada por el calendario de exposiciones, remates y las necesidades propias de la producción.
Durante la temporada, las jornadas pueden multiplicarse cuando distintas exposiciones coinciden en fechas. En esos casos, el equipo debe dividirse para poder representar a la cabaña en diferentes lugares.
El Limangus y una producción enfocada en genética
La actividad de El Fortín está concentrada en la producción de toros reproductores, vientres y semen, con una orientación específica hacia la genética.
Burgos explicó que la cabaña no trabaja principalmente con novillos destinados a la carnicería. El objetivo es producir animales reproductores que posteriormente serán adquiridos por productores para mejorar sus rodeos.
“Produce toros todo el año, toros, vientres, semen todo el año en la cabaña El Fortín”, explicó.
La raza Limangus ocupa un lugar central dentro de ese esquema. Según señaló el trabajador, se trata de una raza que en los últimos años ha ganado presencia y demanda entre los productores y frigoríficos.
En su descripción, destacó especialmente el rendimiento carnicero de los animales y la capacidad de los reproductores para transmitir características productivas a las futuras generaciones.
“Esta raza es todo carnicero”, afirmó Burgos, al referirse a las características que, desde su perspectiva, explican el creciente interés por estos animales.
Producir reproductores para generar kilos
El modelo de la cabaña tiene una particularidad: los animales no son criados para terminar directamente en una carnicería.
Los toros que se comercializan son destinados a establecimientos ganaderos donde serán utilizados como reproductores. Allí comenzarán otra etapa de su recorrido productivo, aportando genética a los rodeos.
“Tenemos algunos particulares allá, pero tenemos la suerte de que la gente va y compra”, señaló Burgos.
Ante la consulta sobre si esos animales eran adquiridos para consumo, fue claro: “No, va para reproductor”.
La finalidad, explicó, es que esos toros sean incorporados a rodeos comerciales y contribuyan posteriormente a generar animales destinados a la producción de carne.
De esta manera, el trabajo de la cabaña se encuentra en uno de los primeros eslabones de una cadena mucho más amplia: la selección y producción de genética que luego continúa en otros establecimientos ganaderos.
El cuidado diario de los animales
La preparación de un reproductor para una exposición requiere cuidado y atención, pero desde El Fortín buscan evitar que el animal reciba una alimentación excesiva que pueda modificar su condición una vez que abandona la cabaña.
Burgos explicó que los animales permanecen sueltos en el campo, sobre pasturas, complementando su alimentación con una cantidad controlada de ración.
“No es mucha la ración”, explicó, y agregó que el objetivo es evitar que los ejemplares lleguen a una exposición con una condición que luego resulte difícil de sostener cuando el comprador los lleve a su establecimiento.
La idea es presentar animales en buenas condiciones, pero de una manera que resulte compatible con su posterior adaptación al campo.
A ese manejo se suma una característica que facilita el trabajo cotidiano: el temperamento de los animales.
Según relató Burgos, son animales tranquilos, una condición que ayuda tanto en el manejo diario como en el traslado y la preparación para las exposiciones.
Un equipo pequeño, pero unido
El establecimiento cuenta con un equipo reducido. Son dos los empleados que trabajan principalmente en el campo, acompañados por los propietarios, Matías y Humberto.
Lejos de existir una división estricta de tareas, Burgos destacó el trabajo conjunto.
“Empleados somos dos, pero los patrones siempre son unos empleados más. Nos ayudamos todos entre todos”, expresó.
Ese concepto aparece como uno de los aspectos que el trabajador valora especialmente. Las tareas del campo requieren colaboración y, particularmente durante las épocas de exposiciones, el esfuerzo se multiplica.
La cantidad de animales que deben trasladarse, preparar y presentar obliga a organizarse y distribuir el personal.
En una de las jornadas mencionadas durante la entrevista, parte del equipo y de los animales se encontraba participando de una exposición en La Paz, mientras otro grupo había sido trasladado al lugar donde se desarrollaba el evento.
La emoción detrás de cada exposición
Las exposiciones ganaderas representan una vidriera para las cabañas. Allí se encuentran productores, compradores y criadores, pero también se pone en juego el resultado de meses y años de trabajo.
En ese contexto, la obtención de premios y campeonatos adquiere un significado especial.
Durante la entrevista, Burgos mostró con orgullo a los ejemplares que habían sido llevados a la exposición y señaló al animal que había obtenido el campeonato.
Para quienes trabajan diariamente con ellos, ese reconocimiento no es solamente un premio para un toro. También representa el esfuerzo de quienes estuvieron detrás de su crianza, alimentación, preparación y traslado.
Burgos vinculó esos logros con las decisiones que la familia tomó desde el comienzo y con la inversión realizada para desarrollar la genética de la cabaña.
“Matías invirtió bien desde un principio y hoy en día le da el fruto”, sostuvo.
Una actividad que tiene movimiento durante todo el año
La comercialización de la producción no se concentra exclusivamente en una fecha.
El Fortín trabaja durante buena parte del año con la venta de semen, vientres y reproductores. Los toros pueden comercializarse a través de remates vinculados a exposiciones o directamente a compradores particulares.
“Casi todo el año está vendiendo”, explicó Burgos.
Esa continuidad permite que la actividad de la cabaña se mantenga vinculada permanentemente con otros productores que buscan incorporar genética a sus rodeos.
Los remates, en ese sentido, constituyen uno de los momentos centrales del calendario. Los ejemplares preparados durante meses llegan finalmente a la pista, donde serán observados y evaluados por potenciales compradores.
El orgullo de representar a una cabaña
Para Renzo Burgos, ser parte de este proceso también tiene un componente de orgullo personal.
Oriundo de Gualeguay, encontró en Urdinarrain una oportunidad laboral que le permitió incorporarse a una actividad vinculada directamente con el campo y, a la vez, asumir responsabilidades en la representación de una cabaña que participa en distintos puntos de la provincia.
El hecho de recorrer exposiciones durante varias semanas implica esfuerzo, viajes y jornadas extensas, pero también la satisfacción de ver los resultados del trabajo cotidiano.
Al finalizar la entrevista, Burgos tuvo un reconocimiento especial para su familia y para quienes le brindaron la posibilidad de formar parte del equipo.
Consultado sobre a quién dedicaba los logros obtenidos, mencionó a “toda la familia” y a la cabaña que confió en él y en su trabajo.
Una historia que continúa en el campo
La historia de El Fortín muestra una de las tantas realidades que conforman la producción ganadera entrerriana: establecimientos que trabajan en silencio durante todo el año para luego mostrar sus animales en exposiciones y remates.
En ese recorrido, la genética, la inversión y el manejo de los animales se combinan con algo menos visible, pero fundamental: el trabajo de las personas.
Renzo Burgos forma parte de ese engranaje. Un trabajador de Gualeguay que encontró en Urdinarrain un nuevo camino y que hoy acompaña a una cabaña dedicada a una raza que busca consolidarse en el mapa ganadero.
Entre campos, exposiciones y remates, detrás de cada ejemplar premiado aparecen muchas horas de dedicación. Y también el orgullo sencillo de quienes saben que, antes de llegar a una pista, cada animal fue cuidado día tras día, con paciencia y compromiso.
Porque en la ganadería, muchas veces, el reconocimiento de un día es el resultado de un trabajo que comenzó mucho tiempo antes.