El hilo primordial de una democracia
El Monje Menapace para hablar de nuestra vinculación con el cielo escribió alguna vez: “Una araña se descuelga por ese primer hilo resistente, que baja desde la rama de un árbol, y a partir de él comienza a tejer el resto del entramado de la tela.
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De ese hilo primero agarra otros hilos cuyas puntas son fijadas en ramas y troncos que estiran hacia abajo; el hilo primordial es el único que estira hacia arriba, y, de esa manera, se mantiene tensa toda la estructura de la tela. Por aquel hilo la araña subía todas las tardes al acabar su trabajo, y bajaba cada mañana para volver a empezar. Pero, al cabo del tiempo, como tenía éxito atrapando a sus víctimas (y se daba sus buenos banquetes), la araña dejó de subir cada tarde al tronco a través del hilo primero.Estaba entusiasmada por su éxito en las cacerías y preocupada por extender más hilos y prefería quedarse entre la tela sin tener que subir y bajar cada día. Tanto es así que llegó a creer que ese hilo primordial no tenía ningún sentido, porque no servía para atrapar presas (no era "productivo"). Y ella -araña práctica, científica y técnica- no estaba para tonterías: o ese hilo servía para algo... o había que eliminarlo. Y eso fue lo que hizo: con las pinzas de sus mandíbulas lo cortó de un solo golpe. Y pasó lo que tenía que pasar. Al perder su punto de tensión hacia arriba, la tela de desplomó contra el suelo, y en la caída arrastró a la araña que recibió un fuerte golpe, tan fuerte que perdió el conocimiento. Cuando recuperó la conciencia, el sol ya decaía, y la tela, pringosa al resecarse sobre el cuerpo magullado de la araña, la fue estrangulando lentamente, y la osamenta de las presas le iba aprisionando el pecho, en un abrazo que, al no tener ya capacidad de reacción, llegó a ser mortal. Y no comprendía que ese inesperado y triste final fue consecuencia de haber cortado aquel hilo primordial".Preguntémonos ahora qué es lo que da trascendencia a una democracia, qué es lo que la sostiene y que no hay que cortar para que un pueblo no se vea derribado como la araña del cuento. El hilo primordial que hace grande una democracia es la búsqueda del bien común, es decir "del conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permiten a los grupos y a cada uno de sus miembros conseguir más plena y fácilmente su propia perfección". Esta tarea es compromiso de todos en una comunidad nacional y sobre todo de sus autoridades. Supone, en primer lugar, el respeto a la persona en cuanto tal. En nombre del bien común, las autoridades están obligadas a respetar los derechos fundamentales e inalienables de la persona humana. La sociedad debe permitir a cada uno de sus miembros realizar su vocación. En particular, el bien común reside en las condiciones de ejercicio de las libertades naturales que son indispensables para el desarrollo de la vocación humana: "derecho a actuar de acuerdo con la recta norma de su conciencia, a la protección de la vida privada y a la justa libertad, también en materia religiosa". En segundo lugar, el bien común exige el bienestar social y el desarrollo del grupo mismo. El desarrollo es el resumen de todos los deberes sociales. Ciertamente corresponde a la autoridad decidir, en nombre del bien común, entre los diversos intereses particulares; pero debe facilitar a cada uno lo que necesita para llevar una vida verdaderamente humana: alimento, vestido, salud, trabajo, educación y cultura, información adecuada, derecho de fundar una familia, etc. El bien común implica, finalmente, la paz, es decir, la estabilidad y la seguridad de un orden justo. Supone, por tanto, que la autoridad asegura, por medios honestos, la seguridad de la sociedad y la de sus miembros. El bien común fundamenta el derecho a la legítima defensa individual y colectiva. El ejercicio de la democracia no es sólo ir algunos domingos a votar: es tener bien elevados los hilos primordiales que sostienen a una patria. Si cortamos la comunidad está amenazada por la ruina...como la araña del cuento. Cada día tendremos que elevarnos por el hilo primordial para no olvidar de dónde venimos.Pbro. Jorge H. Leiva
