El riesgo de crecer sin planificar: loteos, servicios y salud ambiental
La expansión urbana sin planificación se ha vuelto una verdadera postal de Gualeguay. No podemos permitirnos naturalizar sus consecuencias. Cuando hablamos de loteos —grandes extensiones de tierra fraccionadas y vendidas como pequeños lotes individuales— es urgente poner la mirada en los servicios básicos, especialmente en el acceso al agua y al saneamiento. No se trata sólo de infraestructura: está en juego la salud pública, el ambiente y el derecho a un hábitat digno.
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En nuestra ciudad, se siguen aprobando proyectos de loteos en zonas donde hoy no hay servicios esenciales y lo más grave es que ni siquiera existe una proyección concreta sobre hacia dónde ni cuándo se planea extender esas redes de agua, cloacas, gas o electricidad y mucho menos cordón cuneta, asfalto y/o veredas.
Uno de los aspectos más críticos de esta situación es la multiplicación de pozos negros para tratamiento de aguas residuales de cada nueva residencia. En zonas con napas freáticas altas, esta práctica pone en grave riesgo la calidad del agua subterránea, introduciendo bacterias, virus y nitratos que comprometen la calidad de los pozos de agua de los propios vecinos. Además, genera malos olores, atrae plagas como roedores y debilita la estructura del suelo.
Existen tecnologías más seguras y sostenibles —como biodigestores o plantas de tratamiento comunitarias—, pero su implementación requiere decisión política, inversión pública y responsabilidad técnica por parte de quienes desarrollan los loteos. No se puede pensar el acceso a la tierra por fuera del acceso a servicios básicos en condiciones dignas. Mucho menos se puede ignorar el impacto que estas dinámicas urbanas tienen sobre la salud de los propios vecinos.
A esto se suma otro riesgo: la perforación indiscriminada de pozos para extraer agua. La sobreexplotación de los acuíferos compromete la disponibilidad y calidad del recurso y puede alterar los ecosistemas. Una perforación por loteo —gestionada colectivamente y con controles técnicos adecuados— podría ser una solución válida. Lo que no puede seguir ocurriendo es la multiplicación sin control de pozos individuales por cada parcela sin considerar su cercanía y relación con los pozos negros existentes en el entorno.
No es la urbanización en sí el problema, sino su falta de planificación. Y, sobre todo, la aceptación pasiva de que las cosas “siempre fueron así”. Desde el IPED sostenemos que es posible —y urgente— cambiar esta lógica. Porque detrás de cada problema que se repite, muchas veces hay una solución conocida que simplemente no se aplica.
No naturalicemos los problemas que tienen solución.