Emilse Bóver: Destino: el santuario de Machu Picchu
Nuevamente un grupo de amigos realizaron un viaje con mucho de aventura. Parte de este grupo cabalgó en el 2024 por las Cordillera de los Andes siguiendo los pasos de San Martín. A fines del año pasado otro fue el destino de este grupo que fue más numeroso ya que siete subieron, en su mayor parte a pie, hasta el Santuario de Machu Picchu. Sobre este viaje- aventura nos comenta Emilse Bóver.
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“Es muy probable que todos hayamos visto alguna vez la famosa postal de Machu Picchu. Es una imagen icónica, como las pirámides de Egipto o el Cristo de Río de Janeiro. Para mí, visitar este lugar era una tarea pendiente. En una reunión de amigos comenté que quería llegar hasta Machu Picchu haciendo un recorrido que se llama “Camino del Inca”. Este recorrido se cree que era una ruta sagrada de los incas y hacerlo implica buen estado físico y ganas de dormir en carpa durante varios días. Mi comentario no generó mucho entusiasmo entre los presentes. Mientras yo traía la imagen de la postal a mi mente, los otros quizás estaban imaginando una reposera en la playa y una cama confortable para la noche. No mucho tiempo después uno de mis amigos, el “Tape” Renoldi, me llamó y me dijo: -“Emi, yo voy con vos”. Gracias a él empecé a organizar el viaje porque había desestimado hacerlo sola. Buscamos fechas y costos para tener una idea general: Para ir a Perú la época recomendada es desde abril a octubre en la que se denomina estación seca. El resto del tiempo llueve sin parar. El costo del pasaje de avión es de unos 800 dólares (quizás un poco costoso por la distancia, son unas 5 horas de vuelo) y la excursión del Camino del Inca cuesta otros 800 dólares más. Aníbal Ramos se sumó al grupo y ya éramos tres. A través de un conocido nos llegó un dato crucial: había un recorrido alternativo llamado “Camino Salkantay”. Es un trayecto de cuatro días de caminata partiendo de Cusco, sin guías y con opción de dormir en refugios u hostales en los pueblitos a los que se va llegando.
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Un mes después ya éramos siete los viajeros: Rosana Ramos, Rosa Ramos, Pilar Fiorotto y Fabricio Dus ya tenían también sus pasajes de avión.
El gran desafío del viaje era el rendimiento físico: el recorrido implicaba largas sesiones de caminata a mucha altura (llegamos hasta 4.500 msnm). Era fundamental pasar unos días antes en la ciudad de Cusco para aclimatarse y adaptarse a la falta de oxígeno.
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Para organizar el viaje solo necesité acceso a internet y tiempo. Me gusta leer historias de viajeros y tomar notas de sus experiencias. Prefiero recopilar la información básica y mirar pocas fotos para dejar que los paisajes y actividades me sorprendan. Los alojamientos en Cusco y Machu Picchu Pueblo (Aguas Calientes) los reservamos en los sitios de Arbnb y Booking.
Viajamos a Cusco desde Buenos Aires vía Lima porque no hay vuelos directos. Esta pequeña ciudad colonial a 3.400 msnm con sus millones de escalones merece un relato aparte. Vimos desfiles en la Plaza de Armas, hicimos un ritual inca, aprendimos sobre los tipos de lanas de alpaca, disfrutamos de la gastronomía peruana (para mí una de las mejores del mundo) y hasta tomamos clase de salsa. Y subimos y bajamos escalones que te dejaban sin aire y te obligaban a hacer paradas de descanso cada, al menos. de cinco minutos.
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El tercer día nos levantamos muy temprano a la mañana y fuimos en una combi que contratamos en la calle (es así, preguntás si te llevan y regateás el precio) hasta un pueblo que se llama Soraypampa. El tránsito peruano es bastante caótico y los conductores manejan a gran velocidad en las ciudades; pronto descubrimos que en los caminos de cornisa de montaña no desaceleran ni un poco. Llegamos al “Refugio de Nacho”, dejamos las mochilas y fuimos hasta la laguna Humantay. En teoría esta visita es algo fácil que todos hagan el primer día para ir acostumbrándose a la altura (4.200 msnm). Fue terrible. En menos de media hora ya habíamos perdido cuatro integrantes del grupo y no sabíamos por dónde ir. Era tarde y la mayoría de los visitantes ya venían de regreso. Me preocupó mucho haber desestimado el desafío del viaje y mi condición física. Los europeos de más de setenta años que me daban ánimos mientras me pasaban como si estuviera parada, tampoco alimentaban mi estima. Realizo actividades físicas en forma regular durante todo el año y he hecho senderismo de montaña más de una vez. Ese día sentí que ni mi estado físico ni mi experiencia me servían para nada, así que recurrí a otra potente herramienta: la mental. Me dije yo puedo, agaché la cabeza y seguí. Llegamos y nos encontramos con el resto. El lugar era maravilloso. Tomamos unos mates que fueron nuestro aliado y sostén durante todo el viaje. Regresamos y a las nueve de la noche estábamos todos durmiendo. Nacho en su refugio tenía baños comunitarios muy precarios a la intemperie y hacía un frío de esos que congelan. Hubo que saltear la ducha reconfortante que habíamos imaginado…
(Continuará)