En la cantina del club, asunto de parroquianos
Otra vez la cantina del club del barrio reunía a los parroquianos. Es sabido que entre esos grupos hay una consigna para que la charla no derive en discusión y violencia: no hablar de religión, ni de mujeres, ni de política. Pero…se acercaba diciembre y, con en el nuevo mes, el recambio de autoridades que sucede cada cuatro años. El calor del final de la primavera, los alcoholes y la consabida “grieta” fue caldeando los ánimos como tantas veces; cosa que preocupaba al cantinero, no sólo por los disturbios, sino también por una eventual disolución del “grupete” y la pérdida de clientes en el mostrador.
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La cosa comenzó cuando el viejo maestro susurró que un pueblo necesita ser gobernado por un sabio. El militante de las juventudes de los años 70 exclamó, luego de terminar abruptamente su vaso: "¿Cómo es eso? ¿Vos querés que unos iluminados se hagan cargo del poder de manera unilateral para mandonear sin consenso alguno?" Aunque a algunos de la mesa les había parecido sensata la propuesta: que gobiernen los sabios. Quizá haya que hacer una escuela para sabios gobernantes imaginaron. Pero el fogoso militante desmanteló la idea. "Ahora, ¿qué es ser sabio?", preguntó un parroquiano que alguna vez había estudiado filosofía, mientras se secaba la transpiración. Y agregó: "El sabio para gobernar es aquel que ha alcanzado la prudencia, es decir, la capacidad de aplicar las leyes universales en cuestiones particulares". "¡Muy difícil!" gritó Mario, el sepulturero, con sus manos llenas de tierra. Sin embargo, un viejo demócrata afirmó: "No está mal que nos gobiernen los sabios, lo importante es que lo hagan con consenso y para eso existen las elecciones en las democracias modernas".El viejo monaguillo, que alguna vez en la juventud había leído un libro de la biblioteca parroquial sobre San Luis Rey de Francia, se dejó llevar por la nostalgia de los reinos y de los papados y sobre la gloriosa cristiandad. El militante volvió a protestar: "Ya te dije...nada de sotanas, y te agrego, nada de coronas imperiales y de noblezas; todo eso se terminó en la Revolución Francesa".El cantinero tomaba nota para ordenar pensamientos en caso de conflictos y escribió en el cuaderno de los clientes que piden fiado: "1° gobierno de los sabios; 2° gobierno de los sabios que tiene consenso y que no toman por asalto el poder"... y acomodó su palillo en un extremo de la boca.Luego la discusión derivó en frases hechas, como siempre: todo está caro, el dinero no alcanza, hay gente que roba, todo tiempo pasado fue mejor...Fue por entonces cuando el viejo maestro, pensativo, reflexionó: "En realidad lo que necesitamos es un pueblo de sabios; un pueblo con memoria histórica y con proyectos, con alegres proyectos que muevan a la esperanza". Entonces, el cantinero, rápidamente, para no olvidar escribió: "1° gobierno de los sabios; 2° gobierno de los sabios que tienen consenso y que no toman por asalto el poder; 3° un pueblo de sabios memoriosos con proyectos esperanzadores"... y acomodó de nuevo su palillo en un extremo de la boca.Pbro. Jorge H. Leiva
