En Le Mari, el oficio del panadero se construye en familia
En el marco del Día del Panadero, El Debate Pregón visitó la Panadería Le Mari y dialogó con Nadia Morel, hija de Ricardo Morel, propietario del establecimiento. Con 10 años de historia, el emprendimiento familiar fue creciendo desde una pequeña producción en el barrio Rocamora hasta convertirse en una panadería con alrededor de 17 a 20 trabajadores. Nadia repasó ese camino, habló sobre el trabajo cotidiano, el vínculo con los clientes y los desafíos que implica sostener una actividad que no se detiene.
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El oficio de panadero tiene detrás mucho más que el producto que llega cada día a la mesa. Hay producción constante, atención al público, reparto, organización y, en el caso de Panadería Le Mari, también una historia familiar que comenzó hace aproximadamente una década.
Así lo contó Nadia Morel, quien forma parte del emprendimiento encabezado por su padre, Ricardo Morel.
“Es lindo, es agradable, es un buen compañerismo que hay acá adentro. Y es fácil de llevarse bien con la gente que trabaja acá adentro”, expresó al referirse a lo que significa ser parte de la panadería todos los días.
Una historia que comenzó en el barrio Rocamora
La historia de Le Mari comenzó cuando Ricardo Morel decidió dejar su trabajo en la panadería Croissant y comenzar un nuevo camino junto a su familia.
“Empezó en donde vivíamos nosotros, vivíamos en el Rocamora. Empezó con mi mamá, haciendo un poco de pan, un poco de galleta para vender ahí en el bar del barrio, un par de pasteles”, recordó Nadia.
Con el tiempo, aquella producción inicial se transformó en un proyecto comercial. Primero llegó el local de calle Urquiza, junto a Cremigal, y posteriormente el establecimiento que funciona actualmente sobre calle 25 de Mayo.
“Empezó él solo, atendiendo, haciendo la producción, todo él solo. Y con el tiempo fue llamando a los hermanos y contratando gente y hasta donde estamos ahora”, relató.
Una producción que no se detiene
Una de las particularidades de la actividad es que no existe un horario único para comenzar o terminar la jornada.
“Está abierto todo el día. La producción es constante. No hay horario de inicio ni de fin”, explicó Nadia.
Y resumió la dinámica cotidiana con una frase:
“Es trabajar todo el día. Las 24 horas.”
Actualmente, la panadería cuenta con alrededor de 17 a 20 empleados, distribuidos entre las distintas tareas que requiere el funcionamiento del establecimiento: repartidores, producción, atención al cliente y empaquetado.
Para Nadia, además, el paso por diferentes áreas le permitió conocer desde adentro distintas facetas del trabajo.
“Yo empecé en atención al público y después me pasaron a la producción y ahora estoy en oficina”, contó.
Ese recorrido le permitió encontrar algo que disfruta en cada una de las tareas.
“A mí me gusta hacer todo. Porque le tengo cariño a los clientes, me gusta brindarles una linda atención. Después, en la producción me gusta que las cosas salgan bien, prolijas, que el sabor se conserve y después en la oficina llevar los papeles y todo eso también me encanta”, señaló.
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La relación con los clientes
Otro de los aspectos que destacó fue el vínculo con quienes concurren habitualmente a la panadería.
“Los clientes son un amor. No tengo de qué quejarme de ellos”, afirmó Nadia.
En cuanto al movimiento comercial, explicó que varía de acuerdo con la época. Hay momentos en los que la demanda es muy alta y la producción incluso puede resultar insuficiente, mientras que hacia fin de mes la situación puede ser diferente.
“Hay veces que nos quedamos cortos con la mercadería. Y para fin de mes se complica ya la situación”, señaló.
A pesar de esas variaciones, destacó la fidelidad de quienes compran habitualmente. Algunos clientes reducen sus compras, mientras que otros mantienen el consumo de siempre.
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Los desafíos detrás del mostrador
Consultada sobre las dificultades que presenta el trabajo cotidiano, Nadia señaló que una de las principales está relacionada con el personal.
“Yo creo que lo único difícil es poder llevar a los empleados”, sostuvo.
Según explicó, la rotación de trabajadores implica que periódicamente haya que enseñar nuevamente las tareas y acompañar a quienes se incorporan. El resto de las tareas, en cambio, se vuelve más sencillo con el paso de los años y la experiencia adquirida en el oficio.
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Un día para reconocer el trabajo
En el marco del Día del Panadero, Nadia también se refirió al significado que tiene esta fecha para quienes trabajan diariamente en el rubro.
“Es lindo tener un día en el que te tengan en cuenta por todo el trabajo que hacés y por todo lo que conlleva esta profesión, porque tampoco es fácil”, expresó.
Para ella, formar parte de Le Mari también significó recorrer distintas etapas dentro de un mismo emprendimiento familiar. Desde la atención al público hasta la producción y, actualmente, la administración, Nadia fue creciendo junto a la panadería.
Durante más de diez años, acompañó de cerca a su familia y fue testigo del esfuerzo cotidiano que implicó sacar adelante el emprendimiento. Hoy, ya como parte activa del equipo, sostiene y continúa una historia que con el paso de los años adquirió un significado cada vez más especial.
Una historia que comenzó con Ricardo Morel produciendo pan y galletas junto a su familia en el barrio Rocamora y que, una década después, continúa creciendo con una estructura de trabajo mucho más amplia, pero manteniendo detrás el mismo espíritu y los valores con los que comenzó.
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