“Es una gracia de Dios haber sido recibido con tanto cariño por la comunidad”
Tal como lo anunciamos en el Suplemento de Navidad, quedaba pendiente parte del diálogo que mantuvimos el presbítero Luciano Lonardi, párroco de San Antonio. En la primera parte se refirió a la finalización del Año Jubilar 2025 y el sentido profundo de la Navidad.
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Si bien se hizo de cargo de la parroquia san Antonio en el mes de febrero pasado, nos debíamos esta de conversación con un referente de la iglesia y de la sociedad en general.
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Padre Luciano, coméntenos acerca de cuándo decidió ingresar al seminario, dónde estudió y cuándo fue ordenado diácono y sacerdote.
P. L. Lonardi: -Nací en 1986 en Larroque. Estudié allí la escuela primaria y la secundaria, y me recibí en el Instituto Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, de las Hermanas Franciscanas de Gante, en 2004. Siempre viví con mi familia: mi mamá, mi papá y mi hermana. En 2005 me fui a Buenos Aires para hacer el CBC de Arquitectura en la UBA. Sin embargo, al año siguiente, en 2006, regresé para ingresar al seminario. Siempre había tenido la inquietud vocacional, aunque primero quise probar la carrera de arquitectura, porque toda mi vida había dicho que sería arquitecto. El CBC me fue bien, pero el llamado de Jesús fue más fuerte. Cuando el amor de Cristo se pone por encima de todo, no queda más que lanzarse.
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Ingresé en 2006 al Seminario Mayor Diocesano María Madre de la Iglesia, en Gualeguaychú. Allí cursé los estudios de Filosofía y Teología. Durante el seminario también realizábamos pastoral: se nos asignaba una comunidad por dos años para acompañar en la fe y aprender. Terminé en 2013. Ese mismo año hice pastoral en la parroquia Santa Teresita de Gualeguaychú y el 20 de diciembre fui ordenado diácono por Monseñor Eduardo Lozano. Él me dejó en Santa Teresita como diácono y me dio la misión de enseñar teología en el Institutp Sedes Sapientiae. En 2014 fui ordenado sacerdote, también por Monseñor Lozano, el 19 de septiembre. Desde entonces han pasado 11 años de ministerio. Me desempeñé como vicario en Santa Teresita hasta 2020. Durante ese tiempo también fui administrador parroquial en Luján de Ibicuy, cuando el párroco Ezequiel se trasladó y luego lo reemplazó el P. Pedro Brassesco.
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¿Cómo fue su experiencia en la Basílica Inmaculada Concepción?
P. L. Lonardi: - En 2020, Monseñor Héctor Luis Zordán me trasladó a la Basílica Inmaculada Concepción de Concepción del Uruguay, donde permanecí dos años. Allí también ejercí como administrador en San Miguel Arcángel de Caseros, tras el fallecimiento del párroco Pedro Rojas, hasta que se nombró un nuevo sacerdote. En febrero de 2022 fui designado párroco en Luján, de Ibicuy, donde estuve tres años, hasta que Monseñor Zordán me envió a San Antonio. Curiosamente, mis destinos coincidieron varias veces con los del P. Pedro. Pero ya en los años de pastoral del seminario (2011 y 2012) venía los fines de semana a San Antonio, acompañando al Padre Isidro en su enfermedad y luego colaborando con Pedro como administrador.
¿Cómo se siente en la parroquia San Antonio?
P. L. Lonardi: -Estoy muy contento y cómodo. Es una gracia de Dios haber sido recibido con tanto cariño por la comunidad. Me sorprende la fe de la gente y cómo recurren al sacerdote. El ministerio se vive con alegría al poder servir, y además me siento muy apoyado porque la comunidad está ávida de hacer cosas y de colaborar.
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¿Cuenta con buenos colaboradores en la parroquia?
P. L. Lonardi: -Sí, la verdad que sí, sobre todo en la parte edilicia. Nuestra parroquia, gracias a Dios, funciona muy bien con los Consejos. Tenemos un Consejo de Asuntos Económicos. Por ejemplo, cuando recién llegué propuse hacer un bono contribución para afrontar algunos problemas económicos que teníamos. La respuesta fue inmediata: todos aceptaron y las instituciones colaboraron en la distribución. Eso nos dio un respiro. El Consejo de Asuntos Económicos tiene la misión de preservar el patrimonio y ponerlo en valor. Además de los gastos habituales —luz, gas, empleados, asignaciones de los sacerdotes— debemos cuidar lo que tenemos, que es una verdadera belleza. Por ejemplo, había una grieta que separaba la torre de la nave central, pero gracias a Dios ya se reparó y no se llueve más como antes. Aun así, sabemos que las restauraciones son costosas y los recursos limitados, pero confiamos en que Dios proveerá y en la generosidad de la gente, que ama profundamente la parroquia San Antonio.
También está el Consejo de Pastoral, donde cada institución envía un representante. Allí compartimos impresiones, inquietudes, ideas creativas y organizamos las grandes celebraciones: Pascua, fiestas patronales, entre otras. Uno de los principales colaboradores es Javier Bello que conoce de memoria el templo y todos sus vericuetos. Me dijo: “Vos sos el primer párroco que subió a la torre”. Yo lo acompaño hasta las campanas, arriba en la torre. Estamos trabajando en pequeños pasos: cambiamos la luminaria, restauramos algunas imágenes y colocamos nuevamente al Niño Jesús de Praga, que estaba guardado. Queremos preservar y poner en valor el templo, que es uno de los más lindos de Entre Ríos.
¿Hubo una importante misión que visitó a los vecinos?
P. L. Lonardi: Este año recibimos la visita de unos misioneros y toda la comunidad colaboró. Vinieron 50 jóvenes de Capital Federal, del Santuario de la Medalla Milagrosa. Los acompañaba el Padre Diego Martínez, director de Obras Misionales Pontificias de la Arquidiócesis de Buenos Aires y capellán del Instituto Medalla Milagrosa, junto con profesores y la apoderada legal del colegio.
¿Qué reacciones tuvo la comunidad frente a la misión?
P. L. Lonardi: -Fue una experiencia hermosa. Decidimos que la misión se realizara en las manzanas del centro de la ciudad, dentro del radio parroquial. Mucha gente se sorprendió porque nunca se había hecho una misión así en la ciudad. En total se abarcaron 30 manzanas. Investigando descubrí que la parroquia tiene a su cargo 300 manzanas, lo cual es muchísimo. Nuestro desafío es llegar a todas las familias, aunque sabemos que es difícil. -Mucha gente se sorprendía al recibir visitas de la Iglesia Católica, ya que en los alrededores suelen ser más frecuentes las visitas de hermanos evangélicos o protestantes. Sin embargo, la misión ayudó a tomar conciencia del valor de compartir la fe. Pese al hecho de que los misioneros fueran de otros lugares, generó apertura, la gente les abría las puertas y el corazón. Los jóvenes estaban sorprendidos: “En Capital nadie abriría la puerta a un desconocido”, decían.
Siguiendo con la misión comento que los varones se hospedaron en las salas de Cáritas y las mujeres en la sala de catequesis. Durante esa semana se suspendió la catequesis y ellas usaron las instalaciones. Para las duchas, las chicas iban al centro de jubilados y los varones al club Urquiza. La comunidad colaboró en todo: alojamiento, logística y hasta con productos típicos como la galleta entrerriana.
¿Quién lo acompaña actualmente en la misión sacerdotal?
P. L. Lonardi: -Actualmente estoy acompañado por el Padre Nicolás Rodríguez, de Gualeguaychú, de la parroquia Santa Teresita. Con él me une algo muy especial: cuando era estudiante de ingeniería en la UTN de Concepción del Uruguay, los fines de semana participaba en el grupo de Infancia y Adolescencia Misionera de Santa Teresita, donde yo era vicario. Un día me pidió conversar y me confió que estaba pensando en iniciar un discernimiento vocacional. Me pidió que lo acompañara, y así lo hice durante todo su camino en el seminario, hasta su ordenación como diácono y sacerdote. Hoy la providencia nos encuentra trabajando juntos aquí. Yo tengo 39 años y el padre Nicolás 36. La diferencia es que yo tengo más años de ministerio porque ingresé antes al seminario.
Usted mencionó las redes sociales y su impacto en la vida de los jóvenes. ¿Qué piensa al respecto?
P. L. Lonardi: -Las redes han aislado a muchos, incluso a los más chicos, influyendo en su cultura y formación. El Papa Francisco siempre mostró preocupación por esto. La tecnología es una oportunidad si se usa bien: puede difundir solidaridad, oración y unión por una causa. Pero también puede atraparnos y aislarnos.
Yo suelo recordar el Evangelio: “dejando las redes, lo siguieron”. A veces debemos dejar las redes sociales para encontrarnos cara a cara con el otro. Es importante hacer silencio interior, para escuchar la voz de nuestros anhelos y la voz de Dios.
He notado que ahora concurre más gente a la parroquia. ¿Cómo lo ve usted?
P. L. Lonardi: -Sí, se nota una mayor participación. En la época del Padre Pedro, que era muy convocante y tenía el don de la comunicación gracias a sus estudios, la parroquia vivió una verdadera revolución. Después lo siguió el Padre Leiva, que trabajaba mucho con la gente de los barrios, y luego el Padre Canzonetta, con su estilo particular de misas más largas y detalladas. Cada sacerdote tiene su impronta, y eso es bueno. Lo importante es encontrar cómo llegar a la gente, sin ser demasiado extensos, pero sí profundos. Hoy veo que los domingos la parroquia está más llena, y eso es un signo de vida y esperanza para la comunidad.
Me sorprendió mucho la cantidad de gente que viene entre semana. Es un misterio hermoso poder celebrar la fe y ver que aquí la comunidad acude con tanta constancia. También sucede en la Basílica Inmaculada Concepción, pero no en todas las parroquias de la diócesis.
Los fines de semana la participación es igualmente numerosa: la misa del sábado por la noche, la del domingo a las 8, la de las 10:30 con los niños y familias de catequesis, y la de la noche. En las grandes fiestas, como Pascua o la patronal, la respuesta es siempre muy linda, incluso cuando el clima no acompaña.
Más allá de la del domingo 28 de diciembre, cierre del Año Jubilar, con los fieles de las tres parroquias, me sorprendió mucho la multitud del 8 de diciembre: hicimos una peregrinación desde el Instituto Adveniat por el Año Jubilar y la misa estuvo desbordante. Fue un signo claro de la fe viva de la comunidad.
¿Cómo ha sido la experiencia con los jóvenes en este tiempo?
P. L. Lonardi: -Ha sido una grata sorpresa. Muchos participaron en el encuentro regional en el Santuario de Nuestra Señora del Rosario de San Nicolás y en la Marcha Joven de Concepción del Uruguay. Los jóvenes buscan a Jesús, y el mensaje de Cristo es siempre nuevo para cada generación. También las personas mayores muestran una gran fe. En el Año Santo muchos se acercaron a la reconciliación, a obtener indulgencias, o simplemente a conversar, pedir consejo y discernimiento.
¿Qué significa para usted ejercer el ministerio en lo cotidiano?
P. L. Lonardi: -Amo ser sacerdote. Me apasiona servir, traer a Jesús con mis pobres manos en la Eucaristía y alimentar al pueblo con la Palabra, la comunión y la confesión, que es el gran sacramento de la misericordia. Es conmovedor ver cómo las personas se liberan de pesos que cargaron durante años. También me asombra la cantidad de celebraciones de bautismos, que son alegría para las familias, y casamientos, cuyo número ha crecido este año. Es hermoso animar a los jóvenes a dar ese paso de compromiso.
¿Qué puede decirnos sobre la recepción de los sacramentos en los adultos?
P. L. Lonardi: -Es importante recordar que los sacramentos no tienen edad. Aquí ofrecemos catequesis para adultos que desean recibir el bautismo, comunión o confirmación. Basta con que la persona tenga la inquietud y se acerque.
¿Cómo vive usted la vocación sacerdotal?
P. L. Lonardi: -Es una forma muy particular de vivir la existencia. Tiene dificultades, y renuncias, pero las gratificaciones son mucho mayores. Acompañar en los momentos felices, o a alguien en el duelo, despedir a un ser querido, transmitir paz incluso en silencio… todo eso es parte del ministerio.