Escuchar y ayunar
Todos los años, para estas semanas de cuaresma, los papas nos regalan algún mensaje para nuestra edificación como Pueblo.
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Este año la consigna de León XIV es “Escuchar y ayunar. La Cuaresma como tiempo de
conversión”
“La Cuaresma-dice el sucesor de Pedro- es el tiempo en el que la Iglesia, con solicitud
maternal, nos invita a poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra vida, para
que nuestra fe recobre su impulso y el corazón no se disperse entre las inquietudes y
distracciones cotidianas. (…) el itinerario cuaresmal se convierte en una ocasión propicia
para escuchar la voz del Señor y renovar la decisión de seguir a Cristo, recorriendo con Él
el camino que sube a Jerusalén, donde se cumple el misterio de su pasión, muerte y
resurrección.
Este año me gustaría llamar la atención, en primer lugar, sobre la importancia de dar
espacio a la Palabra a través de la escucha, ya que la disposición a escuchar es el primer
signo con el que se manifiesta el deseo de entrar en relación con el otro.
(…) La abstinencia de alimento-agregó el papa- es un ejercicio ascético antiquísimo e
insustituible en el camino de la conversión. Precisamente porque implica al cuerpo, hace
más evidente aquello de lo que tenemos “hambre” y lo que consideramos esencial para
nuestro sustento. Sirve, por tanto, para discernir y ordenar los “apetitos”, para mantener
despierta el hambre y la sed de justicia, sustrayéndola de la resignación, educarla para que
se convierta en oración y responsabilidad hacia el prójimo”.
Nos dice también el sucesor de Pedro que (…) “El ayuno, entendido en este sentido, nos
permite no sólo disciplinar el deseo, purificarlo y hacerlo más libre, sino también
expandirlo, de modo que se dirija a Dios y se oriente hacia el bien.
Sin embargo, para que el ayuno conserve su verdad evangélica y evite la tentación de
enorgullecer el corazón, debe vivirse siempre con fe y humildad. (…) Por eso, me gustaría
invitarlos a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la
de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a
desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal
de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en
cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre
amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios
de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán
paso a palabras de esperanza y paz”.
“Por último-concluye León XIV- la Cuaresma pone de relieve la dimensión comunitaria de
la escucha de la Palabra y de la práctica del ayuno. En este horizonte, la conversión no sólo
concierne a la conciencia del individuo, sino también al estilo de las relaciones, a la calidad
del diálogo, a la capacidad de dejarse interpelar por la realidad y de reconocer lo que
realmente orienta el deseo, tanto en nuestras comunidades eclesiales como en la humanidad
sedienta de justicia y reconciliación”.
¡Desarmemos el lenguaje: quitémosle todo misil a nuestras palabras cotidianas!
¡Escuchemos con atención amorosa!