¡Feliz Pascua de Resurrección!
Está revelado en la Palabra de Dios que, luego de la muerte y sepultura de Jesús, pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, las mujeres fueron a visitar el sepulcro. Allí se les apareció el Ángel del Señor que les dijo: “No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el Crucificado. No está aquí, porque ha resucitado.” Mientras iban a dar la noticia a los demás discípulos, el mismo Jesús salió a su encuentro y las saludó diciendo: “Alégrense. No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán.”
:format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/media/2026/04/p_luciano_lonardi_parroco_de_san_antonio.jpg)
El centro de nuestra fe es la Pascua de Jesús, su pasión, muerte y resurrección, que la Iglesia celebra en el sagrado triduo pascual. Para nosotros esto no es solo una historia del pasado, sino que se actualiza en el hoy y ahora de nuestras vidas. El misterio de Jesús ilumina y da sentido al misterio de nuestra propia vida.
La proclamación gozosa del Evangelio, la Buena noticia de Jesús, nos anima a caminar en la certeza de que la Vida triunfa sobre la muerte; el Amor vence al odio; la luz disipa nuestras sombras.
Les deseo a todos una feliz Pascua. Jesús está Vivo y camina junto a nosotros. Dios los bendiga.
:format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/media/2026/04/s_1.jpg)
Les comparto esta oración que me gusta mucho y me hace bien, inspirada en un texto de Benedicto XVI:
“Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba” (Lc 24, 29).
“Quédate con nosotros, Señor, acompáñanos, aunque no siempre hayamos sabido reconocerte.
Quédate Jesús, porque en torno a nosotros se van haciendo más densas las sombras, y tú eres la Luz; en nuestros corazones se insinúa la desesperanza, y tú los haces arder con la certeza de la Pascua. Estamos cansados del camino, pero tú nos animas a cargar la cruz, nos consuelas con tu presencia y nos envías a anunciar a nuestros hermanos que en verdad tú has resucitado y que nos has dado la misión de ser testigos de tu resurrección, de tu Amor que vence al odio, de tu Vida que triunfa sobre la muerte, de tu gracia que redime el pecado y nos levanta de todos los pesimismos, de todas las angustias, del vacío interior, de la ansiedad y de la desesperación del sufrimiento sin sentido.
Quédate con nosotros, Señor, cuando en torno a nuestra fe católica surgen las nieblas de la duda, del cansancio o de la dificultad: tú, que eres la Verdad misma como revelador del Padre, ilumina nuestras mentes con tu Palabra; ayúdanos a redescubrir la belleza de creer en ti.
Quédate en nuestras familias, ilumínalas en sus dudas, sostenlas en sus dificultades, consuélalas en sus sufrimientos y en la fatiga de cada día.
Quédate, Señor, con aquellos que en nuestra sociedad son más vulnerables; quédate con los pobres y humildes, con los que están solos, los que sufren la pérdida de un ser querido, con aquellos que no siempre han encontrado espacio y apoyo en nuestra Iglesia o en Dios.
Quédate, Señor, con nuestros niños y con nuestros jóvenes. ¡Oh buen Pastor, quédate con nuestros ancianos y con nuestros enfermos! ¡Fortalécenos a todos en la fe para que seamos tus discípulos misioneros! Amén.”