Fueron ellas, somos nosotras
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Hace unos meses escuché a un periodista, de otra provincia, quien en su programa de radio contó sobre su visita a Gualeguay. Vino por un casamiento, pero cuando llegó no sabía qué calles agarrar; le preguntó a un señor que pasaba y no sólo le dio las indicaciones, sino que lo acompañó hasta el salón para asegurarse que no se perdiera. El periodista se sorprendió por ese gesto tan bondadoso, algo para nada habitual en su ciudad. Claro, no sabía que Gualeguay es conocida como “la ciudad de la cordialidad”. Nace una angustia en el pecho al admitir que esa ciudad en la que crecí, como miles más, ya no es la misma. Ha quedado marcada por un hecho tristísimo, aberrante y evitable.
Sobran temas para debatir en el caso de Micaela García. La comunidad gualeya todavía no puede entender cómo es posible que se haya convivido nueve meses con un violador serial condenado, sin conocimiento alguno. La negligencia, la falta de interés y de control por parte del poder político y judicial cansa al pueblo. Y eso se hizo notar el sábado en la plaza, cuando más de 15 mil vecinos se movilizaron por un reclamo de justicia. Por Micaela y por todas las vecinas, hijas, hermanas, primas, sobrinas, nietas y amigas de Gualeguay.Pero intentar esclarecer lo que pasó con Micaela García trajo consigo lo mismo que todos los crímenes donde la mujer es víctima: juzgarla. El "algo habrá hecho" de Micaela fue caminar sola, salir al boliche, pelearse con el novio, ser infiel. Su vida privada cuestionada por todos aquellos que tuvieran ganas de comentarla, que, lamentablemente, fueron muchos. Y, entre lo peor que leí: "Una K menos". Su militancia y su intimidad eclipsaron el problema principal: nos siguen matando, siguen haciendo con nosotras lo que se les antoja.No conocía a Micaela, nunca la había visto ni escuchado nombrar, pero desde que desapareció tuve una angustia muy grande. Ella, como yo, salió a bailar con las amigas; ella, como yo, se volvió a caminando; ella, a diferencia de mí, no pudo llegar a su casa.Cuando pienso en ella, en Lola, en Ángeles, en Melina y tantas otras que seguro no nos enteramos, son muchas cosas las que se me cruzan por la cabeza. Pienso en todas las que no llegan a estar en titulares, porque alguien de arriba decide quiénes merecen ser buscadas y quiénes no. Pienso en todos los momentos de la historia en que el hombre se creyó superior y con derecho sobre la mujer. Pienso hasta cuándo va a seguir así. Pienso que la lucha es ahora, que se siente en el latido de cada una. Pienso en la bronca e impotencia de no poder sentirme libre y segura cuando salgo a la calle. Pienso: "Fueron ellas, pero puedo ser yo".Agustina Segovia Dellamare
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