Los sentimientos de un adolescente ante el Covid 1
I. Milman: “Esta pandemia y sus consecuencias provocan mucho miedo, pero sigue viva la esperanza”
Los presentamos: Ignacio Milman, hijo de nuestra copoblana Mirta De Zan, vive con su familia en México DF, lugar que está sufriendo una situación muy difícil ante el número de infectados por el coronavirus y las contradictorias medidas que se toman. Al igual que su hermana Caro, guardan una estricta cuarentena. En esos largos ratos en que los pensamientos viajan a diferentes partes y se acumulan diversos sentimientos, Ignacio escribió el texto que compartimos, mezcla de incertidumbre, pero o carente de esperanza.
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"Mi nombre es Ignacio Milman, tengo 17 años. A partir de la irrupción en el mundo del COVID 19, estoy viviendo una situación nueva, diferente, preocupante, pero con esperanza, una situación que afecta a todos los sectores y no sólo me refiero a los económicos, médicos y sociales, sino que también me refiero a los sectores emocionales, sentimentales e interrelaciónales. Me da miedo, me da miedo el pensar que nuestro regreso quizás no sea como lo imaginamos; me da miedo el saber que tendré a mis seres queridos al lado y no les podré dar un beso, que tendré a mis amigos junto a mí, pero con la incapacidad de abrazarnos, con planes a futuros que serán muy diferentes a como me los propuse inicialmente y con un mundo al que nos despertaremos día a día, cuyo denominador común será la distancia. Me frustra la intolerancia de los que más tienen, la hipocresía en redes sociales y la omnipotencia con la que se manejan en esta situación de crisis, como también me frustra la indiferencia de la gente que sale a trabajar con el cubrebocas en la barbilla, la soltura con la que se saludan de mano y abrazo en la parada del camión y la falta de cuidado, que no sólo los afectan a ellos, sino también a sus familiares, al país, al mundo, a ti y a mí. Pero no todo es malo, hay esperanza y, así como se ve la indiferencia en las calles, se ve la solidaridad con los médicos, se ven las colectas de organizaciones para ayudar a los necesitados, los médicos que arriesgan su vida todos los días para salvar las nuestras, las enfermeras retiradas que vuelven, los militares que regresan de sus familias para ayudar a transportar bienes, el apoyo económico al señor de la esquina que vive de la fruta que vende diariamente y las relaciones familiares y de amistad recuperadas a través de una pantalla. Yo considero esto como una lección, una lección para nosotros, para la sociedad, para el mundo. Una lección para aprender a aprovechar el tiempo y dejar de lado el celular cuando estés compartiendo la mesa con alguien, para retomar la costumbre de mirar a la gente a los ojos, para volver a jugar un juego de mesa con tu familia, para valorar el tiempo que nos queda con nuestros seres queridos y para apreciar cada uno de los paisajes que nos regala la naturaleza, que una vez más nos demuestra, que sí somos vulnerables. Yo sé que es desesperante, pero aguanta un poco más, saldremos de esto, pero saldremos de esto juntos, más unidos que nunca. Quiero creer que esto nos da una oportunidad de ver que todos somos iguales, sin importar nuestro origen, nuestra cultura, religión, estatus económico o preferencia sexual. Quiero creer que esto nos hace reflexionar de que no hay diferencia en si te gustan los hombres, las mujeres, si te gustan ambos, o no te gusta nadie, que no hay diferencia en si hablas chino, japonés, árabe, afrikáans o zulú, que no tiene por qué haber trato diferente si eres blanco, negro, asiático o latino. Quiero creer que esta situación nos hizo entender que todos somos humanos y que todos compartimos esta enorme casa llamada Planeta Tierra".
