La abuela vieja
No sabía bien si ella había nacido en estos pagos o había venido de las latitudes de la iberia. Lo cierto es que se había emponderado como una criolla, al igual que tantos otros que se arraigaron en el sur entrerriano.
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Su bisabuela Anselma, “la abuela vieja” como le decía la familia, pertenecía a este lugar elegido donde tuvo familia, hijos y su bisnieto en su imaginario pensó que fue feliz en su breve pasar por la vida. Estaba convencido que, con sus condiciones, era analfabeta y formaba parte de esa gente laburante, emprendedora, creyente para solucionar los días de comida, trabajo y atención de su prole.
Los calendarios americanos cambiaron su mentalidad haciendo que el primero de agosto celebrara el día de la Pacha-mama, bebiendo la caña con ruda. Antes, según el tiempo del solsticio de invierno, celebraba el Año Nuevo del Sur en la veintena de junio. Los rituales que la ocupaban en esas ocasiones era la Fiesta de Juan Bautista con la quema de Judas, un muñeco armado con pajas y “cuetes” escondidos en su interior para comenzar el nuevo año como ocurría en el hemisferio norte y deshacerse de cosas inútiles a fin de comenzar un año nuevo, sin carga del pasado.
La “abuela vieja” transitó una serie de deslumbramientos tecnológicos de la época como la radio, la que no quería escuchar pues la aterraba la presencia de los diablos en una caja de madera que hablaban y ella no los veía.
Estaba convencida que el dicho popular “Julio los prepara, Agosto se los lleva” era tan certero como romper ese hechizo bebiendo en ayunas un trago de la caña con la rama de ruda macho macerada desde el año pasado. Salía bien temprano con su botella a visitar parientes, amigos y vecinos con una copa breve de aguardiente destinada al ritual, ejerciendo el oficio de una shamana para alejar males y enfermedades de sus seres queridos.
Su padre Vignoles, según los relatos familiares, era como herradura pegada al vaso. Con oficio humilde recalaba en las fondas del pueblo y regresaba temulento a su casa, danzando en el río de alcohol que inundaba su sangre caminando en zig-zag. La frase latente en la memoria familiar era que decía, noche a noche, a sí mismo: “-¿Quién te reempuja viejo Vignoles que vientos no hay?”.
Un hermano de la bisabuela Anselma con pretensiones, cruzaba frente de la Comisaría por donde estaba prohibido circular y se le cobraba multa a todo jinete hijo de cualquier vecino. El tipo arremetía al galope y cruzaba por la calle de la antigua comandancia ante el despliegue de los servidores de la ley y les tiraba las monedas para pagar la multa, en una actitud de soberbia, dinero y poder.
Una tía escribió una semblanza de su abuela donde en un cumpleaños, siendo ya muy anciana, en el despliegue de celebrar su cantidad de años vividos con su familia y músicos invitados para el jolgorio, pidió una acordeona y tocó un par de piezas musicales ante el asombro de su dinastía. Nadie sabía de ese talento oculto que guardaba, celosa, en lo más íntimo.
Todavía viva, su yerno trajo la noticia de que en otra caja más grande se veían personas en una pantalla como si estuvieran vivas. Así como no iba al cine, frente a las estrategias de Lucifer, tampoco miró la televisión y se santiguaba haciendo la señal de la cruz.
Después de algunas décadas, un ministro de economía reinventó la máxima con una frase que hasta hoy nos resuena: “Hay que pasar el invierno.”, como una analogía.
Ella siguió haciendo caña con ruda para convidar a sus afectos.
El bisnieto hizo lo propio y por varios años salió a compartir el elixir Shamánico de su bisabuela por la Pacha-mama, dándole de beber a la tierra un traguito para que ella nos dé su generosidad y celebrar la tradición con sus afectos: los parientes y amigos.
En su alacena sigue teniendo caña con ruda. Ya no visita sus amistades pues le cuesta movilizarse y los espera en su humilde morada, a corazón abierto, para el ritual del primero de agosto.
La “abuela vieja” junto a San Pedro, quién sabe dónde, en estos días celebran lo pagano y religioso, lo terrenal y la mística con el aguardiente hechicero del sincretismo.