La educación, respuestas necesarias ante esta realidad…1ª Entrega
El tiempo de uso de las pantallas por parte de niños, niñas y adolescentes siempre fue motivo de preocupación y ocupación de parte de padres y docentes. Pero desde el año 2020 casi todo pasó a través de ellas, por lo tanto, ¿hacia dónde debiéramos trasladar nuestra observación? Aún no existen evidencias que marquen claramente las decisiones a adoptar; mientras podemos guiarnos por las observaciones de investigadores, con miradas menos sesgadas o menos erróneas.
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Existen diferencias entre lo que ello significó para niñas, niños y adolescentes porque son generaciones diferentes, como lo es también para los adultos, ya que cada uno genera diferentes vínculos con la tecnología. La realidad nos demostró que fue la tecnología el único vínculo que pudimos sostener, en gran parte de estos años. Es a través de ella que pasó mayoritariamente la vida; la pantalla fue la puerta de entrada del mundo a los hogares. Se realizó mucho a través de ellas y también nos cansamos, por una forma de estudio y trabajo diferentes. Los adolescentes pasaron a quedarse en los hogares todo el día, que no era habitual; se encontraron con una pantalla para relacionarse con otros. Las experiencias fueron diferentes; a algunos les resultó mejor esta escuela y a otros no, porque preferían lo presencial. Como en muchas situaciones, no se puede generalizar, debiéndose aceptar las diferencias. El uso obligado de las tecnologías, no es mejor ni peor, sino complementario. No se debe comparar con la presencialidad, ni debiera reemplazarla; la virtualidad y la presencialidad, son distintas, cada una tiene fortalezas y debilidades. Algunos niños, mediante WhatsApp pudieron relacionarse con compañeros, lo que no hacían en la presencialidad, mientras que a otros les ocurre lo contrario.
Necesitaremos más tiempo para comprender con claridad, estas transformaciones ocurridas. Lo que es evidente, es la profundización en las desigualdades sociales, económicas, culturales. También quedó desplazada la lucha para que chicos y chicas dejen las pantallas, porque la escuela, los amigos, y los familiares, estaban ahí. Apareció una pantalla, que no diferencia si están haciendo algo útil o no, cosa que ocurre por la continuidad. También nos pasa como adultos: ¿cuándo es significativo y cuándo es recreativo el uso que hacemos de las pantallas? La saturación con las plataformas ocurre igual a los adultos que a los niños y adolescentes.
¿Qué deberíamos aprender docentes y padres, respecto del uso de la tecnología? Nunca vamos a suplantar a un docente, por más voluntad que le pongamos. Una preocupación es por los contenidos pedagógicos, que deberían virar hacia lo emocional. Habrá que pensar cuál es la logística familiar que requiere la educación híbrida, presencial y virtual siempre basada en la alianza familia-escuela, donde se crean los valores, como respeto, solidaridad, empatía y actitudes como la motivación.
“La educación ayuda a la persona a aprender a ser lo que es capaz de ser”
Hesíodo