La industria avícola advierte que el crecimiento depende de la exportación
El Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA) trazó un panorama positivo para el sector de cara al segundo semestre del año, impulsado por el consumo interno frente a la carne vacuna. Sin embargo, alertan por la urgencia de reabrir el mercado asiático y modernizar las granjas de crianza. En ese esquema de competitividad, nuestro departamento consolida su rol estratégico.
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La avicultura argentina atraviesa un período de mayor previsibilidad y encara la segunda mitad del año con sólidas expectativas de crecimiento, sostenida fundamentalmente por un consumo interno que permanece firme y niveles de rentabilidad razonables. Sin embargo, desde la cúpula dirigencial del sector advierten que la expansión estructural no puede depender únicamente del mostrador local: el futuro requiere indefectiblemente de la consolidación de las exportaciones.
En este escenario, la ciudad y el departamento de Gualeguay emergen como un eslabón absolutamente clave para el éxito de la cadena. Al ser Entre Ríos la principal provincia productora del país, los complejos industriales de nuestra región no solo sustentan gran parte de la mano de obra local, sino que se posicionan de manera directa de cara a las exigencias globales en materia de eficiencia y preservación del patrimonio sanitario nacional.
El desafío de exportar para sostener el crecimiento
Según explicaron desde el Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA), presidido por Franco Santangelo, el pollo se ha vuelto sumamente competitivo frente a los elevados costos de la carne vacuna, lo que empuja el consumo a niveles récord. No obstante, el verdadero salto cualitativo está supeditado a la agenda exterior. La industria aguarda con expectativa la inminente reapertura sanitaria del mercado de la Unión Europea y, de forma prioritaria, la plena normalización de los envíos a China y otros destinos estratégicos de Asia.
Para los frigoríficos avícolas el canal exportador es el verdadero motor que brinda previsibilidad a mediano y largo plazo. "El desarrollo futuro y la sostenibilidad de las inversiones dependen del mercado internacional", coinciden los analistas, remarcando que el estatus sanitario de la Argentina es una fortaleza que debe preservarse con rigurosidad para no perder terreno frente a gigantes de la región como Brasil.
Un cuello de botella que impacta en el ámbito local
A pesar de la alta eficiencia tecnológica que exhiben las plantas de faena y procesamiento —donde Gualeguay cuenta con estándares de excelencia internacional—, el principal cuello de botella de la actividad se encuentra adentro, específicamente en las granjas operadas por productores integrados.
Desde CEPA alertaron que la cadena necesita modernizar de forma urgente alrededor de 1.000 galpones de crianza en todo el país para dar el salto de productividad necesario. "Somos eficientes en la industria, pero en la crianza estamos flojos", reconoció Santangelo, señalando la falta de líneas de financiamiento accesibles y de largo plazo como el principal impedimento para que los integrados inviertan en tecnología de engorde.
Para Entre Ríos, y de forma muy marcada para los productores gualeyos, esta necesidad es un factor determinante en la estructura de costos actuales. Con la estabilidad macroeconómica reinante en el sector, el impacto de los fletes ha vuelto a pesar con fuerza en la ecuación económica. Bajo esta lógica, la proximidad geográfica de las granjas con respecto a las plantas procesadoras locales se vuelve una ventaja competitiva crucial. La industria ya no puede absorber los costos de trasladar producción a largas distancias, lo que obliga a robustecer y tecnificar los núcleos de cría de cercanía.
De este modo, mientras la dirigencia nacional gestiona las herramientas financieras y la reapertura de los mercados internacionales, Entre Ríos ratifica su condición de polo estratégico: una plaza donde se juega, día a día, el destino de una de las industrias agroalimentarias más dinámicas del país.