La intendenta Berisso debe tomar las riendas de un covid desbocado
A pesar de la gravedad de la situación pandémica en las vecinas provincias de Santa Fe y Buenos Aires, Gualeguay siguió paralizada, sin actuar frente a una ola viral que enferma y mata a pocos kilómetros del límite de la ciudad.
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El COVID-19 no anuncia su llegada y tiene la ferocidad de cambiar la situación sanitaria de moderada a crítica en sólo horas. Y así pasó: las medidas llegaron cuando el hospital colapsó. La gran incógnita es qué se hace de ahora en más, porque el tiempo perdido ya no se recupera.
Hay ciudades que como Gualeguay están lejos de los grandes conglomerados urbanos, pero que por estas horas transitan minutos desesperantes. La distancia no es una garantía sobre la buena salud. El colapso de sus hospitales está obligando a la internación domiciliaria. El virus fue más veloz que el tiempo que hubiese llevado armar un plan de contingencia. Y hoy proyectan disponer nuevos espacios en cementerios para enterrar a sus muertos.
Planificar no se debe entender como la elección entre la falsa dicotomía de salud versus economía, porque la cruda verdad es que si la ola llega con más fuerza y encuentra a Gualeguay con sus defensas bajas, no habrá más remedio que cada uno se guarde en su casa durante más tiempo que los 9 días establecidos por el Gobierno Nacional o los 15 días de restricciones decididas por la Municipalidad. Tampoco hay que seguir con la dependencia de Paraná, en una interminable espera sobre acciones sanitarias que involucren infraestructura, personal, recursos, directrices y otros menesteres que no se sabe si llegarán a tiempo... o nunca. Pareciera no haber conciencia de que los contagios de estos días se reflejarán en los casos que explotarán en menos de dos semanas. ¿Entonces qué harán con la atención de los enfermos de COVID en medio de la falta de camas, generales y de la Unidad de Terapia Intensiva (UTI)?
Gualeguay tal vez aún esté a tiempo de reaccionar, al menos para ralentizar la velocidad de los contagios; se podría contratar un hotel para internar casos que no requieran de la UTI, promover el servicio de voluntarios de la Cruz Roja, de los Bomberos, y así evitar la potencial catástrofe.
De las decisiones que se tomen depende la salud y la vida de los gualeyos. El Comité de Crisis debe actuar con la mayor anticipación posible y no decidir sobre acontecimientos consumados. La necesidad del fortalecimiento del liderazgo del mismo es evidente. Es por eso que, en el contexto de esta pesadilla, la intendenta Verónica Berisso tiene la responsabilidad de tomar las riendas cuando el COVID ya está desbocado.
Un dato preocupante es la falta de oxígeno medicinal. La fábrica proveedora, Air Liquide, está al límite de su capacidad y con inconvenientes en las entregas; lo mismo ocurre con el resto de las empresas proveedoras. Esto obligó a que provincias, municipios y clínicas privadas compren de urgencia generadores de oxígeno, para alimentar de esta forma al sistema central de sus hospitales y adquieran también compresores individuales para dar oxígeno a pacientes no intubados, mediante "bigoteras" o "máscaras".Y sería Air Liquide el proveedor de oxígeno líquido del Hospital San Antonio (ver foto) y de otros hospitales provinciales; dicho de otro modo, la carencia de oxígeno en Entre Ríos será una realidad en caso de explotar aún más los contagios.
Por eso, la intendenta Berisso debe enfocar su gestión en cambios radicales en la actual política de prevención. Es vital que diseñe y ejecute una campaña agresiva de concientización, y que además potencie un efectivo control para garantizar el respeto de las nuevas disposiciones nacionales, el efectivo distanciamiento social y las medidas de seguridad primarias como el tapabocas y la higiene de las manos. Además, deben ser inaceptables y repudiables las reuniones sociales en medio de una pandemia que mata a seres queridos y que se llevó, además, a nuestro intendente, Federico Bogdan.
Esperemos que en la noche y en la madrugada no circulen por las calles vehículos con varios jóvenes en su interior, que con sus potentes equipos de audio aturden con un molesto "chiqui pum-chiqui pum" musical, como hasta hace poco ocurría, porque reflejaría la carencia de autoridad y la desidia en la vigilancia, tanto policial como municipal.
Más allá de las disposiciones nacionales, provinciales y municipales, la intendenta Berisso tiene el deber de planificar la batalla junto a toda la comunidad de Gualeguay y observar cómo enfrentan la batalla otras localidades. Y la clase política debe ser responsable ante una sociedad agotada: no son tiempos de inútiles enfrentamientos ideológicos o de jurisdicciones. La salud de un gualeyo es más valiosa que una estéril discusión.
Y el Hospital San Antonio, que está arraigado en nuestra historia y cultura locales, no debe evadir la responsabilidad que tiene de trabajar codo a codo con sus pares privados, la comunidad de salud, las fuerzas vivas; además de comprometerse en el armado de una estrategia sanitaria para que Gualeguay mantenga domada a la pandemia.
R.A
