Por Tuky Carboni
La ira de los justos
Las personas pacientes, que no reaccionan con enfado a los enfadados, que saben aceptar disculpas y no guardan rencor cuando son ofendidas, como Gandhi, Martin Luther King, Nelson Mandela son profundamente admiradas por mi modesta persona. Sin embargo, hasta Jesucristo perdió la paciencia cuando llegó al templo y encontró los mercaderes que habían montado sus comercios en el atrio. Y eso, teniendo en cuenta que era nada menos que El Hijo de Dios.
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A una escala mucho más baja y terrenal, creo que todos "los viejos", los de nuestra misma franja etaria, estamos a punto de armar una revolución pacífica que consista en, simplemente, negarnos a acatar las reglas que los poderosos de la tierra han montado para su beneficio. No estoy yendo con estas palabras, a las autoridades municipales, ni gubernativas, ni nacionales; porque también ellos acatan las normas que les llegan desde mucho más arriba: los verdaderamente poderosos, el 1/% de la población mundial, que están en posesión de todo el 99% del dinero mundial, que ellos poseen, mediante sus negociados sucios: la trata de blancas, la pornografía infantil, el infame comercio de las drogas y otras "noblezas éticas", que han inventado para dominar el mundo y sus habitantes.Seguramente, el propósito de estos poderosos expertos en vender "mierda empaquetada", es terminar con los viejos que no consumen, por obvias razones de incapacidad para poder "disfrutar" de lo que su variado mercado ofrece. Propósito éste que lograrán; no porque el coronavirus nos mate (para eso estamos hace casi cuatro meses encerrados y sin poder abrazar a nuestros hijos y nietos), sino porque más de uno de nosotros, estos viejos, vamos a sucumbir por un infarto de miocardio provocado por toda la burocracia espeluznante a que nos someten. No podemos salir en el auto, aunque vayamos al médico, si nuestra patente no coincide con el día par; no podemos ir dos personas en el asiento delantero porque podemos contagiarnos, aunque haga sesenta años que dormimos en la misma cama y mantengamos esa costumbre.En cuanto a los llamados servicios, Telecom hace su parte: enloquece a los clientes diciendo que no se ha pagado la cuota del mes (pagada hasta dos veces la misma cuenta, para evitar problemas). También que van a cortar el suministro de energía eléctrica, con lo cual sí quedaremos incomunicados de todo y de todos. GasNea ha copiado este ejemplo maravilloso haciendo reclamos de que la cuenta está impaga, cuando ha sido religiosamente abonada. Los bancos, también hacen lo suyo para rematarnos del todo: no nos reconocen la clave elegida por nosotros mismos con lo cual no podemos acceder a nuestro dinero; pero los habilidosos ladrones de cuentas de jubilados han desplegado un abanico más grande que el del pavo real para poder sonsacarnos con mentiras y artificios los números de nuestra tarjeta de débito.Valga la siguiente situación como claro, injusto e indignante ejemplo: hace un mes, sin tocar ni siquiera el timbre de nuestra puerta, nos levantamos una mañana y no teníamos energía eléctrica... Nos la habían cortado, aduciendo que adeudábamos la última cuota. Tuvimos que molestarnos hasta las oficinas locales de ENERSA, volver a abonar la cuota que el débito automático del Banco Entre Ríos ya nos había descontado; y además, abonar un precio para la reconexión. Seguramente, el coronavirus no nos va a matar. Pero las medidas para evitar el contagio y la burocracia que debemos enfrentar para cobrar o pagar, es casi seguro que sí lo harán.
