La verdadera paz de Brochero y de Mama Antula
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En estos días de marzo-y en el contexto de la cuaresma- hacemos memoria de dos grandes
santos de nuestra patria, nacidos y fallecidos en nuestras tierras: la Mama Antula (María
Antonia de Paz y Figueroa, 1730-1799) que fue una laica consagrada santiagueña,
reconocida por promover los ejercicios espirituales jesuitas tras su expulsión en 1767, ya
que recorrió a pie miles de kilómetros por el actual noroeste argentino y fundó la Santa
Casa de Ejercicios en Buenos Aires. El santo cura Brochero (1840-1914) fue un sacerdote
argentino conocido como el “cura gaucho”, que dedicó su vida a evangelizar y mejorar la
vida de los más necesitados en Traslasierra, Córdoba. Viajando en mula, construyó
caminos, escuelas, iglesias y casas de ejercicios. Ambos fueron canonizados por el papa
Francisco (QEPD).
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Cuando se asoman en los horizontes nuevos humos de guerra los católicos de la patria
hacemos el ejercicio de la buena memoria.
La santidad de estos dos ilustres hijos de estas tierras nos habla por supuesto de la maravilla
que puede obrar la Trinidad en los corazones y nos señala también a la riquísima herencia
del humanismo cristiano de nuestro pueblo criollo: nuestra tierra argentina es tierra de
héroes, mártires y santos. Esto debe ser para nosotros motivo de alegría desde la cual
construyamos la comunidad nacional.
Un pueblo no puede vivir sin la memoria de sus raíces. Por supuesto la bella historia de
nuestra patria estuvo sometida a grandes desafíos económicos, culturales, políticas.
Los hijos de estas tierras tuvieron que sufrir las guerras civiles que agrietaron a los pueblos,
la dificultad en el comercio de sus productos, las corrientes culturales adversas a sus nobles
tradiciones. De todos modos, gracias a la fuerza del Espíritu que obra en medio de la buena
gente y gracias al aporte de ilustres católicos (laicos y consagrados) nuestra gente pudo
conservar la verdadera fe que construye la paz.
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Ahora bien: Días pasados-según algunos periódicos - un grupo de “pastores cristianos” y
líderes religiosos se reunió en el despacho de la Casa Blanca, es decir la casa de gobierno
de EEUU. Allí ellos rezaron por el presidente estadounidense en un nuevo gesto que revela
la confusión entre cristianismo y poder político.
Imágenes y videos del evento muestran a varios líderes religiosos colocando sus manos
sobre uno de los responsables de la mayor guerra de estos tiempos mientras oraban por él.
Ahora bien, preguntemos: ¿Se puede ser “pastor cristiano” sin promover la vida,
bendiciendo destrucciones? El dios que han invocado esos líderes ¿es el verdadero Dios?
¿o en realidad el verdadero es el que predicaron Brochero y la mama Antula?; ¿tiene el
humanismo católico de Brochero y mama Antula la verdadera memoria de Jesús o la tienen
esos dirigentes religiosos que legitiman la guerra contra Irán? ¿Acaso el que sacó a los
esclavos de Egipto esté bendiciendo la muerte de los civiles, víctima de los ataques de estos
días?
Es que “La gloria de Dios es que el hombre tenga vida” decía San Ireneo, obispo y mártir
en la antigüedad; todo lo que atente contra la dignidad humana no puede ser bendecido.
“Nada se gana con la guerra”, decía el papa Benedicto XV durante la primera guerra.
La verdadera salida está en la educación para la paz, en el anuncio del verdadero “evangelio
de la vida”, lejos de la idolatría del poder, de los elitismos y lejos de la divinización del
dinero. No habrá esperanza mientras hayas quienes en nombre de Dios legitimen
fratricidios.
La verdadera salida es mirar al futuro con esperanza y con la memoria puesta en nuestros
santos, héroes y mártires.