La vida sobre ruedas: historias de viajeros que cambiaron la rutina por la libertad de recorrer Sudamérica
Desde la Costanera de Gualeguay, viajeros provenientes de Chile y Venezuela compartieron sus experiencias de vida en motorhome, una elección que los llevó a dejar atrás empleos estables, rutinas urbanas y proyectos tradicionales para emprender una aventura por distintos países de Sudamérica. Entre desafíos, aprendizajes y emociones, relataron cómo es construir un hogar itinerante mientras descubren nuevas culturas, fortalecen vínculos familiares y encuentran una forma diferente de vivir.
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La Costanera de Gualeguay se convirtió en punto de encuentro para varios viajeros que recorren el continente en casas rodantes. Allí coincidieron distintas familias y parejas que, pese a provenir de contextos diferentes, comparten una misma filosofía: priorizar la experiencia, la libertad y el contacto con las personas por encima de la vida convencional que llevaban en las grandes ciudades.
Entre los entrevistados se encontraban Nicole y Paolo, una pareja oriunda de Santiago de Chile, quienes iniciaron su recorrido con el sueño de conocer la Patagonia chilena y argentina. Lo que comenzó como una travesía hacia Ushuaia terminó transformándose en un proyecto de vida que hoy los lleva por diversos países de Sudamérica.
Según contaron, la decisión estuvo motivada por el deseo de alejarse del estrés cotidiano, el tráfico y las exigencias laborales propias de una gran ciudad. Ambos dejaron sus profesiones para apostar por una vida más tranquila y conectada con la naturaleza.
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“Queríamos liberarnos un poco de la rutina y del estrés. Descubrimos que esta forma de viajar nos permitía conocer lugares, personas y tener una vida más calma”, explicaron.
Para concretar el proyecto, ahorraron durante cuatro años el dinero que originalmente estaba destinado a la compra de una vivienda. Finalmente, utilizaron esos recursos para adquirir su motorhome, al que consideran hoy su hogar sobre ruedas.
Actualmente sostienen económicamente el viaje mediante trabajos remotos relacionados con páginas web, marketing digital y la venta de artesanías, una actividad que les permite obtener ingresos mientras continúan desplazándose.
Una historia repetida en distintos viajeros
Las experiencias de otros viajeros presentes en el lugar reflejaron motivaciones similares.
Dafne y Giovanni, también provenientes de Chile y ambos profesionales, señalaron que durante años combinaron estudio y trabajo con el objetivo de alcanzar una vida estable. Sin embargo, con el paso del tiempo comenzaron a cuestionarse si ese modelo realmente los hacía felices.
Recordaron que dedicaron gran parte de su juventud a cumplir metas tradicionales como estudiar, trabajar y proyectar la compra de una casa, hasta que sintieron que los años transcurrían demasiado rápido.
“La rutina nos había absorbido. Sentíamos que diez años habían pasado volando. Queríamos vivir algo distinto, salir de la monotonía y conocer el mundo de otra manera”, expresaron.
Para ellos, la experiencia de viajar permanentemente representa además un desafío personal y emocional. La convivencia en un espacio reducido durante las 24 horas del día se transforma en una prueba constante para cualquier relación de pareja.
Los viajeros coincidieron en que la vida en motorhome puede fortalecer los vínculos o ponerlos a prueba. En su caso, aseguraron que la experiencia les permitió conocerse más profundamente y aprender a trabajar en equipo.
Destacaron que el apoyo mutuo resulta fundamental, especialmente cuando surgen momentos de incertidumbre o dificultades lejos de sus países de origen.
Una familia que eligió criar a su hijo en la ruta
Entre los testimonios también sobresalió la historia de María Ángel y Marcos, una pareja venezolana que residió durante más de una década en Chile y que actualmente recorre Sudamérica junto a su hijo Juan Diego, de cinco años, y su mascota.
La decisión de emprender el viaje estuvo estrechamente vinculada a la crianza de su hijo. Ambos explicaron que deseaban participar activamente en su crecimiento y ofrecerle una perspectiva diferente del mundo.
Según relataron, la vida laboral en una gran ciudad los obligaba a permanecer muchas horas fuera de casa, situación que los llevó a replantearse sus prioridades familiares.
“No queríamos que otra persona criara a nuestro hijo mientras nosotros trabajábamos todo el día. Buscábamos estar juntos, compartir tiempo en familia y que pudiera conocer otras culturas”, señalaron.
Al igual que las demás parejas, financian el viaje mediante trabajos remotos vinculados a la informática, el diseño gráfico y diversas actividades que van surgiendo durante el recorrido.
La familia lleva más de dos años viajando y ha recorrido Chile, Argentina, Paraguay, Brasil y Uruguay, acumulando experiencias que consideran imposibles de vivir desde una rutina urbana tradicional.
La convivencia en espacios reducidos
Uno de los temas recurrentes durante la entrevista fue la convivencia dentro de vehículos que funcionan como verdaderos hogares compactos.
Los viajeros describieron sus motorhomes como pequeños departamentos equipados con cocina, baño y espacios para dormir, adaptados para satisfacer las necesidades básicas durante largos períodos de viaje.
Sin embargo, reconocieron que la cercanía permanente exige desarrollar habilidades de convivencia y respeto por los espacios personales.
Entre las estrategias que utilizan para evitar tensiones mencionaron la importancia de realizar actividades individuales, salir a caminar, hacer deporte o simplemente disponer de momentos de privacidad.
“La clave es apoyarse mutuamente y también saber cuándo cada uno necesita su espacio”, comentaron.
Entre la incertidumbre y la libertad
Más allá de los aspectos prácticos, los entrevistados destacaron el impacto emocional que genera una vida en constante movimiento.
Reconocieron que existen momentos de miedo, incertidumbre y dudas, especialmente al momento de planificar el viaje o enfrentarse a lugares desconocidos. Sin embargo, coincidieron en que las experiencias positivas terminan compensando ampliamente esas dificultades.
Los viajeros señalaron que la ruta les permitió crecer personalmente, adaptarse a situaciones inesperadas y desarrollar una mayor confianza en sí mismos.
Además, remarcaron que conocer personas de diferentes países y culturas constituye uno de los mayores aprendizajes del viaje.
“Uno descubre que hay mucha más gente buena de la que imaginaba. Los lugares y las personas terminan derribando muchos prejuicios y temores”, afirmaron.
El valor de vivir el presente
Durante la charla también surgió una reflexión compartida sobre el significado de la libertad.
Varios de los entrevistados explicaron que, aunque continúan trabajando para sostener económicamente el viaje, sienten una diferencia fundamental respecto de sus antiguas vidas laborales.
Trabajar frente a un lago, una montaña o un paisaje natural les genera una sensación de bienestar que difícilmente encontraban dentro de una oficina.
La posibilidad de despertarse cada día en un lugar diferente, conocer nuevas personas y disfrutar de experiencias únicas aparece como uno de los principales beneficios de este estilo de vida.
Al mismo tiempo, reconocieron que cada despedida implica emociones encontradas. Los vínculos que construyen en el camino y los lugares que llegan a sentir como propios quedan atrás cuando la ruta los invita a continuar.
Una experiencia que transformó sus vidas
A pesar de los desafíos económicos, climáticos y emocionales, ninguno de los entrevistados manifestó arrepentimiento por la decisión tomada.
Por el contrario, coincidieron en que la experiencia les permitió replantear prioridades, fortalecer relaciones y descubrir nuevas formas de entender el mundo.
Mientras continúan avanzando por las rutas de Sudamérica, estas familias y parejas mantienen intacta la convicción que los impulsó a partir: cambiar la rutina por la aventura, el estrés por la tranquilidad y la estabilidad tradicional por una vida marcada por la libertad, los encuentros y el permanente descubrimiento de nuevos horizontes.