Las modas hoy, beneficios y riesgos…4ª Entrega
La mayoría crecemos con situaciones de violencia inadvertida o naturalizada, hasta determinado momento no tenemos conciencia de ella; para empezar a actuar, en prevención o tratamiento, es necesario visibilizarla o reconocerla, poniendo en evidencia los diferentes tipos existentes.
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En todas las sociedades, la lucha contra la violencia se considera una tarea que le corresponde exclusivamente a las autoridades policiales y judiciales y a las instituciones. Sin embargo, esta lucha nos corresponde a cada uno de nosotros, desde nuestros roles en la sociedad. Es más fácil aceptar que la violencia no es propia de ciudadanos decentes, sino de excluidos y desvalorizados delincuentes; desde estas interpretaciones comienzan las equivocaciones o errores conceptuales. Es así como la violencia puede convertirse en una manera de vivir, en una forma aceptada de conducta, respaldada por los hábitos populares, en otras palabras, se transforma en una subcultura. Existen numerosas teorías sobre su origen, pero ninguna teoría por sí sola puede explicarla. La naturaleza nos da capacidad para la violencia, pero de la circunstancia social depende que ejerzamos esa capacidad y la forma de efectivizarla. La violencia no es universal, ni inevitable, ni es instintiva, hay individuos y grupos que muestran un alto grado de violencia, y otros que muestran muy poca. Con respecto al aprendizaje, si la violencia tiene éxito, habrá una posibilidad de volverla a utilizar; por lo tanto, el aprendizaje de la agresividad desempeña un papel destacado, desde la forma de hablar, hasta las actitudes y conductas. Otros factores que pueden favorecerla son las condiciones de frustración; se ha visto que los casos de violencia doméstica, aumentan en condiciones de pobreza, desempleo, el aislamiento durante la pandemia o la pérdida de un partido de football para los hinchas y el consumo de bebidas alcohólicas; ha sido especialmente evidente el tema de la convivencia en el aislamiento durante la pandemia. Otros factores que se han asociado con la violencia son el género, siendo más frecuente en varones, en condiciones de hacinamiento y en relación con características de la personalidad.
La violencia institucional, no suele ser reconocida como tal; dentro de ella se halla el trabajo infantil, situaciones no protegidas por el estado, como consecuencia del aumento de la pobreza; la deambulación hasta altas horas de la noche, pidiendo limosna y viviendo en situación de calle. Toda práctica estructural de violación de derechos por parte de funcionarios pertenecientes a fuerzas de seguridad, fuerzas armadas, servicios penitenciarios y efectores de salud en contextos de restricción de autonomía y/o libertad, como la detención, encierro, custodia, guarda, internación, etc. debe ser considerada violencia institucional.
El punto de partida para el desarrollo de competencias en la desarticulación de las espirales de violencia, es la detección de estos hechos, la reflexión sobre los orígenes y el ataque de las causas, mediante la reeducación.
“Bienaventurado el hombre que no espera nada, porque nunca será decepcionado” Alexander Pope