Las modas hoy, beneficios y riesgos…7ª Entrega
Hablamos de acoso escolar o bullying, cuando el acosador o acosadores, intimida y hostiga repetidamente hasta conseguir el aislamiento y exclusión social. Estas amenazas y agresiones verbales ganan intensidad de manera gradual y suelen producirse en privado: cuando el acosado se encuentra solo en el patio, en los baños, a la salida. Es frecuente que la víctima oculte la situación a su familia, profesores y compañeros.
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El acosador, al no tener consecuencias, refuerza su poder y el acoso aumenta con el tiempo. Este fenómeno, es conocido como: “ley del silencio”. Factores como el miedo del niño/a que las amenazas se cumplan tras denunciar, la sensación de culpabilidad, de que nadie le ayude o crea, la baja autoestima o los síntomas de depresión llevan a la víctima a callar y encubrir al acosador. Cuando la violencia en las aulas se traslada al mundo digital se le denomina ciber-acoso escolar o ciber-bullying. El acosador, bajo el escudo protector de la pantalla, aprovecha las redes sociales y los grupos de WhatsApp para hostigar, burlarse y difundir detalles sobre la víctima. Las consecuencias emocionales en el acosado son las mismas que dentro del contexto real: depresión, ansiedad, aislamiento, fobia escolar. El ciber-acoso tiene varias peculiaridades que lo agravan. La primera es la velocidad en la que se intensifica el hostigamiento, puesto que el acosador, como ya se ha indicado, se siente protegido por la pantalla. Y no olvidemos la rapidez con la que se difunde la información a través de las redes sociales. La segunda tiene que ver con los espectadores; es habitual que los compañeros se conviertan en cómplices, propagando las burlas y los hechos. Por último: se halla la dificultad de las familias y educadores para descubrir la situación que se está viviendo o aconteciendo. Numerosos estudios coinciden al concluir, en que los agresores, comparten los siguientes rasgos: Comportamientos desafiantes como consecuencia de una percepción negativa de sí mismos y faltos de afecto. Son impulsivos, tienen poca tolerancia a la frustración y baja capacidad de autocrítica. Suelen sufrir problemas familiares, a veces con padres demasiado permisivos; en otros casos, viven situaciones violentas dentro de su núcleo familiar. El rasgo más común y reiterado: son personas sin empatía ni habilidades sociales y con pocos recursos en la resolución de conflictos.
El frenar el bullying escolar, es un trabajo de todos y por el bien de todos: la víctima debe apartar el miedo y efectivizar la denuncia; los espectadores no deben adoptar el rol de cómplices; las familias deben educar en valores y en el uso de las tecnologías y las redes a sus hijos; y, por supuesto, del equipo educativo de la escuela, para la buena convivencia; es clave que profesores y psicopedagogos cuenten con formación suficiente en la detección, prevención e intervenciones sobre la violencia escolar.
Dr. Bernardo “Cacho” Gandini
“Las mejores amistades son aquellas en las que hay simetría”
Anónimo