“Lo Frizzo”, una tradición carnavalera
Con la llegada del verano y más precisamente con la llegada del Carnaval más divertido del país, la parrilla “Lo Frizzo” escribe un nuevo capítulo en su libro de historias veraniegas. Libro que viene escribiendo hace más de 15 años, incluso antes de que comenzara a vibrar el Corsódromo.
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La parrilla, ubicada en Avenidia Illia al 700, en frente a las instalaciones del Corsódromo, es un negocio familiar, con casi dos décadas de historia. Iniciado por Daniela Soria y su mamá, tuvo sus comienzos de manera precaria, con tablones que simulaban un piso, para tapar las zanjas, que por la década del 2000 se encontraban abiertas, y un churrasquero, donde comenzaron a colocarse los primeros chorizos, que, con el paso de los años, se convertirían en una cita obligada "post Carnaval". Así empezaron, vendiendo choripanes y cerveza "al paso". Hoy, después de casi veinte años, el negocio sigue en pie y ha crecido de maneras impensadas para sus mentores.Hoy, Daniela se encuentra trabajando en la cocina, mientras que Luciana y Antonella, sus hijas, son las caras visibles de "Lo Frizzo". Ambas, junto con un gran equipo de trabajo conformado por mozos y asadores, entre los cuales se encuentra "el Negro", su papá, trabajan de manera incansable, todos los fines de semana de Enero y Febrero, para llevar a sus clientes, los mejores productos.Pasar por "Lo Frizzo", una vez culminado el carnaval, se ha convertido, para la gran mayoría de la población gualeya, en una obligación. No solo después, sino antes y durante el Carnaval, muchos elijen pasar a degustar cualquiera de las delicatesen que ofrecen: pizzas, hamburguesas, panchos, papas fritas, choripanes, bondiola, vacío. Por estas cuestiones, la familia no tiene un horario de apertura del local, y mucho menos de cierre. Varias noches han comenzado a vender porque la gente se agolpa en las instalaciones con preguntas como "¿Cuánto falta para que estén listos los choripanes?", y en ese mismo momento los asadores empiezan a colocar la comida en la parrilla. Al finalizar el carnaval, los horarios y las personas conglomeradas en el local, son impensados, han llegado a cerrar sus puertas los domingos a las 11a.m, porque la gente sigue consumiendo y la familia no sabe cómo decirles que ya tienen que cerrar."Lo Frizzo" es una tradición que va de la mano con el Carnaval. Y para que funcione como tal, los Frizzo trabajan todo el año, pagando impuestos, poniendo todo en regla y, de lunes a lunes, en verano, para poder brindar un buen servicio los fines de semana. Si bien abren viernes, sábados y domingos, los primeros días de la semana los encuentran pagando a proveedores, descargando mercadería, armando pedidos, reponiendo.Desde hace quince años, que para ésta familia, en verano no existen los casamientos, ni los cumpleaños, ni mucho menos las vacaciones. Hace casi dos décadas que no conocen lo que es una noche de Carnaval desde adentro, que solo conocen la fiesta por videos, por anécdotas de amigos y por lo que escuchan cruzando la calle. Es que el trabajo que realizan es de tal magnitud y lleva tal dedicación que no pueden dejarlo. Por ello son tan conocidos, respetados y recomendados, desde turistas que se han vuelto frecuentadores de éste local, hasta todos los gualeyos, que tienen la cita obligada durante los sábados de carnaval.Al común de las personas, le molestaría esperar en una cola para comer un choripán; en "Lo Frizzo" esa molestia desaparece y se transforma en charlas, risas y buenos momentos compartidos, con música de fondo, pantalla gigante y merchandising para llevar.La familia está sumamente agradecida por el fenómeno que la gente de Gualeguay les hace vivir todos los veranos, ellos no pueden poner en palabras lo que genera este negocio transmitido de generación en generación, y que año a año crece cada vez más con el apoyo y la recomendación de las personas. Pero están fehacientemente convencidos de que la panza llena de sus clientes, les pone el corazón contento a cada uno de los miembros de esta familia.
