Los papas, la Madre y la Argentina
Durante las primeras décadas del siglo XIX, el sacerdote llamado Mastai Ferratti venido de Italia cruzó por nuestras pampas y dice la historia que pasó por el santuario de Luján en misión diplomática: unos años más tarde fue elegido sucesor de Pedro y tomó el nombre de Pío IX (fue beatificado por Juan Pablo II).
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El papa León XIII coronó solemnemente las imágenes de Itatí, del Valle y Luján como
reconocimiento de la fe mariana de nuestro pueblo.
En el año 1934 el cardenal Paccelli (luego Pío XII) fue a rezar a Luján en el contexto del
Congreso Eucarístico Internacional que se llevó a cabo en Buenos Aires.
San Juan Pablo II realizó su primera visita del 11 al 12 de junio de 1982 en plena Guerra de
Malvinas, dos días antes de la rendición argentina): Llegó como un “peregrino de la paz”
tras haber visitado el Reino Unido. Ofició una multitudinaria misa en la Basílica de Luján,
donde dejó su Rosa de Oro. Celebró otra misa en el “Monumento a los Españoles” en
Buenos Aires ante una multitud que clamaba por la paz.
La Segunda visita de Juan Pablo tuvo lugar entre el 6 y el 12 de abril 1987: Gira pastoral y
la Jornada Mundial de la Juventud invitado por el Episcopado argentino en agradecimiento
por la mediación del Vaticano en el Conflicto del Beagle. Visitó 10 ciudades y provincias
argentinas: Buenos Aires, Bahía Blanca, Viedma, Mendoza, Córdoba, San Miguel de
Tucumán, Salta, Corrientes, Paraná y Rosario. Presidió la II Jornada Mundial de la
Juventud con una masiva misa de Domingo de Ramos en la Avenida 9 de Julio.
Por supuesto creo que a todos los argentinos nos hubiera gustado que viniera el papa
Francisco (QEPD).
Ahora León XIV llega a nuestras tierras como “Piedra de la Iglesia” (Mt 16), para
confirmarnos en la fe (Lc 22), como pastor Unido al Pastor; él es el Obispo de Roma y
centro de unidad de todas las iglesias. Y de nuevo el “sucesor de Pedro” estará junto a la
Madre del Luján.
Quizá nos ayuden a entender lo que es un papa aquellas palabras de Juan Pablo II al
comienzo de su pontificado: “… la misión de Cristo —Sacerdote, Profeta-Maestro, Rey—
continúa en la Iglesia. Todos, todo el Pueblo de Dios participa de esta triple misión. Y
quizás en el pasado se colocaba sobre la cabeza del Papa la tiara, esa triple corona, para
expresar, por medio de tal símbolo, el designio del Señor sobre su Iglesia, es decir, que
todo el orden jerárquico de la Iglesia de Cristo, toda su “sagrada potestad” ejercitada en
ella no es otra cosa que el servicio, servicio que tiene un objetivo único: que todo el Pueblo
de Dios participe en esta triple misión de Cristo y permanezca siempre bajo la potestad del
Señor, la cual tiene su origen no en los poderes de este mundo, sino en el Padre celestial y
en el misterio de la cruz y de la resurrección”.
Que la presencia de la Madre en nuestras vidas, y nuestra unidad con el sucesor de Pedro
nos ayuden una vez más a participar de esa “misión” cada uno de acuerdo a su vocación.
Que los dirigentes escuchen su voz para que podamos pasar –como León lo sugiere- desde
la «cultura del poder» a la «civilización del amor».