María del Carmen Delgado, memoria viva del barrio Islas Malvinas: “Toda la vida luchamos para salir adelante”
A sus 88 años, María del Carmen Delgado conserva intacta la memoria de un barrio que vio nacer y crecer prácticamente desde sus orígenes. Sentada frente a su casa, en una tarde tranquila del barrio Barrio Islas Malvinas, repasó junto a El Debate Pregón más de siete décadas de historia marcadas por las inundaciones, la pobreza, el trabajo desde la infancia, la solidaridad vecinal y la transformación de una comunidad que pasó de los ranchos de paja y barro a convertirse en uno de los sectores más consolidados de la ciudad.
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Su relato no sólo reconstruye el crecimiento del barrio, sino también la vida de cientos de familias humildes que hicieron del esfuerzo cotidiano una forma de supervivencia y de construcción colectiva.
“Hace 78 años que vivo en el mismo lugar”, cuenta María del Carmen con serenidad. Llegó siendo apenas una niña de 10 años junto a sus padres y nueve hermanos. “Éramos diez hermanos y mis padres. Ahora quedamos solamente dos hermanas acá”, relata.
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Los años del barro, los ranchos y las crecientes
Cuando María del Carmen recuerda los primeros años del barrio, la imagen es muy distinta a la actualidad. Las viviendas eran ranchos de paja con techos de chapa, las calles eran senderos de tierra y barro, y las inundaciones golpeaban una y otra vez a las familias.
“Acá era puro rancho. Cada creciente nos dejaba cada vez con menos cosas. Mi mamá volvía a embarrar el rancho y empezábamos de nuevo”, recuerda.
Las inundaciones de 1959 y 1963 quedaron grabadas en su memoria como algunos de los momentos más difíciles. Durante meses debieron abandonar sus hogares y refugiarse en casas prestadas por vecinos de zonas más altas.
“Estuvimos muchísimo tiempo afuera porque no teníamos nada. Apenas una cama y un colchón para cada uno. Nadie te daba ropa ni calzado, cada uno se arreglaba como podía”, explica.
En aquellos años, donde hoy pasa la ruta existía la llamada “calle ancha”, el principal acceso al barrio. Todo alrededor era barro, callejones angostos y terrenos anegados.
“Nosotros íbamos a la Escuela Nº 4 caminando entre el barro. Pero igual íbamos. Había que seguir”, cuenta.
Infancia marcada por el trabajo y la pobreza
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La pobreza atravesó gran parte de la infancia de María del Carmen y sus hermanos. Sin embargo, asegura que nunca faltó el esfuerzo familiar para salir adelante.
“Éramos muy pobres, pero no pasamos hambre porque todos trabajábamos”, señala.
Ella comenzó a trabajar como niñera a los nueve años. Sus hermanos juntaban vidrio, huesos o cualquier elemento que pudiera venderse para aportar algo a la casa.
“No había trabajo. Había que salir a buscar cualquier cosa para llevar un granito a la mesa”, recuerda.
Mientras su madre trabajaba, llevaba comida en una olla para los hijos más pequeños que quedaban en la casa. Con el paso de los años, algunos de sus hermanos emigraron hacia otras provincias en busca de oportunidades laborales, mientras otros permanecieron en el barrio.
El crecimiento del barrio y la llegada de los servicios
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Con el tiempo, el barrio comenzó lentamente a transformarse. María del Carmen recuerda especialmente el papel de antiguos funcionarios y vecinos que impulsaron mejoras fundamentales para la comunidad.
“Nos juntábamos entre vecinos para pedir la luz, las cloacas y el cordón cuneta”, relata.
En ese contexto menciona con especial afecto a el ex intendente José Jodor, a quien define como una figura clave para el desarrollo del barrio.
“Para nosotros fue como un padre. Se preocupaba muchísimo por la gente. Venía temprano y preguntaba qué necesitábamos, cómo podía ayudar”, recuerda emocionada.
Gracias a esas gestiones llegaron servicios básicos que durante años parecían imposibles: electricidad, cloacas, cordón cuneta y mejoras en las calles.
Durante décadas, además, los vecinos convivieron con graves problemas sanitarios. María del Carmen recuerda que antiguamente las cloacas del resto de la ciudad desembocaban en las calles del barrio.
“No se podía vivir del olor terrible que había. Por suerte eso ya no pasa más”, explica.
Una comunidad construida desde la solidaridad
Más allá de las dificultades, María del Carmen destaca que la solidaridad entre vecinos fue uno de los pilares fundamentales en la historia del barrio.
“Siempre nos ayudamos entre todos”, resume.
Esa ayuda mutua aparecía en tiempos de inundaciones, en la construcción de viviendas o en la búsqueda de mejoras para el barrio. También formó parte de su vida personal.
“Yo siempre fui de ayudar a la gente. Si alguien necesitaba algo, trataba de colaborar”, cuenta.
Incluso hoy, a pesar de los problemas de salud que enfrenta, continúa recibiendo visitas, conversando con vecinos y manteniendo vínculos con la comunidad.
Tiene cuatro hijas, nueve nietos y seis tataranietos. Muchos de ellos crecieron también en el barrio, aunque algunos se radicaron en otras provincias.
“Mis hijos nacieron acá y mis nietos también”, dice con orgullo.
Los cambios sociales y una vida entera en el barrio
Con el paso de las décadas, el barrio Islas Malvinas también atravesó cambios sociales importantes. María del Carmen reconoce que hubo épocas difíciles en materia de seguridad, especialmente cuando comenzaron a reunirse grupos de jóvenes en la plaza del barrio.
“Antes venía gente de otros barrios, hacían ruido hasta la madrugada y robaban cosas de los terrenos”, recuerda.
Sin embargo, considera que la situación actual es más tranquila y destaca la presencia policial en la zona.
“Ahora la policía pasa a toda hora y la calle es muy tranquila”, afirma.
También mencionó los proyectos para instalar una comisaría y un cuartel de bomberos, iniciativas que los vecinos observan con expectativa.
Actualmente participa además de un taller de reciclado impulsado en el barrio, una actividad comunitaria que reúne a vecinos y adultos mayores.
El deseo de permanecer en su hogar
A pesar de las dificultades vividas, María del Carmen asegura que nunca pensó seriamente en abandonar el barrio.
“Yo no me quiero ir. Tengo mi casa, mi hogar, toda mi vida está acá”, expresa.
Recuerda que en algún momento familiares le propusieron mudarse a otro sector de la ciudad, pero decidió quedarse.
“Tantos años acá… no lo dejaría”, afirma.
La vivienda donde hoy vive su hermana fue la misma casa donde nacieron y crecieron. Allí permanecen todavía los recuerdos de una infancia humilde, de los años de lucha y de una comunidad que fue creciendo con esfuerzo colectivo.
Fe, familia y memoria
Profundamente creyente, María del Carmen sostiene que la fe fue otro de los motores que la ayudó a atravesar momentos difíciles, incluidos problemas de salud recientes que la mantuvieron internada varios días.
“Yo siempre digo que Dios nos manda bendiciones y por algo sigo viviendo”, expresa.
A lo largo de la entrevista, su historia se entrelaza con la del barrio Islas Malvinas: una historia de carencias, trabajo, solidaridad y perseverancia.
Desde los antiguos ranchos de paja hasta las calles actuales con servicios y mejoras, el relato de María del Carmen Delgado refleja el recorrido de generaciones enteras de vecinos que hicieron crecer el barrio con sacrificio y esfuerzo cotidiano.
“Fue una vida dura, pero muy linda”, resume con emoción, mientras observa la calle donde transcurrió prácticamente toda su vida.