“Ni la tierra, ni las mujeres somos objeto de conquista”
En un contexto marcado por la incertidumbre parlamentaria y tras la baja de capítulos clave en el debate por la venta de tierras, la referente del PJ de Gualeguay ofrece una mirada contundente. Daniela Morales analiza las implicancias económicas y ambientales para la provincia y expone la cruenta trama que une la defensa del territorio con la lucha por los derechos de género, ejemplificando con el caso de la senadora Anabel Fernández Sagasti.
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EDP: ¿Cuál es su opinión general sobre la ley de tierras?
Para comprender la magnitud de lo que se discute, primero debemos repensar el concepto de Soberanía. Es el elemento fundante de todo Estado, definido como el poder político supremo, la autoridad independiente y la libertad de un pueblo para decidir sobre su propio territorio, sus leyes y su destino, sin interferencia de poderes externos. Sin embargo, cuando quienes deben resguardar el patrimonio nacional se ponen al servicio del mercado y los capitales extranjeros, lamentablemente se debaten y aprueban este tipo de normas.
Mi posición respecto a la denominada “Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada” es la misma que comparten quienes vemos nuestro suelo como madre y raíz: es aberrante que pretendan despojarnos de él.
EDP: ¿Qué impacto directo anticipa para nuestra provincia y el departamento Gualeguay?
Las consecuencias son profundas y multifacéticas. En primer lugar, hay un impacto económico y laboral. No solo perdemos el control sobre nuestro propio suelo, sino que la historia demuestra que a mayor concentración de tierras, hay menos trabajo genuino y menos desarrollo industrial, reduciendo los ingresos en las arcas de la provincia y los municipios.
Paralelamente, la pérdida es ambiental y es urgente visibilizarla. No se trata solo de la contaminación y explotación del suelo, sino de lo que yace debajo de nuestros pies: el Acuífero Guaraní, una de las mayores reservas de agua dulce del planeta. Aunque muchos lo ignoren, estos recursos son vitales y estratégicos para nuestra supervivencia y para la preservación de la flora y fauna de nuestra localidad.
EDP: Usted plantea un vínculo estrecho entre esta disputa y la cuestión de género. ¿Por qué tiene impacto en esta definición?
No es casualidad. Los cuerpos de las mujeres y las diversidades siempre sufren un doble impacto cuando los golpes son políticos, económicos, culturales y físicos. No es victimización ni exageración, sino visibilizar la interseccionalidad del género en la trama social. Estamos ante la contienda política más clara entre modelos antagonistas: uno soberano y otro extranjerizante. Y dentro del entramado del “poroteo” legislativo, esta realidad se vuelve tangible.
El caso de nuestra compañera Anabel Fernández Sagasti, senadora y Presidenta del PJ de Mendoza, es ejemplar. Ella está atravesando la semana 32 de un embarazo deseado, a sus 42 años. Por indicación médica estricta, se le prohibió viajar. Solicitaron a la Presidenta del Senado que se la habilite para votar de forma virtual, algo que ya funcionó perfectamente durante la pandemia, garantizando la veracidad de su voto. Aunque fue concedido inicialmente, ahora está en manos del oficialismo y sus aliados confirmar esta posibilidad.
EDP: ¿Qué lectura hace de esta situación legislativa?
Anabel defiende a Mendoza y a la soberanía del país desde hace décadas. Ella es una más de las que defendemos nuestros cuerpos, nuestras tierras y nuestros gurises. Ahora, queda en evidencia la verdadera postura del oficialismo: veremos si su compromiso con la Democracia es más fuerte que su compromiso con la embajada de EE.UU. y el FMI.
Como señalamos las feministas, la violencia nos toca a TODAS sin excepción. Por eso, una vez más, volvemos a decir con fuerza: ¡NI LA TIERRA, NI LAS MUJERES SOMOS OBJETO DE CONQUISTA! No podemos hablar de un país sin soberanía, ni podemos decir libertad si nos mensuran, nos canjean y nos venden.