Comenzamos a conmemorar “Día del Padre”
No es la carne y la sangre, sino el corazón, lo que nos hace padres e hijos
El Día del Padre está dedicado a celebrar al padre dentro de la familia con la intención de honrar la paternidad y la influencia del hombre en la vida de sus hijos. Teniendo en cuanta que “el mejor regalo para todo hombre son los hijos; y para todo hijo es tener un padre que lo guíe y lo proteja”, “El Debate Pregón” publica en dos ediciones vivencias, entrevistas y fotos.
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Victoria Tamaño: "Mi padre vive en mí"Mi papá no era de Gualeguay, siempre me pregunté a modo de ejercicio de la imaginación, cómo hubiese sido la historia si la empresa donde él trabajaba se hubiese instalado en otra ciudad y no en ésta. Pero el destino, Dios o la sincronicidad del universo obraron para que él llegara a Gualeguay y encontrara a mi madre, por entonces una adolescente de 15 años, a quien un tiempo antes había visto, al pasar, en la ciudad de Victoria (no es casual tampoco que me hayan llamado así). Se casaron en diciembre del 55 y a partir de allí, comenzó a escribirse la historia de nuestra querida familia.Llegué a este mundo un caluroso febrero a integrar entonces, la familia Tamaño. Siendo la quinta hija mujer, y habiendo sido gestada en tiempos que aún no existían las ecografías, esperaban ansiosamente por fin "el varoncito". El día de mi nacimiento papá se encontraba fuera de la ciudad, por asuntos de su trabajo, y se enteró por teléfono que mamá "había dado a luz" a otra niña. Dicen que no lo creyó hasta que llegó esa tarde y comprobó la veracidad del nuevo milagro de la vida, otra mujercita. Siempre imaginé su rostro en ese momento, al verme y tomarme entre sus brazos.Cuando yo nací, mi papá tenía 38 años y mi mamá 30. Se habían casado doce años antes y en ese lapso y con esa juventud, ya eran padres de cinco hijas. Poco tiempo después nació mi hermano, y con él, dieron por finalizado el proyecto de hijos a quienes nos dedicaron su vida por completo.Mi papá trabajaba todo el día, tengo recuerdos de mi infancia cuando lo esperaba en la ventana de la cocina y corría a su encuentro, o los regalos de cumpleaños que nos hacía, generalmente libros (todavía conservo uno que me regaló cuando yo habré tenido 8 años, de Fryda Schultz de Mantovani). Lo recuerdo haciendo los asados sagrados del domingo, coleccionando libros y revistas de grandes pintores y explicándonos acerca de cada uno de ellos, novelas, enciclopedias porque los libros en mi casa nunca faltaron, por suerte, recuerdo el vínculo de amor con mamá, su buen trato, las noches de verano en el patio mirando el cielo estrellado y enseñándonos las constelaciones, sus cuentos sobre el campo creando un clima especial mediante todos los recursos del lenguaje que utilizaba porque además, era un gran narrador, lo recuerdo comprando pinceles y óleos porque amaba pintar, los preparativos de los viajes a La Paz cada 30 de diciembre, fecha en que se reencontraba con sus padres y sus hermanos y su rostro se iluminaba sabiendo que partíamos rumbo al norte entrerriano donde cada viaje era una verdadera aventura. Volver a reencontrarse con su padre a quien no sólo amaba sino que sentía por él una profunda admiración. Con el tiempo me di cuenta lo que habrá significado para él volver a "sus pagos", ya que si bien eligió Gualeguay para arraigarse, nunca dejó de tener su alma en aquellos lugares que lo marcaron para siempre. "Mi libro de Otoño", el valioso testimonio donde están plasmadas sus memorias, es un claro ejemplo de su gran nostalgia.Fue un hombre bueno, íntegro, honesto, amoroso, sensible, generoso, fuerte, que trabajó toda su vida para que a nosotros no nos faltara nada, que logró sobreponerse a muchas adversidades saliendo adelante, siempre trabajando y enseñándonos con su ejemplo, que nunca hay que darse por vencido.Un padre preocupado y ocupado por nuestra educación, un padre presente, un padre protector de su familia y que siento que hoy nos sigue protegiendo desde otro lugar.No es casual que me hayan invitado a escribir estas palabras anticipándonos al día del padre hoy, 12 de junio, cuando se cumplen 15 años desde que él dejó de estar físicamente junto a nosotros. Y aunque su ausencia duela y sea enorme, también sé, porque lo siento, que nunca dejará de existir, ya que vive en cada uno de nosotros, en mamá, en sus hijos y nietos, en cada paisaje entrerriano que le gustaba pintar, de caballos, montes, en los cielos que nos llevan a sus cuadros, en cada frase que decimos "papá hubiese dicho...", en cada gesto que nos recuerda a él. Eligió Gualeguay para quedarse y dejar su descendencia, acá plantó árboles, acá escribió sus memorias. Victoria Tamaño, hija de Mario y Zélika
