Nuevo aniversario de la ciudad de Gualeguay
Ante un nuevo aniversario de nuestra querida ciudad de Gualeguay vienen a mi memoria una sucesión de imágenes de mi pueblo, captadas a lo largo de mi vida. En ellas aparecen rostros y paisajes, instantáneas de rincones característicos que nos identifican como una de las ciudades entrerrianas que, a pesar de lamentables despojos en pos de una modernidad que no entendemos, que nos cuesta admitir, conserva su identidad. Cuando me acerco al río, no encuentro aquel que nos abrazaba mansamente, con la caricia de sus añejos sauces, el que contemplara Juan L en sus largas tardes de meditación y poesía, el que inspirara a Alfredo Veiravé años después.
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En su lugar tenemos un nuevo paisaje, tal vez tan bello como aquel, no lo niego, pero distinto, porque en lugar del río que se deslizaba sin premura, hoy se encuentra el reservorio, aguas quietas que nos muestran un espejo que refleja el verde de la vegetación de la costa. Reconozco su belleza, aunque no es nuestra auténtica imagen, la de nuestra niñez y adolescencia, la de nuestros poetas, las que cantaran nuestros músicos. Escucho aún el sonido lejano de la guitarra de Higinio Cáceres en aquellas noches de verano plagadas de canciones. Rumores, palabras, melodías, ecos del ayer que también nos hablan de un Gualeguay lejano que, cada tanto vuelve, para recordar nuestros orígenes, nuestra raíz entrerriana, nuestra idiosincrasia. Ya no escucho tus pasos acercándote por las veredas del ayer, ni descubro las campanillas en los cercos de aquel humilde rancho camino al río, donde habitaba gente sencilla de sonrisa franca y mirar sincero, los que algún día nos permitieran juntar flores para nuestros juegos infantiles.Puedo leer las mismas poesías que alimentaron mi alma de muchacha soñadora, pero mis sueños son otros, la magia es otra.Ya no está el aljibe, ni la reja, ni los pasos de mi padre llegando al patio en aquella tarde de verano. Sólo son remembranzas que perduran en mi mente y en mi corazón, semejantes a las tuyas, porque hemos vivido este querido Gualeguay con la misma esperanza y la misma fe de un mundo mejor, aunque conservemos intactos los recuerdos del ayer. Hemos compartido parecidas imágenes, conservamos fotos que nos recuerdan felices momentos vividos en diferentes rincones de nuestro terruño, y guardamos en nuestro corazón la esperanza de que, pasado el tiempo, nuestros hijos y nietos conserven ese Gualeguay que sueña y alimenta su espíritu en este paisaje único del que abrevaron nuestros poetas, el de la serena belleza, sin estridencias, pero con la infinita gracia de la luz y el color entrerriano.Es ese paisaje que admirara Quirós, el mismo que supo reflejar en sus cuadros, el que lo inspiró cuando, casi niño, comenzó a descubrir su verdadera vocación. Quiero abstraerme en ese paisaje quieto, casi dormido, rodeado de profundo silencio, sólo con el suave rumor de la brisa atardecida, o el de los trinos de las últimas aves, a veces interrumpido por el sonido de las campanas de la Parroquia San Antonio. Quiero volver a ese lenguaje austero, el de nuestro paisaje, el que alimentara mis sueños, los mismos de cualquier muchacha gualeya. Sólo son reminiscencias que identifican mi propia existencia, la que hoy, en el anochecer de su vida, sueña los mismos sueños tuyos.Zélika Alarcón de Tamaño
