Pandemia: Sin mapas ni candados
La inesperada aparición de la pandemia nos ubicó en una situación inédita que nos interpela y obliga a buscar soluciones nuevas.
:format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/321/0000321925.jpg)
Los sistemas de salud y educación respondieron rápidamente a la crisis. La temprana aparición de casos en nuestra ciudad, que estuvieron entre los primeros del país, llevó inmediatamente a tomar medidas para equipar y reacondicionar el hospital, trabajo para destacar por parte de las autoridades del nosocomio local que inmediatamente articularon con el municipio la descentralización de los servicios del hospital en los Cics y la Asistencia Pública. Para ello, contaron con el apoyo del Concejo Deliberante que otorgó validez legal a la medida.Desde el ámbito educativo también articularon una respuesta rápida frente a la crisis valiéndose para eso de la tecnología, no sin contradicciones y desafíos, pero lo cierto es que han logrado asegurar la continuidad del ciclo lectivo preservando la salud de los chicos desde sus casas.Por supuesto que siempre existirán errores y cosas para mejorar, pero estos son entendibles en el marco de una situación nunca antes vista para la cual no existen manuales ni experiencias previas. Con todo, es de destacar las respuestas que se han dado en los ámbitos de salud, educación y seguridad, pilares del servicio que debe garantizar el estado, más aun teniendo en cuenta que, en su mayoría, son decisiones comandadas por nuevos actores que no llevan más de tres meses en sus cargos. Así por ejemplo, el director del hospital, Dr. Jorge García, asumió poco antes del estallido de esta crisis. A la luz de esto se puede dimensionar la tarea titánica que se ha venido desarrollando desde el hospital en tiempo récord, contando para ello con el invaluable aporte de la comunidad.La tan castigada salud pública constituye hoy la última línea de defensa frente a la existencia de un virus para el cual aún no existen vacunas ni tratamientos. Poco importan en este momento las antiguas disputas partidarias por las competencias y obligaciones jurisdiccionales. Pasada la tormenta habrá tiempo para eso. Después de todo, la pandemia logró lo que nunca antes en nuestra ciudad: coordinar el trabajo de los efectores de salud públicos y privados, municipales y provinciales. Unió también en un trabajo mancomunado a oficialismo y oposición.Tamaño desafío enfrentan los oficialismos locales, provinciales y nacional. Deben comandar una crisis inédita sin mapas ni experiencias previas. La batería de medidas y contramedidas encuentra gran parte de su lógica en eso.Enfrente, una sociedad en cuarentena, agotada, que observa el desarrollo de la situación y aguarda con ansias el momento de retomar sus actividades y salir a la calle. En ese sentido, el candado de la cuarentena pareció ceder los últimos días y, con razón, ya se alzaron varias voces de alarma llamando a no bajar la guardia. Esto obligó también a reforzar la presencia policial en la calle.Sin vacunas ni tratamientos, las autoridades insisten incansablemente en la prevención, cuyos dos pilares fundamentales son las medidas higiénicas y el distanciamiento social. En este sentido, la cuarentena ha logrado ralentizar los contagios y aplanar la curva, pero la situación económica y la inexistencia de nuevos casos en nuestra ciudad ha mermado el acatamiento a la medida por parte de la comunidad, lo cual constituye un peligro cierto.En relación a ello, es entendible la necesidad de trabajar, no así la falta de responsabilidad por parte de algunos ciudadanos que no cumplen las indicaciones por motivos ajenos a una necesidad, sea laboral o de otro tipo. En ese sentido, como comunidad debemos replantearnos nuestro accionar en el marco de una situación de inusitada gravedad.La frazada cortaSatisfacer necesidades infinitas con recursos limitados es el desafío de toda sociedad y, pasada esta situación, las pujas distributivas estarán a la orden del día.Tal vez sea tiempo que nos replanteemos como sociedad determinadas estructuras y privilegios en función de las necesidades reales que hoy nos interpelan más visiblemente con la cruda cara de la salud.Necesitamos re determinar el valor de las funciones y su correspondiente retribución. Ya no queda margen para seguir viendo asombrados la injusta diferencia en las retribuciones económicas del personal de salud de todos los niveles (que hoy arriesga su propia vida), con la de altos puestos políticos, de dudosa contribución a la sociedad. Claro que eso quedará para después. Mientras tanto, quedémonos en nuestras casas.Rodrigo Cassella
