Para al Ing. Eduardo Núñez Homenaje a un estoico
La primera vez que Eduardo Núñez influyó en mi vida fue cuando dictó – junto con Oscar Vardé – una clase sobre ensayos triaxiales en un curso del CAI (Centro en 1974, a profesionales entre los que estaba Oscar Sfriso, mi padre (bajo mi brazo derecho en la foto). Papi volvió a casa ese día, tomó la cámara triaxial CIENTEC que todavía no sabía usar e hizo un ensayo triaxial escalonado, que graficó en un papel cuadriculado grande, papel que ahora es un cuadro amarillento en la pared de mi oficina. Fui testigo (y quizás colaborador) de aquel ensayo, yo tenía entonces 10 años.
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La siguiente oportunidad que tuve fue en 1987, cuando cursé Mecánica de Suelos. Pero no la aproveché. No asistí a teóricas - estaba casado, ya con dos hijos y trabajaba en una fábrica de Valentín Alsina. Rendí el final en 1989, después de leer los libros que tenía mi papá en casa - unos ocho o diez libros comprados al azar por un autodidacta. No me fue muy bien y (hoy) sé exactamente por qué. Núñez me puso un 7, quizás un puntito más que lo que yo me pondría hoy a mi mismo por aquel examen.Aprendí la lección. Cursé las teóricas de Mecánica de Suelos en 1989, 1990, 1991, 1992 y 1993, el año en que finalmente me recibí de ingeniero. El mismo día que me gradué, y antes de salir a la puerta donde me llenarían de harina, lo busqué a Núñez que también estaba tomando examen final y le dije "quiero hacer un doctorado y que usted sea mi Director". Aceptó, y me dio a leer algunos libros, entre ellos un congreso de Boulder de 1960 que es fundacional para la geotecnia moderna. Me dijo "lo veo la semana que viene". Entendí mal, y leí el libro de Boulder en una semana. ¿Cuánto entendí? En ese momento, casi nada.Fue entonces cuando me invitó a ir a su oficina, Maipú 42, Of. 224. Encontré a dos hombres solos, Eduardo y Roberto Núñez, su hermano arquitecto que oficiaba de secretario y archivo viviente. Fue la primera de infinitas reuniones en las que a lo largo de diez años el Profesor- por entonces ese era el nombre, con los años fue el Maestro - desgranó conmigo, uno por uno, todos los problemas que él consideraba que un buen ingeniero geotécnico debía saber resolver - y puedo dar fe que eran muchos, muchos esos problemas. Más de una vez, en cada reunión, paraba en seco, miraba al infinito y casi gritaba "Roberto, ¿te acordás donde estaba...?"Esas reuniones entre el Maestro y su discípulo fueron la síntesis del acto universitario, ese momento íntimo en el que alguien que quiere enseñar comparte lo que sabe con alguien que quiere aprender. Ambos se enriquecen, sin duda, pero más se enriquece el discípulo, que se endeuda con su Maestro. Él lo sabía y me lo dijo: "Usted no contrae una deuda conmigo sino con la Ingeniería, y va a tener que pagarla algún día". Estoicas macanas. A elegir siempre el camino largo me enseñó Eduardo Núñez, no "La Ingeniería". A hacer las cuentas en vez de imaginar su resultado, también. Viene su cara a mi memoria: "Tiene que ir a ver a Segado en 'Copenhague' en el San Martín. Tiene que oír a Bohr decirle a Heisenberg ¡Pero no hiciste la cuenta!" (el discípulo Heisenberg, del lado alemán, descartó que la bomba atómica fuera posible porque intuyó que sería necesaria demasiada energía para enriquecer uranio; hoy sabemos que falló su intuición, que Bohr sí hizo la cuenta en el proyecto Manhattan, y que su enojo con su discípulo no fue por su error, fue por su pereza)."Estoico" es la palabra que define a Eduardo Núñez. Me tocó la suerte de que él quiso enseñarme y que quiso apoyar mi carrera. Para un congreso en el año 2000 en el que él tenía que dar la conferencia de cierre, me pidió "prepare diez filminas sobre sus modelos numéricos". Las preparé y las expuse justo en el medio de su conferencia, con sala llena. Después me explicó lo que había pasado: "le di la alternativa". Claro, no entendí la frase hasta que la busqué, ya de noche en mi casa. (Casi) nunca me mostró sus emociones. Podía ser colérico, pero no rencoroso, y comentaba las miserias de los hombres con estoica resignación. Impreso en un papel A4 que colgaba de una chinche clavada en un mueble estaba su himno, el poema "Ítaca" que me leyó e hizo leer muchas veces. Cuando hace ya años me anunció que se volvía a su pueblo natal, Gualeguay, me dijo "está claro que voy allá a morir", pero yo no le di importancia a esa nueva estoica macana. Recordé a "Ítaca" y supe muy bien a qué iba a Gualeguay.En esta carrera, siento que desde el martes pasado tengo su posta. ------------------------------------------------------------(en recuadro)Ing. Alejo SfrisoVicepresidente para Sudamérica de la Sociedad Internacional de Mecánica de Suelos e Ingeniería Geotécnica. Se ha desempeñado como docente universitario desde 1989 en la UBA y desde 1996 y 2015 en la Universidad de La Plata, en las asignaturas Mecánica de Suelos y Fundaciones, Mecánica de Rocas, Mecánica de Suelos y Cimentaciones. Tiene más de 25 años de experiencia en consultoría y diseño de infraestructura y minas participando como consultor en muchos de los mayores proyectos de infraestructura de Argentina e incluso de otros países de Latinoamérica. ----------------------------------------------------N. de R.: Accedimos a este homenaje que le rinde el Ing. Alejo Sfriso al Ing. E. Núñez, quien falleció el 8 de julio pasado, por gentileza del Ing. Franco Forziati y que fuera publicado en la Red de Ingenieros Argentinos. El Ing. Sfriso destaca la valía del Ing. E. Núñez, un gualeyo que nos dejo hace poco. ------------------------------------------------------- por Alejo O. Sfriso Geotechnical Consultant and Managing Director at SRK Consulting (Argentina)
