Pbro. Pedro Brassesco: Su misión en Estados Unidos
“Para ellos fue ponerle rostro a los audios del Evangelio; para mí, renovar el entusiasmo de continuar difundiendo la Palabra de Dios”
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El padre Pedro Brassesco, sacerdote que conocemos y apreciamos desde el comienzo de su ministerio, realizó un viaje evangelizador a diferentes ciudades de Estados Unidos. Acerca de esta experiencia, Segunda Sección tuvo oportunidad de conversar con él.¿Cómo surgió esta misión por Estados Unidos?P.P. Brassesco: El viaje a Estados Unidos fue organizado por un grupo de laicos que diariamente envían los audios del Evangelio en ese país como una forma de difundir y animar en la fe. Muchos de ellos ni siquiera se conocían personalmente, pero ante la convocatoria que alguien hizo para hacer posible mi presencia, se fueron sumando y formaron un equipo con ese fin. Yo les había indicado las fechas posibles y ellos fueron recibiendo los pedidos y organizaron el recorrido, las charlas y retiros.¿Le asombró la repercusión de sus audios basados en la Palabra?P.P. Brassesco: Es increíble lo que estos audios se difunden tanto en Estados Unidos, como en otros países latinoamericanos. Lo pude comprobar por los testimonios, algunos de los cuales son conmovedores e incluyen conversiones y un acercamiento a la fe mediante la Palabra de Dios. Como les decía allá, es la fuerza de Dios que se va abriendo paso y llegando a través de medios insospechados. Si hubiera querido planificar o idear algo así, nunca se me hubiera ocurrido, ni me hubiera salido. Por eso tengo plena conciencia que solamente presto mi voz para que la Palabra llegue a las personas que Dios quiera llegar.¿Podemos hablar del número de personas que lo escuchan?P.P. Brassesco: Es imposible calcular cuántas reciben los audios porque la distribución más grande se hace a través de Whatsapp y grupos de Facebook. Alguien me mostraba que lo envía a veinte mil personas en un grupo. A su vez muchos lo reenvían a sus conocidos y familiares, por lo que la difusión se hace capilarmente. Me sorprendió, por ejemplo, que mientras estábamos tomando un café, una persona se acercó porque había reconocido la voz y en Orlando, en una misa, un matrimonio de Honduras que estaba de paso también me reconoció.¿Cuál fue el tema al que se dedicó en esta visita?P.P. Brassesco: La mayoría de las comunidades y parroquias había pedido que abordara el tema de la familia. Dos también habían solicitado que hablara sobre la misión de los laicos.Como la gente me conoce por las meditaciones del Evangelio, busqué partir de la misma Biblia, pero desde una perspectiva positiva. A veces siento que terminamos responsabilizando de todo a las familias de hoy, siendo que son muy importantes en la educación y la estructuración social, pero no determinantes. Si no, no se explicaría cómo de familias que no viven su fe han surgido personas muy devotas y hasta santos. Por eso fui mostrando cómo Jesús asume una historia humana en una familia cuyos antepasados no siempre son ejemplo de conducta moral. También vimos el tema de las crisis como oportunidad de crecimiento en las familias, el tema de la comunicación, la misión de la familia, la educación en virtudes como siembra y el llamado a la santidad. Busqué sobre todo brindar herramientas antes que señalar los peligros o lo que está mal, porque el diagnóstico sobre la realidad lo conocemos, pero ante los temores la gente necesita que se aporte luz y propuestas a la situación que viven.¿En qué lugares estuvo?P.P. Brassesco: La primera actividad fue en una parroquia de Fort Lauderdale, cerca de Miami, un retiro para familias. Luego tuve otras charlas en los días sucesivos y visitas a radios y programas de TV. Después viajé a Hartford, en Connecticut, al norte de Estados Unidos. Allí también tuvimos una charla una noche y un retiro durante el sábado. Después volé a Orlando donde hubo tres noches de evangelización abiertas al público en una comunidad de laicos consagrados. Luego regresé a Miami para otra charla en una comunidad, un retiro de una jornada y algunas misas en diferentes parroquias.En lo que hace a la misión, ¿cuáles son las conclusiones?P.P. Brassesco: Fue una actividad intensa, pero muy enriquecedora. Uno sabe que es más lo que recibe al poder conocer otros modos de vivir la fe y una cultura que, aunque parecida, tiene sus propias características. En el sur de Estados Unidos las parroquias tienen mucha vida sobre todo por la presencia de los inmigrantes latinos. Las misas están llenas y con diversos grupos bien organizados. Como la procedencia es muy variada, las comunidades se preocupan por la formación y la integración social y en la fe. Por eso buscan organizar este tipo de eventos al que generalmente concurren muchas personas. En el norte del país el panorama es distinto. La vivencia religiosa es más formal y está en baja, a tal punto que hay iglesias que han sido cerradas y están en venta por falta de fieles y de posibilidades de sostenimiento. Eso es impactante y en general hay como un mayor desánimo.¿En lo personal?P.P. Brassesco: En lo personal me sentí muy cómodo en todos lados. Ya había estado el año pasado en algunas parroquias, por lo que ahora me resultaba más familiar, ya que conocía algunas personas. Para ellos era como ponerle rostro a la voz que escuchan todos los días en el audio del Evangelio. Y a su vez significó un aliento para continuar con esta tarea que requiere constancia y que uno nunca puede estimar los frutos. Sin dudas ha significado para mí un renovar el impulso y entusiasmo por seguir sembrando la Palabra de Dios, que es Él quien se encarga de hacer volar la semilla. --------------------------------------------------
