“Pedaleando por la Vida”: una llegada cargada de emoción y compromiso
Tras recorrer más de 200 kilómetros, la cruzada solidaria llegó a Gualeguay y fue recibida por una comunidad movilizada, entre abrazos, testimonios y un fuerte llamado a la concientización sobre el cáncer.
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La llegada de “Pedaleando por la Vida” a Gualeguay no fue simplemente el final de un recorrido. Fue el punto de encuentro entre el esfuerzo físico, la emoción acumulada y una causa que logró movilizar a toda una comunidad.
Después de dos jornadas intensas arriba de la bicicleta, los protagonistas, los hermanos Matías, Javier y Damián arribaron a la ciudad en medio de una recepción cargada de aplausos, lágrimas y abrazos. El cansancio era evidente, pero también lo era la felicidad.
“No damos más, no damos más… llegamos”, fue una de las primeras frases que se escucharon apenas finalizado el trayecto. Esta eran las palabras de Matias; “Llegamos con mucho esfuerzo, con mucha emoción… y ver esta cantidad de gente”, agregaron, todavía sorprendidos por el acompañamiento.
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Una travesía hasta llegar a Gualeguay
Pero detrás de esa llegada hubo una historia de ruta, esfuerzo y organización que detalló Javier, uno de los hermanos impulsores de la iniciativa, quien reconstruyó paso a paso la travesía.
“Empezamos el sábado bien tempranito, a las 5, 5:30 de la mañana. Arrancamos los tres hermanos y un amigo más hasta Zárate, con un clima hermoso, sin frío, sin calor, sin viento”, relató. El primer tramo, sin embargo, no fue sencillo: “Fue un poquito pesado, con subidas y bajadas”.
Desde allí continuaron hasta Ceibas, donde debieron hacer una pausa para reorganizarse. “Tuvimos que recibir un poco de asistencia, fue un tramo medio trunco, pero lo pudimos resolver”, explicó. Ya por la tarde, lograron instalarse en la ciudad, donde fueron recibidos por los bomberos.
“Compartimos con ellos un grato momento, comimos ahí y empezamos a preparar la segunda etapa”, recordó.
Fue en ese segundo tramo donde la travesía empezó a transformarse en algo más grande. “Se nos empezó a sumar mucha gente que nos venía contactando desde el primer día”, contó Javier. Entre ellos, ciclistas de distintas localidades, vecinos de Gualeguay e incluso historias particulares que se cruzaron en el camino.
“Se sumaron tres hermanas de Gualeguay, chicos de Cardales, Larroque —un ciclista que nos motivó con su historia—, y más gente que fue apareciendo en el camino”, detalló.
La salida del segundo día también fue temprano, pero con otras condiciones: “Salimos despacito, por la niebla y porque es una ruta nacional. Fuimos escoltados por bomberos de Ceibas”. A medida que avanzaban, el grupo crecía.
“En Médanos ya sabíamos que se iba a sumar más gente, y después se sumaron ocho ciclistas de Gualeguay. Cuando no podíamos más, apareció esa gente que nos dio una inyección anímica”, expresó.
La última parada antes de llegar fue en una estación de servicio, donde pudieron detenerse y dimensionar lo que estaban logrando. “Ahí nos dimos los abrazos que en el camino no podíamos darnos, porque había que estar concentrados”, explicó.
Desde allí partió la caravana final hacia la ciudad, en una escena que Javier describió como “tan linda y tan gualeya”, marcada por la participación masiva de vecinos.
En ese sentido, también dejó un mensaje importante sobre la seguridad: “No cualquiera debería salir a la ruta sin tomar los recaudos necesarios”, advirtió.
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Recibimiento
Ya en Gualeguay, el recibimiento superó todas las expectativas. “Fue inesperada la cantidad de gente y el apoyo de todo el pueblo”, sostuvo.
La llegada dio paso luego a un acto en la Oficina de Turismo, donde la intendenta Dora Bogdan valoró la iniciativa: “Es un gusto recibirlos y felicitarlos por esta causa tan importante”, expresó, destacando el compromiso de la comunidad y la necesidad de acompañar a pacientes y familias.
También hubo lugar para testimonios profundamente humanos, como el de Sandra, una de las organizadoras del evento que atraviesa una enfermedad oncológica: “Esto es pedaleando por el amor infinito”, dijo, remarcando el compromiso de los hermanos y la importancia de “perder el miedo y estar presentes”.
La jornada dejó además planteos hacia el futuro: la necesidad de mayor información, acompañamiento institucional y fortalecimiento del sistema de salud. “Que tengamos datos oficiales, que podamos colaborar con el hospital… y comprometernos entre todos”, señalaba Matías. .
El reconocimiento fue amplio. Los hermanos enumeraron el acompañamiento de instituciones, grupos y vecinos: “El municipio, los bomberos de Ceibas y de Gualeguay, grupos como Gualeguay sin Cáncer, Guerreras Solidarias, Pelucas de Esperanza, Cascos Fríos… y muchísima gente más”.
“Todos aportaron su granito de arena para sentir que estábamos haciendo las cosas bien”, resumió.
A pesar del desgaste físico, nunca estuvo en duda el objetivo. “Estoy sin dormir, cansado… pero ya no siento el cansancio”, había dicho Matías al llegar.
La travesía, que comenzó como una iniciativa familiar, terminó consolidándose como una causa colectiva. Y lejos de cerrarse con la llegada, dejó una certeza compartida:
“Esto recién comienza”.
Entre el esfuerzo, la emoción y el compromiso social, “Pedaleando por la Vida” dejó en Gualeguay mucho más que kilómetros recorridos: dejó un mensaje que representa a muchas personas que pasaron por la enfermedad en primera persona o con algún familiar