Reflexiones sobre la situación económica argentina a mediados de 2020: ¡argentinos a las cosas!
Segunda parte: Los problemas no son coyunturales, son de largo plazo La economía argentina, generadora de pobreza
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Volquemos ahora la atención hacia nuestro país. Casi es innecesario dar datos sobre la caída de la actividad económica, con su secuela de aumento de la desocupación, caída de salarios y acentuación de la pobreza (entre otros males), pues muchos argentinos sufren actualmente las consecuencias de esta situación. Por ello, sólo mencionamos que, según estimaciones del CESLA, Círculo de Estudios Latinoamericanos, (también el gobierno y el FMI proporcionan datos similares), actualizadas a 5 de octubre, el PIB se reduciría 11,1% en este año y, afortunadamente, durante el próximo comenzaría la recuperación, pues crecería el 5,5%. Este aumento es casi la mitad de lo que se perdería durante este año, pero al menos se comenzaría a caminar hacia adelante y no hacia atrás.
No hay dudas de que la economía argentina atraviesa momentos difíciles. Pero nos equivocaríamos si creyésemos que se trata de una situación momentánea; puntual. Por el contrario, la economía ya había reducido su actividad en casi un 8% desde mayo de 2018 hasta el mes anterior al inicio del confinamiento. Había una crisis y una deuda externa impagable previas a la situación actual. A las cuales, lamentablemente, se les puede aplicar el dicho "sobre llovido mojado", pues luego vino la COVID-19.
En realidad, nuestro país tiene un permanente comportamiento económico ciertamente no envidiable, pues desde 2011 lleva una "década perdida" en relación con el PIB, como la de la "crisis de la deuda de los 80". Perdida porque actualmente es inferior al de aquel año; y más inferior aún el PIB por habitante (ver el informe del CESLA, "Argentina, enero-mayo de 2020). Es decir, que el ingreso real de los argentinos se ha estrechado durante los últimos diez años.
Este es un valor promedio, que oculta el drama social, pues durante ese período aumentó el ingreso de los más ricos y disminuyó el de los más pobres. La evidencia indica que el nivel de pobreza de ingresos actual es superior al de 1983, cuando Argentina recuperó sus instituciones democráticas. Naturalmente, este resultado está estrechamente ligado al fracaso productivo: el PIB per cápita creció a menos del 1% anual en promedio entre 1983-2018, con enormes oscilaciones en el tiempo. Este escenario no es nada propicio para alimentar un proceso sólido de reducción persistente de la pobreza de ingresos. En este contexto tampoco ayudaron los cambios distributivos: como tendencia, la desigualdad de la distribución del ingreso aumentó desde aquellos años.
Las periódicas crisis económicas de argentina, conjuntamente con el desempleo y la concentración de la riqueza y de los ingresos ayudan a comprender por qué nuestro sistema socio-económico genera pobreza. La genera, estructuralmente, crónicamente. No es un fenómeno coyuntural, de hoy o de ayer. Efectivamente, la pobreza a lo largo de varias décadas tiene, lamentablemente, un piso de alrededor de casi un tercio de nuestra población (más bajo en algunos momentos), aumenta en períodos de crisis económica (como la del 2001) y se reduce cuando la economía mejora y es acompañada con políticas redistributivas. La evolución de la pobreza después de la implantación del modelo económico Cavallo-Menem hasta la actualidad nos permite ejemplificar este comportamiento.
Entre 2002 y 2011 observamos dos tendencias claras: crece significativamente el PIB y baja la pobreza; luego, la economía argentina entre en un período de estancamiento o decrecimiento y la pobreza tiende a subir: esto nos dice que necesitamos un crecimiento estable como condición para luchar contra la pobreza. Pero no lo hemos logrado desde que nuestro país recuperó la democracia. Es lo que ya dijimos, si pensamos que los problemas son sólo de hoy, no comprendemos nada de lo que nos pasa.
La necesidad de evitar las crisis económicas periódicas y de solucionar problemas estructurales
La estabilidad del crecimiento económico es, entonces, una de las claves para reducir la pobreza, que debe ser acompañado con políticas sociales (que no trataremos en este artículo). ¿Por qué nuestro país tiene crisis periódicas? Sostenemos que esto ocurre porque tiene restricciones estructurales que limitan su crecimiento de manera estable a largo plazo. No podemos citar a todas aquí, por lo que nos limitamos a una de ellas, que es muy responsable de los periódicos problemas de deuda externa (otra relevante son los continuos déficits fiscales) y de crisis de crecimiento económico: los crónicos déficits de nuestras cuentas con el exterior (el Balance de Pagos). Antes de continuar, tengamos presente que ellos son una causa fundamental de deuda externa (entre otros males): como en una familia, si nuestros ingresos son iguales a 100 y gastamos 120, es porque nos prestaron 20 o porque hemos vendido las joyas de la abuela.
En nuestras transacciones internacionales no sólo debemos hacer pagos al exterior por lo que importamos, sino también por otros conceptos (intereses de la deuda y pago de su principal, transferencias de beneficios, diversos tipos de servicios, etc.); por lo que la economía argentina sólo puede afrontar estos pagos si el saldo entre el valor de las exportaciones y las importaciones de bienes es lo suficientemente alto. Si no lo es, el país tendrá que aumentar su deuda externa, pagar con divisas de sus reservas o responder con una combinación de estas dos alternativas. La entrada de capitales ayuda a saldar las cuentas externas; pero consideramos peligroso, en una visión de medio o largo plazo, depender permanente de la entrada de capitales o de otras remesas; menos aún si el capital es especulativo, golondrina...porque vuelan en cualquier momento, como ocurrió con la crisis del modelo Cavallo-Menem-De la Rúa.
Ahora bien, los frecuentes déficits de nuestras cuentas externas se deben a que los saldos entre las exportaciones menos las importaciones de bienes algunas veces son negativos; y, frecuentemente, cuando son positivos, no lo son suficientemente. Esto es así porque nuestro sector industrial, que se desarrolló siguiendo una Estrategia de Substitución de Importaciones (ESI), tiende a ser deficitario: el valor de las importaciones industriales es mayor que el de las exportaciones de este sector. Dicho sea de paso, este ha sido y es un problema latinoamericano, porque casi todos los países de la región implementaron una ESI y tienen problemas con sus sectores externos. Distinta fue la estrategia de los "tigres asiáticos", que impulsaron una industrialización exportadora.
A riesgo de abusar de la paciencia de mis apreciados lectores (y espero, amigos), creo conveniente, por su importancia, ilustrar lo que he dicho con algunos datos, que se encuentran en la tabla siguiente (tomada de la pág. 7/31 del documento del INDEC "Cuentas Internacionales, Vol. 4, n° 3, segundo semestre de 2020).
El comercio internacional argentino se agrupa corrientemente en las categorías que se encuentran en la tabla: PP, Productos primarios (esencialmente de la agricultura y la ganadería); MOA, Manufacturas de origen agrícola, que son las transformaciones industriales de la agricultura; MOI, Manufacturas de origen industrial; y CyE, Combustibles y energía.
Comercio Internacional por grandes rubros (Millones de dólares)
PP MOA MOI CyE Total
Exportaciones 5.271 5.857 2.320 727 14.176
Importaciones 731 332 7.233 627 8.923
Saldo 4.540 5.525 -4.913 100 5.253
Las MOI, son las manufacturas propiamente industriales, si podemos decir así, e incluyen bienes que son esenciales para el funcionamiento de toda la economía, como son los bienes de capital, los designados "bienes intermedios" (como las partes de un automóvil), los vehículos, etc. Ahora bien, observemos los datos de la tabla. La producción primaria produjo, durante el primer semestre de este año, un superávit de 4.540 millones de dólares y las MOA, 5.525. Entre los dos suman 10.065 millones de dólares. En cambio, las MOI tienen un déficit cercano al superávit de las MOA. Aquí nos encontramos con uno de los nudos gordianos de nuestros problemas económicos, en este caso referente al sector externo de nuestra economía.
Las importaciones de MOI son bienes esenciales para que funcione nuestra economía, por lo que fluctúan con el PIB: si éste crece, también lo hacen las MOI, y viceversa. Entonces, si la economía se acelera, también lo hacen las importaciones; y si las exportaciones no crecen al mismo ritmo se produce un déficit que habrá que cubrir con deuda externa, caída de reservas o rezar para que lleguen inversiones externas, que pueden ser peligrosas si son especulativas. Y así, siguiendo esta lógica, encontramos que el crecimiento del PIB de Argentina tiene un freno, que a veces se vuelve muy fuerte. He insistido con esto para ilustrar mi afirmación de que tenemos problemas estructurales, que no se solucionan en dos días, pues aumentar de manera significativa las exportaciones PP y MOA y reducir el déficit de las MOI, o una combinación de ambas, no es sencillo.
Por eso creo que son importantes iniciativas y acuerdos que apunten a elevar las exportaciones PP y MOI y crear empleos, siempre considerando que esto se realice de forma que no impacte negativamente en el medio ambiente y en las personas. Hay que juntar actores sociales, gubernamentales y, es deseable, políticos de al menos algunos partidos, en torno a la solución de los problemas reales que tenemos, cediendo cada uno un poco para construir. Tal vez este es el principal mensaje que deseo transmitir. Como decía Ortega y Gasset, en una conferencia que dio en nuestro país en 2019, ¡argentinos a las cosas!
Carlos Legna Verna, [email protected]

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