Reflexiones sobre los 100 años...
Se abren las puertas … suena el timbre … de repente, las galerías vibran bajo el bullir de cientos de almas inquietas, que llenan el patio … pero también nuestras almas y los corazones de quienes transitamos la docencia con devoción. Y mientras observo nacer este milagro cotidiano, me pregunto cuántas veces ha ocurrido en los primeros cien años de la Escuela. Cuantas ilusiones, de niños y de padres, han sido depositadas en estas aulas, en esos bancos, bajo tus árboles. Sin proponérmelo, surgen espontáneamente interrogantes que me atrevo a compartir.
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¿Son estos niños los mismos que hace cien años?, ¿Somos los docentes los mismos?, ¿Como habrán sido aquellos, los pioneros?. Y en busca de respuestas me propuse hallar testimonios de aquellos que fueron protagonistas de este proceso tan apasionante que es la educación, y en ese andar llega hasta mí, el nombre de una persona, que a poco de conocerla, resultó encantadora: Aurea Jacinta Bascoy de Núñez, "Chichita" para los conocidos. Hija de quien fue una de las primeras directoras que tuvo nuestra Escuela N° 8 "Miguel Laurencena. "Chichita" me abrió las puertas de su casa, compartimos una hermosa tarde, y a medida que la charla avanzaba, los recuerdos nos envolvían, y hasta pude sentir la emoción de una niña muy pequeña que vivía en la Escuela, junto a su familia, y que se llenaba de orgullo al ver a su madre dirigirla. Una niñez que transcurrió en la casa que es hoy nuestro actual comedor escolar. Allí llegaron sus hermanos y los juegos dentro de las aulas, junto a las maestras en aquel lugar tan cálido que era su lugar en el mundo. Mientras ella relata sus vivencias me emociona escuchar la labor de esa gran Directora, Jacinta Rufina Narvarte de Bascoy, una mujer que al decir de una de las alumnas que entonces concurrían, hermana del artista Antonio Castro: "ella era nuestro refugio, un espíritu amplio que consideraba a cada niño como uno de sus hijos, y que no dudaba en llevarlos a su casa para darles la merienda si hacía falta".Así, entre bellos recuerdos surgen anécdotas, vivencias, cargados de nostalgia. "Chichita" rememora con dulzura, una travesura ... una fiesta de cooperadora -seguramente para recaudar fondos, tanto entonces como ahora-, una niña sin sueño, en camisón durmiendo junto a su hermana, ventana que dá al patio de la Escuela, se escucha la música y el bullicio de la fiesta, su padre y sus tías duermen, la casa está cerrada y entonces cuenta la entrevistada: "le dije a mi hermana Marta, '¿Y si vamos a la fiesta?' Pero la puerta está cerrada, contestó Marta. -'Bueno no importa, nos tiramos por la ventana'... cuenta que se vistieron, se ayudaron a bajar por la ventana, y le dijo -"no tenemos que encontrarnos con ninguna de las maestras, Mami no tiene que saber que estamos acá." Pero resulta que una maestra se les acerca y les dice "¡¡ Ahhhh ... las nenas de Jacinta!!" mientras le entregaba a su hermana Marta, que siempre tuvo mucha suerte refiere Chichita, un numero de rifa para un sorteo que se estaba realizando en ese momento. Pero resultó ser que Marta ... ¡Gana el sorteo!, sacó de premio una bandeja de pasteles, y por el micrófono anuncian que "El premio es para ... Martita Bascoyyyyyyy!!!!" ... Entonces se escucha a Doña Jacinta diciendo "Pero si las nenas están durmiendo"... y suenan las carcajadas de Chichita al terminar de contar la travesura de aquel entonces, mientras brillan, otra vez, sus ojos de niña.Y asi llegan hasta mi, otras anécdotas, de exalumnos, de maestras, de ordenanzas, de tantas personas que pasaron por la escuela y se mezclan con lágrimas por los que ya no están, con nostalgia por el tiempo que pasó, y entonces, reitero mi pregunta ¿Somos distintos?, ¿Las infancias son distintas? Claro que sí, en aquel tiempo los Directores vivían en la escuela, los maestros salían a buscar a sus alumnos a caballo, los chicos escribían en pizarras, más tarde con tinta y pluma, lápices, luego biromes. Todo ha cambiado, o quizás no, los sentimientos persisten en cada uno de los actores de esta historia. Hoy los directivos ya no viven en la escuela, excepto en las escuelas rurales, pero viven mucho tiempo para la escuela, los maestros seguimos haciendo lo imposible y más por nuestros alumnos. Buscando estrategias, incluyendo, estudiando, trabajando jornadas que se extienden hasta la madrugada, preocupados por aquellos que no presentan dificultades, por los que concurren con hambre, o que van sin comer, por los que sufren soledad, ... Las infancias han cambiado, sí, pero me animo a decir que la emoción del primer día, la alegría de los patios, la avidez de respuestas y la necesidad de abrazos sigue intacta. Porque hace cien años, o en la actualidad, los que elegimos esta hermosa vocación docente, lo hacemos convencidos que solo éste es el camino, educar con amor, poniendo todo de nosotros, con todas las dificultades por todos conocidas, y que la escuela sigue siendo, hoy como hace cien años el lugar donde los sueños persisten.-Profesora VANINA BACCILEDocente de la Escuela N° 8 "Miguel Laurencena"
