Relatos para custodiar la vida
Este domingo celebramos en la Iglesia Católica la ascensión de Jesús, y como todos los años viviremos lo que los papas llaman la “JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES”. Este año el lema elegido por el papa Francisco es el siguiente: “Para que puedas contar y grabar en la memoria (cf. Ex 10,2) El papa comienza diciendo que “La vida se hace historia” (…)
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En medio de la confusión de las voces y de los mensajes que nos rodean, necesitamos una narración humana, que nos hable de nosotros y de la belleza que poseemos. Una narración que sepa mirar al mundo y a los acontecimientos con ternura; que cuente que somos parte de un tejido vivo, que revele el entretejido de los hilos con los que estamos unidos unos con otros.Tejer historias: El hombre no es solamente el único ser que necesita vestirse para cubrir su vulnerabilidad (cf. Gn 3,21), sino que también es el único ser que necesita "revestirse" de historias para custodiar su propia vida. No tejemos sólo ropas, sino también relatos; de hecho, la capacidad humana de "tejer" implica tanto a los tejidos, como a los textos. Las historias de cada época tienen un "telar" común: la estructura prevé "héroes", también actuales, que para llevar a cabo un sueño se enfrentan a situaciones difíciles, luchan contra el mal empujados por una fuerza que les da valentía, la del amor. Pero, desde el principio, nuestro relato se ve amenazado: en la historia serpentea el mal. Pero -agrega el papa- "No todas las historias son buenas: "El día en que comáis de él, [...] seréis como Dios" (cf. Gn 3,5). La tentación de la serpiente introduce en la trama de la historia un nudo difícil de deshacer. Casi no nos damos cuenta de cómo nos volvemos ávidos de chismes y de habladurías, de cuánta violencia y falsedad consumimos. A menudo, en los telares de la comunicación, en lugar de relatos constructivos, que son un aglutinante de los lazos sociales y del tejido cultural, se fabrican historias destructivas y provocadoras, que desgastan y rompen los hilos frágiles de la convivencia" (...)En una época en la que la falsificación es cada vez más sofisticada y alcanza niveles exponenciales, necesitamos sabiduría para recibir y crear relatos bellos, verdaderos y buenos. Necesitamos valor para rechazar los que son falsos y malvados. Necesitamos paciencia y discernimiento para redescubrir historias que nos ayuden a no perder el hilo entre las muchas laceraciones de hoy; historias que saquen a la luz la verdad de lo que somos, incluso en la heroicidad ignorada de la vida cotidiana. La Historia de las historias El título de este Mensaje está tomado del libro del Éxodo, relato bíblico fundamental, en el que Dios interviene en la historia de su pueblo. De hecho, cuando los hijos de Israel estaban esclavizados clamaron a Dios, Él los escuchó y rememoró. De la memoria de Dios brota la liberación de la opresión, que tiene lugar a través de signos y prodigios. Es entonces cuando el Señor revela a Moisés el sentido de todos estos signos: "Para que puedas contar [y grabar en la memoria] de tus hijos y nietos [...] los signos que realicé en medio de ellos" (Ex 10,2). El mismo Jesús hablaba de Dios no con discursos abstractos, sino con parábolas, narraciones breves, tomadas de la vida cotidiana. Aquí la vida se hace historia y luego, para el que la escucha, la historia se hace vida: esa narración entra en la vida de quien la escucha y la transforma (...) Una historia que nos renueva. Cuando rememoramos el amor que nos creó y nos salvó, cuando ponemos amor en nuestras historias diarias, cuando tejemos de misericordia las tramas de nuestros días, entonces pasamos página. Ya no estamos anudados a los recuerdos y a las tristezas, enlazados a una memoria enferma que nos aprisiona el corazón, sino que abriéndonos a los demás, nos abrimos a la visión misma del Narrador (...) Hasta aquí algunos párrafos de los escritos del papa. Que nos ayuden a narrar nuestras vidas, a ser narradores para custodiar la vida, que nos alejen de toda narración que serpentee.Pbro. Jorge H Leiva
