Saludar
¿Qué es saludar? Es-según un diccionario- dirigir a alguien palabras, gestos o cualquier otro acto, en el momento de encontrarse con él o de despedirse de él, dando muestras de atención mediante fórmulas de cortesía o expresiones de afecto.
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"cuando le pregunten en el ascensor a qué piso va diga, al tercero, por favor, y salude al despedirse; cuando llegábamos a casa nos esperaba tras la puerta y nos saludaba con su discreta sonrisa". También es transmitir saludos a alguien de forma explícita y directa o hacerlo de una manera indirecta, a través de otra persona, mediante una carta, etc. "mis primas me han pedido que les salude de su parte; cuando fue a televisión saludó a toda su familia".Saludar significa reconocer de que el otro existe y que -quizá aunque sea un desconocido- yo tengo que hacerme cargo al menos de su rostro, de su voz. Decía Levinás, filósofo francés del siglo XX: "Desde el momento en que el otro me mira, yo soy responsable de él sin ni siquiera tener que tomar responsabilidades en relación con él; su responsabilidad me incumbe. Es una responsabilidad que va más allá de lo que yo hago (...) La mejor manera de encontrar al rostro es la de ni siquiera darse cuenta del color de sus ojos [...] La piel del rostro es la que está más desprotegida, más desnuda [...] Hay en el rostro una pobreza esencial. Prueba de ello es que intentamos enmascarar esa pobreza dándonos poses, conteniéndonos [...] Al mismo tiempo, el rostro es lo que nos prohíbe matar. Los que creemos en Jesús de Nazaret y en el Espíritu que sopla en su Iglesia hemos de tener presente como saludaba Él: Anunciaba la paz ("shalom") al estilo de sus antepasados. Ese saludo era (y es) el deseo de salud, armonía, paz interior, calma y tranquilidad para aquel o aquellos a quienes está dirigido el saludo.Gualeguay tiene la oportunidad histórica de seguir siendo un lugar donde nos saludemos para reconocernos y protegernos porque es una aldea grande, es decir una ciudad chica. Para eso nuestras plazas, veredas, nuestros espacios comunitarios tienen que ser lugares donde miramos los rostros, los ojos con sus colores. La mirada al rostro en el saludo nos prohibirá matar porque tendremos una ley promulgada en el corazón que es la ley del amor. Algo de eso intentamos aprender los que alguna vez hemos intentado seguir a Jesús de Nazaret y al Espíritu que habla en su asamblea.Pbro. Jorge H. Leiva
