Silvia Orellano desde Carranque, Toledo, España
Siempre es lindo reencontrarse con personas, con familias que fueron parte de nuestra vida, o de la vida de nuestros hermanos mayores.
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Es así que por medio de Iris Orellano, amiga de mi hermana y también mía, tomé contacto con su hermana Silvia quien desde hace muchos años reside en Carranque, una ciudad al norte de Toledo, y muy cerca de Madrid, España. Y sin más presentaciones, los dejo con ella quien, hasta escribiendo, tiene ese acento castizo encantador.
"Soy gualeya; aunque es muy breve ese espacio de mi vida y no son muchos los recuerdos, ya que me fui a Buenos Aires siendo muy pequeña (no había cumplido aún los siete años). Sin embargo, esos escasos recuerdos se han enquistado en mi mente y en mi corazón, y ahora fluyen, estando ¡tan lejos! que me emociona el evocar mi ciudad natal, mi casa, mi barrio, la gente, el paisaje, los niños que acompañaron mis juegos...
Mis padres tenían un kiosco, lo cual convertía mi casa en un gran centro de atracción para todos los vecinos (sobre todo los pequeños). Recuerdo especialmente los carnavales y ¡la guerra de agua en nuestra calle! Al ser la menor de mis hermanos (la hija de la vejez, solía decir mi madre) ellos se han encargado de refrescar constantemente los recuerdos de gente, paisajes y anécdotas.
Visité dos veces Gualeguay, viajes muy breves, una vez para esparcir las cenizas de nuestros padres en el río; fuimos todos los hermanos, y fue la última vez que estuvimos juntos, hoy solo quedamos cuatro... A pesar de la tristeza del motivo que nos llevó a juntarnos, fue un día muy especial, volvimos a ser niños, cantamos, nos reímos y lloramos de felicidad, por estar juntos, y ¡por querernos tanto!
En otra oportunidad pasé el día en Gualeguay gracias a unos primos de mi marido (Pablo), visité la casa en que nací y me atreví a llamar a la casa de nuestra vecina, un encanto de mujer, cuyos hijos jugaban con nosotros y ¡que tanto recuerdo! Me ahogó el llanto, y me costó poder explicarle quien era... Entramos, nos abrazamos, y me permitió recorrer esa casa a la que acudía a diario, ¡fue maravillosamente emotivo!
De Gualeguay a Buenos Aires; al cabo de dos años nos vamos con mi hermana Gloria (cuatro años mayor que yo) y mis padres a Gualeguaychú, y al cabo de dos o tres años volvemos a instalarnos en Buenos Aires, para vivir allí mi adolescencia y mi juventud, hasta que me caso con Pablo.
Mi marido es porteño, de Liniers y de sangre italiana, lo cual aprovechamos para pedir la ciudadanía, y ¡escaparnos a España! ¿Por qué tomamos ésta decisión? Seguramente fue la inconsciencia de nuestra juventud la que nos impulsó a cruzar el charco, el país en decadencia social y económica, las ganas enormes de un futuro mejor... ¡Qué gran acierto!"
(continuará)
