Stefania Ferrando: “pasé muchos años de mi vida sin poder reconocerme y ver mi silla de ruedas”
Ya todos conocemos a Stefania Ferrando quién, junto a su asistente de juego Juan José Ferreyra y todo su equipo, ha tenido maravillosos logros y premios en los Torneos de Boccia. Actualmente se encuentran en el puesto N°8 del Ranking Mundial, siendo 145 la totalidad de competidores mundiales.
:format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/289/0000289410.jpg)
Hace unos días, el equipo clasificó a los juegos más importantes del ciclo. En relación, la atleta nos dijo que: "nosotros comenzamos a competir internacionalmente recién el año pasado. Nuestro primer torneo fue en abril del 2018, en Canadá. Nos parecía algo muy difícil de lograr el clasificar a los Paralímpicos del próximo año, siendo que necesitábamos estar muy arriba del ranking. Por suerte fuimos convocados a este último torneo, el cual daba la plaza directa a Tokio al que ganara la medalla de oro.Sabíamos que era un torneo muy difícil, así que yo personalmente me preparé no sólo desde lo deportivo, sino también desde la cabeza para disfrutar de la competencia y dar todo de mí, sabiendo que no tenía nada que perder y que era mi última oportunidad para clasificar a los Juegos. Me preparé mucho con mi asistente de juego quién me acompaña en el desempeño del deporte y nos basamos mucho en los entrenamientos que nos envía el técnico de la Selección, Cristian Rosado, desde Mar del Plata.Este año también tuve la suerte de conocer y empezar terapia con mi psicólogo deportivo, Gustavo Ruiz, quien también formó parte de este triunfo, ya que me ayudó a prepararme psicológicamente para enfrentar el torneo de la mejor manera posible.Realmente es un sueño hecho realidad, para un atleta clasificar a los juegos más importantes del ciclo en tan sólo un año y medio de competencia es muchísimo, así que estamos muy felices y orgullosos de haber podido alcanzarlo, pero ahora empieza un gran camino de preparación para el próximo año".Pero no solo es eso lo que la distingue en nuestra sociedad. Hace unos días, una página de ropa interior local posteó una foto de Stefania luciendo sus productos con un fuerte relato en primera persona. El mismo decía: "Mi nombre es Stefanía, tengo 25 años y transito mi vida arriba de una silla de ruedas. Durante muchos años no pude verme al espejo, sólo la cara y un pedacito del torso. Mi cabeza estaba tan metida en los estereotipos que no me permitía ni siquiera imaginarme cómo era mi cuerpo. Pasaba por las tiendas, miraba vidrieras y me imaginaba con esa ropa y con el mismo cuerpo que el maniquí y de pie y la verdad era que mi cuerpo es diferente y estaba sentada. Hasta que un día alguien me preguntó si yo me había dado cuenta de que estaba sentada en una silla de ruedas y en ese momento mi cara se desfiguró. Y claro, hacía más de 17 años que no me animaba a saber esa verdad. Había pasado muchos años viviendo encerrada en una cabeza que no era mía, pero por fin ese día llegó. El cambio iba por dentro, pero tenía que hacer algo para poder encajar en la sociedad que estábamos. Fue muy difícil y lo sigue siendo. Todavía hay gente que no me dirige la palabra y prefiere preguntarle cómo me llamo a la persona que me acompaña en ese momento y también hay gente que en las lencerías no me ofrece ciertas prendas porque son muy sexis para mí. Que nunca nadie te diga qué lencería podes usar, si es muy grande, muy chiquita o muy sexy para vos. Es hermoso usar lo que uno quiere, sentirse cómodo y sobre todo SEXY".Ese texto, da cuenta de lo encerrado que pasa cada uno de nosotros en su mente y en su cuerpo. Lo que nos pasa por estar en la sociedad que estamos, tan conservadora, carente de aceptación de diversidad. Porque cada persona es un mundo, cada persona tiene su historia, su centro, su esencia, eso que nos mueve y nos lleva a hacer ciertas cosas que no todos harían. Eso que nos lleva a ser nosotros mismos. Porque nadie es igual a nadie y eso es lo divertido.Por ello, al respecto, Stefania nos contó que: "tengo Atrofia Muscular Espinal desde mi nacimiento, lo cual me llevó a pasar toda mi vida sobre ruedas. Cuando era muy chiquita, me trasladaban a upa o en coche, hasta que empecé primer grado y tuve mi primera silla de ruedas.Con el paso del tiempo, donde uno se acostumbra y naturaliza muchas cosas, me he dado cuenta de que hasta yo misma me ponía mis límites por creencias de los demás. Hoy ya hace un poco más de diez años que hago terapia, el lugar que me permitió aprender a ser.Pasé muchos años de mi vida sin poder reconocerme y ver mi silla de ruedas. Para mí era muy difícil verme en la silla hasta que alguien me lo dijo. A partir de ese día, mi vida tuvo un antes y un después porque empecé a ser consciente de quién soy.Hoy me doy cuenta de que la vida me ha dado y me sigue dando oportunidades para ser lo que quiero ser. Trabajo en algo que me gusta, estudié lo que de verdad me apasiona, soy deportista, tengo pareja y mucha familia y amigos que me acompañan en todas mis locuras.A medida que pasa el tiempo, la discapacidad se hace un poquito más visible, pero es verdad que a pesar de eso todavía queda mucho por cambiar. Mucha gente todavía no nos ve como las personas que somos. Hay personas que en mi trabajo prefiere que yo no la atienda o que en los restaurantes le preguntan a quién me acompaña qué es lo que yo quiero comer. Queda mucho por seguir cambiando. Es muy difícil porque hasta a uno mismo le cuesta aprender a verse. Pero me gustaría que todo aquel que esté leyendo pueda ver lo valioso que es para nosotros que nos traten como uno más y tengan en cuenta cosas muy simples como dejar las rampas libres, no atar bicicletas en la vereda o dejar cosas que impidan el paso.Gualeguay todavía no es una ciudad arquitectónicamente adaptada para las sillas de ruedas, pero entre todos podemos hacer una sociedad adaptada, que además de que seamos incluidos, también podamos acceder a todos los rincones de la ciudad. A veces, aunque no tengamos rampas, necesitamos corazones solidarios que nos ofrezcan una mano para poder ser parte", finalizó.Se podrían sacar cientos de conclusiones en base a su relato, pero mejor será que, usted lector, las analice por sí mismo. Muchas veces ocurre que solo con ponernos en el lugar del otro resolvemos cuestiones inimaginables. Empatía, se llama.
