“Un oficio que todavía camina: Iván ‘Chipi’ Cejas y la tradición zapatera de Gualeguay”.
Cada 13 de septiembre se celebra en Argentina el Día del Zapatero o Día del Trabajador del Calzado, una fecha destinada a reconocer a quienes desarrollan una actividad que durante generaciones formó parte de la vida cotidiana de las ciudades y que todavía hoy conserva un fuerte componente artesanal.
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La fecha fue establecida a partir de un acuerdo entre la Federación Argentina de la Industria del Calzado (FAICA) y la Unión de Trabajadores de la Industria del Calzado de la República Argentina (UTICRA), en el marco del convenio colectivo de trabajo del sector.
En Gualeguay, el oficio todavía encuentra manos dispuestas a continuar con una tarea que requiere paciencia, conocimiento y dedicación. Una de ellas es la de Iván Cejas, conocido como “Chipi”, quien atiende su local ubicado en calle Ezeiza 325 y representa a una generación que comenzó a tomar la posta de un trabajo con profundas raíces en la ciudad.
De la gastronomía a la zapatería
Iván llegó a la zapatería después de transitar otro camino laboral. Antes se dedicaba a la gastronomía, pero la pandemia significó un punto de quiebre que lo llevó a replantearse su actividad.
“Después de la pandemia hubo un giro de 180 grados, se paró todo y elegí este camino”, recordó durante la entrevista con El Debate Pregón.
La elección tampoco fue completamente ajena a su historia familiar. Cejas contó que en su entorno existieron personas vinculadas al oficio, entre ellas sus tíos Enrique Urite y Moncho Barreto, además de otros trabajadores del rubro que formaron parte de sus raíces.
Esa tradición familiar se combinó con el interés personal por una actividad que define como “muy artesanal”.
“Es un lindo trabajo, a mí me gusta mucho hacerlo”, señaló.
Hace casi dos años que Iván comenzó formalmente su recorrido como zapatero. En ese tiempo fue incorporando conocimientos, aprendiendo de otros trabajadores y construyendo su propio camino.
Coco Muñoz, un referente y maestro
En la historia reciente de la zapatería de Gualeguay aparece un nombre que Iván menciona con especial reconocimiento: Coco Muñoz, un histórico trabajador del rubro que acumuló 54 años de trayectoria.
Aunque actualmente está jubilado, Coco continúa transmitiendo sus conocimientos y acompañando a quienes recién comienzan.
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Para Iván, su figura representa mucho más que la de un colega experimentado. Es un maestro y un referente.
“Él tuvo muchos años, 54 años. Es un ejemplo del zapatero de Gualeguay”, expresó Cejas.
Con emoción, destacó la posibilidad de haber aprendido de él y de continuar recorriendo una huella que durante décadas estuvo marcada por el trabajo cotidiano.
“Agradezco que me haya dejado recorriendo su huella y su camino. Me acompaña, me orienta y me da conocimiento día a día”, afirmó.
La relación entre ambos también permite observar cómo un oficio puede transmitirse de una generación a otra, no solamente a través de los vínculos familiares, sino también mediante la enseñanza y el acompañamiento entre trabajadores.
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Un oficio que se niega a desaparecer
La zapatería artesanal atraviesa, como muchas actividades tradicionales, un proceso de transformación. Son cada vez menos las personas que eligen aprender el oficio y dedicarse profesionalmente a él.
Sin embargo, Iván observa que existe una demanda que se mantiene.
Según explicó, en los últimos tiempos muchas personas volvieron a optar por reparar y remendar sus calzados, especialmente cuando se trata de productos de buena calidad que todavía tienen vida útil.
“Hoy en día se utiliza mucho el remiendo del calzado. Son calzados buenos que tienen solución y se pueden reciclar, hacerles un remiendito y seguir utilizándolos”, explicó.
Así, el zapatero continúa ocupando un lugar que va más allá de una simple reparación. Su trabajo permite recuperar objetos, extender su vida útil y, en muchos casos, conservar calzados que tienen un valor especial para sus propietarios.
Zapatos, botas, mochilas y hasta pelotas
El trabajo cotidiano de Iván no se limita exclusivamente al calzado.
En su local también se realizan reparaciones de mochilas, pelotas y botas, además de diferentes trabajos que requieren herramientas y conocimientos específicos.
Entre sus elementos de trabajo se encuentran las hormas de zapatos y de botas de campo, una especialidad que le permite atender también a clientes vinculados con la actividad rural.
La escena cotidiana del zapatero también está relacionada con las historias de sus clientes. Hay quienes llegan con un par de zapatos después de haberlos utilizado en una fiesta o en un baile y buscan repararlos para volver a usarlos.
Detrás de cada reparación existe, de alguna manera, una pequeña historia: un calzado que todavía puede seguir caminando, una mochila que vuelve a acompañar a su dueño o una bota que regresa al trabajo.
Una nueva generación toma la posta
Iván también destacó que no es el único joven que decidió apostar por este oficio.
Durante la entrevista contó que otro compañero comenzó a aprender junto a Coco Muñoz aproximadamente un año antes de abrir posteriormente su propio local en calle Castares.
Para Cejas, ese proceso representa una señal importante en un oficio donde cada vez quedan menos trabajadores.
“Ya quedamos pocos zapateros”, sostuvo.
La jubilación de los históricos trabajadores deja un vacío difícil de ocupar, porque aprender el oficio demanda tiempo, práctica y acompañamiento. En ese sentido, la transmisión del conocimiento adquiere un valor especial.
Coco Muñoz es uno de los ejemplos de esa continuidad. Su historia comenzó cuando era muy joven y estuvo vinculada durante décadas a la actividad. Iván recordó que llegó a ejercer el oficio durante más de medio siglo, siguiendo también una tradición familiar.
El orgullo de seguir aprendiendo
En la conversación, Iván se mostró especialmente agradecido con quienes lo acompañaron durante sus primeros años en la actividad.
Mencionó a sus maestros, a sus colegas y, principalmente, a sus clientes, quienes depositan su confianza en el trabajo que realiza.
“Estoy súper agradecido a los clientes, porque sin ellos no estaríamos acá”, manifestó.
Ese agradecimiento sintetiza buena parte de la identidad de un oficio que mantiene una relación cercana con quienes recurren a él. El zapatero conoce a sus clientes, sus necesidades y, muchas veces, también las historias detrás de cada objeto que llega al taller.
A casi dos años de haber elegido este camino, Iván mira hacia adelante con la satisfacción de haber encontrado una actividad que disfruta y que, al mismo tiempo, le permite continuar una tradición que forma parte de la historia de Gualeguay.
Una profesión que merece ser recordada
El Día del Zapatero encuentra a Iván Cejas transitando sus primeros pasos dentro de una profesión que supo tener una presencia mucho mayor en las ciudades.
Hoy, mientras muchos de aquellos trabajadores se jubilan y los locales dedicados al oficio son cada vez menos, nuevas manos comienzan a aprender las técnicas y los secretos que durante décadas pasaron de generación en generación.
En esa continuidad aparece el valor de historias como la de “Chipi”: alguien que llegó desde otra actividad, encontró en la zapatería un nuevo camino y decidió aprender de quienes llevan toda una vida detrás de una máquina, una horma y un pedazo de cuero.
Su reconocimiento hacia Coco Muñoz y hacia los demás zapateros no es solamente un agradecimiento personal. También refleja el respeto por quienes hicieron de este oficio una forma de vida.
En una época marcada por el consumo rápido y el reemplazo de los objetos, la tarea del zapatero propone otra mirada: reparar antes que desechar, recuperar antes que reemplazar y valorar aquello que todavía puede seguir siendo útil.
Por eso, este 13 de septiembre, el reconocimiento alcanza tanto a quienes llevan décadas detrás del oficio como a quienes, como Iván “Chipi” Cejas, comienzan a recorrer ese camino.
Son pocas las manos que todavía sostienen esta profesión artesanal, pero mientras haya quienes quieran aprender, reparar y continuar la tradición, el sonido de las herramientas del zapatero seguirá formando parte de la vida cotidiana de Gualeguay.