Una vida entre cartas, calles y recuerdos: la historia de un cartero de Gualeguay
Hay oficios que permiten conocer una ciudad de una manera diferente. El de cartero es uno de ellos. Durante años, caminar sus calles, reconocer sus barrios y llegar a cada domicilio formó parte de una tarea cotidiana que, aunque muchas veces silenciosa, dejó recuerdos y experiencias en quienes la ejercieron.
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La historia de este trabajador postal de Gualeguay comenzó hace más de dos décadas, cuando ingresó al correo realizando una tarea que por entonces se conocía como “ocasional”. Su función consistía en colaborar con el reparto de las grandes cantidades de facturas que enviaban empresas como Telecom, Cablevisión y Canal 2, entre otros clientes.
Aquellos repartos se concentraban principalmente entre los últimos días de cada mes y los primeros de la siguiente, debido a los vencimientos de las facturas. La cantidad de correspondencia era considerable y el objetivo era completar el reparto para que no quedaran grandes volúmenes pendientes.
En esa primera etapa, el trabajo ocupaba aproximadamente dos semanas al mes. El resto del tiempo lo destinaba a la construcción, mientras estudiaba para maestro mayor de obra.
De un trabajo ocasional a una profesión
Después de unos cinco o seis meses, surgió la posibilidad de incorporarse como cartero mediante una empresa tercerizada. Permaneció allí durante un año y ocho meses, hasta que finalmente logró ingresar como empleado efectivo del Correo.
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Desde entonces comenzó una etapa que se extendería durante años y que le permitiría conocer prácticamente cada rincón de Gualeguay.
Durante 7 años y 8 meses trabajó como cartero, aunque sus comienzos no fueron sencillos. Al no contar inicialmente con un reparto fijo, debía cubrir distintos sectores y reemplazar a otros trabajadores.
La dinámica implicaba recorrer diferentes zonas durante la misma jornada. En aquella época, el trabajo podía estar dividido entre turnos de mañana y tarde, por lo que un día podía cubrir a un cartero y al siguiente a otro.
Así, poco a poco, fue incorporando a su recorrido nombres de calles, barrios y lugares que terminaron formando parte de su vida cotidiana.
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Un oficio exigente
A los 22 años, el trabajo representó un desafío importante. Las jornadas comenzaban temprano y, además del recorrido por las calles, al regresar a la oficina quedaba una tarea que también formaba parte de la jornada: realizar las devoluciones de la correspondencia que no había podido ser entregada.
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El propio trabajador recordó que, en aquellos primeros tiempos, llegó a pensar en renunciar. No fue el único. Según su relato, por ese trabajo pasaron muchos jóvenes que, como él, tuvieron que afrontar las exigencias de una tarea que requería esfuerzo físico, constancia y adaptación.