Una persona denuncia que no lo dejaron entrar al Corso por usar pantalón deportivo
Ocurrió el sábado por la noche, cuando intentaba ingresar junto a su familia a un espacio concesionado dentro del predio. Asegura que tenía su entrada paga en Milo, que no recibió explicaciones claras y que vivió una situación de maltrato y discriminación.
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El sábado por la noche, alrededor de las 22.30, una persona denunció haber sido impedida de ingresar al Corso por la vestimenta que llevaba puesta. El hecho ocurrió en el acceso a un espacio concesionado dentro del predio, cuando el desfile ya había comenzado y la primera comparsa estaba en la pasarela.
Según relató Max, había concurrido al Corso junto a su familia: eran cinco personas, que habían viajado desde Buenos Aires y Paraná para disfrutar de la fiesta de la ciudad, con entradas ya adquiridas.
Por una descoordinación, parte del grupo ingresó primero mientras otros se quedaban esperando en la puerta. Cuando Max se acercó para entrar, una parienta estaba presentando los códigos QR de las entradas. En ese momento, un hombre que se encontraba en el acceso le dijo de manera reiterada: “Vos no”.
“Al principio pensé que era un chiste. Creí que tal vez había un problema con el QR, que querían revisar algo. Pero no me daban ninguna explicación, solo me miraba de arriba abajo y repetía ‘vos no’”, relató.
Ante la confusión, Max intentó entender si el inconveniente era con la entrada, si debía mostrar el código desde su teléfono o si había algún error técnico.
La respuesta fue siempre la misma, sin aclaraciones. Recién después de insistir, le indicaron el motivo: no podía ingresar por el pantalón que llevaba puesto.
“Ahí cambia todo. Yo tenía mi entrada paga, mi familia ya estaba adentro y nadie me explicaba por qué no podía entrar con esos pantalones. No había cartelería, no había un código de convivencia visible, no había ninguna advertencia previa al momento de comprar la entrada”, señaló.
El entrevistado describió el episodio como “violento y humillante”. Aseguró que el personal que controlaba los QR no lo miraba a la cara, que solo respondía a las indicaciones del hombre que tomó la decisión y que no recibió ningún trato explicativo o empático.
Ante la falta de respuestas, la situación se tensó. Según su testimonio, tres policías contratados por el espacio concesionado intervinieron de manera despectiva y uno de ellos llegó a pechear a su hermano, lo que agravó el conflicto. Más tarde, personal policial del Corso se acercó al lugar, escuchó lo sucedido y le indicó que podía realizar una exposición por un hecho discriminatorio.
Minutos después, llegaron autoridades municipales, quienes marcaron que el espacio era concesionado y no dependía directamente del municipio. Sin embargo, Max sostuvo que la discriminación ocurrió dentro del Corso, en un predio al que había ingresado con una entrada válida.
Tras una mediación, fue reubicado junto a su familia en el palco oficial. “El municipio actuó rápido para resolver la situación y reubicarnos, eso lo reconozco. Pero el gusto amargo quedó. Yo sufrí un hecho discriminatorio dentro del Corso, más allá de que haya sido en un espacio concesionado. La verdad que las autoridades habilitaron la escucha, y lo agradezco. Espero que esa escucha sirva para que esto cambie”, afirmó.
También relató una segunda instancia de diálogo con el jefe de seguridad del lugar, quien —según su testimonio— realizó comentarios que consideró amenazantes y autoritarios, situación que fue desactivada por funcionarias presentes.
Max explicó que decidió hacer pública la situación no por lo ocurrido con él, sino para evitar que vuelva a repetirse con otras personas. “Yo tuve la posibilidad de reclamar, de hablar, de ser reubicado. Pero hay gente que pasa por lo mismo y se vuelve a su casa sin entrar, sin explicaciones y sin recuperar el dinero”, sostuvo.
Además, remarcó que en ningún momento se le informó previamente sobre restricciones de vestimenta y que no existe señalización visible que lo indique.
Finalmente, vinculó el episodio con un clima social más amplio. “El carnaval es una fiesta popular, donde el pueblo toma la calle. Que en ese contexto se restrinja el acceso por la ropa habla de los tiempos que estamos viviendo. Por eso hablo, no por algo personal, sino para que no le vuelva a pasar a otros”, concluyó Maxi Gálligo, el damnificado.