Vanesa López: la mamá de los gurises del barrio
Vanesa López tenía cinco hijos. Poner el verbo en pasado representa un problema porque esos chicos se han quedado sin su madre. Ella ya no está para acompañarlos y deberán continuar su vida buscando explicaciones a lo que pasó. Dependerán de sus abuelos y de la red que puedan crear.
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Vanesa sabía cocer mates. Tenía un oficio, una forma de ganarse la vida que con vaivenes le permitió hacerse cargo de lo que otros no quisieron.
Porque es justo recordar en este momento que la sociedad le suele enseñar a algunos hombres que pueden elegir si hacerse cargo o no de sus hijos.
Ellos pueden elegir pero las mujeres no. Y en el caso de que elijan son vistas como locas, por no decir otra palabra. Los hombres se permiten elegir, y en muchos casos eligen desaparecer.
Vanesa no sólo se hacía cargo de los suyos. Por las tardes, cuando se juntaban a charlar bajo un sauce con las vecinas, solía cuidar también a los otros chicos del barrio. “Si tenías que hacer un mandado, podías ir tranquila porque con ella les gustaba estar”.
¿Por qué le gustaba a los gurises estar con Vanesa? Porque ella jugaba y se disfrazaba como una más. “Vivía para los gurises”, cuentan. Hace un par de días, con esos calores tan bravos, armaron un grupo grande y se pusieron a jugar a las escondidas hasta altas horas de la noche.
Con Vanesa los gurises estaban a salvo, bien cuidados. Era buena amiga, buena vecina, alguien en quien confiar. “No tenía problemas con nadie, y si vos necesitabas una mano ella te la iba a dar”.
“Ella se dedicaba a sus hijos, tenerlos bien, que no les faltará nada”, cuentan las vecinas. Y esa forma de ser tan madraza era la que atraía a los demás: “se acercaban al cordón cuneta a escucharla y a jugar con ella. Las cuidaba a las criaturas como si fueran propias, hacía sentir a todos como en su casa”.
Vanesa aprendió a manejarse así en la vida. Ahora sus sueños, sus proyectos y lo más importante de todo, su vida se ha interumpido.
La forma más extrema de la violencia machista, el femicidio se cobró a la mamá de los chicos del barrio. Mientras sigamos enseñando a los hombres que pueden elegir disponer de los cuerpos de las mujeres como si fueran una cosa más. esto seguirá sucediendo.
Cuando fue el femicidio de Micaela juramos cambiar la sociedad para que no vuelva a pasar. Hicimos una Ley que casi nadie conoce y mucho menos cumple. Estamos muy lejos todavía de poder prometer que esto no va a volver a pasar. Más lejos todavía porque ahora no es rentable para los funcionarios levantar esas banderas. Ya no está de moda, ya no garpa. Si no entienden el problema, si no tienen un buen diagnóstico, todas las soluciones que propongan van a fracasar.
¿Hasta cuándo van a seguir matando una mujer por día en nuestro país? No lo podemos responder.
Ahora también nos falta Vanesa. Nadie se asomó al sauce en las tardes que pasaron. ¿Quién jugará con los gurises cuando se arrimen a la calle? ¿A quién le contarán sus logros los cinco retoños que quedaron sin madre?
Son todas cosas que no podemos responder. Hasta que esas injusticias no nos duelan como propias, hasta que cada Vanesa sea nuestra madre, nuestra hermana y nuestra hija, no lograremos vivir en una sociedad más justa e igualitaria.