Vislumbrando la luz al final del túnel
En España y en Italia empiezan a vislumbrar signos de equilibrio en cuanto a los contagios por coronavirus y en relación al número diario de fallecidos que va en descenso, lo que muchos denominan “empezar a ver la luz al final del túnel”. Mientras esto ocurre, y de este lado del Atlántico nos esperanzamos, es evidente que nadie ha ganado ninguna batalla todavía y el Covid 19 se resiste a desaparecer y sigue cavando trincheras entre la población “tana” y “gallega”.
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Es bueno detenerse en estos dos países tan hermanados con nuestra Argentina y tomarlos como referencia por varios motivos ya que fueron y son los dos países de la Unión Europea en donde el virus se ha cebado con más crudeza desangrando a ambas sociedades en su impulso letal. Por otra parte, políticamente, los dos estados se han tomado de la mano acompañados también por Francia y les han "plantado cara", como dicen en estas latitudes, a las demás potencias de la región, entre ellas Alemania y Holanda, a quienes les criticaron públicamente la negativa a la aprobación de un fondo común europeo que ayude a los países en la emergencia económica que sucederá a la pandemia. Una especie de plan Marshall, pero a la europea, es lo que ha propuesto Pedro Sánchez en la cumbre virtual de ministros de finanzas. Históricamente desde la formación de la Euro-Zona la división entre los países del norte y del sur existe, lo cual es lógico porque se trata de las idiosincrasias de las poblaciones, costumbres y estilos de vida que identifica y diferencia a unos con otros, sin embargo, el cómo atender los daños colaterales de la pandemia, que no es otra cosa que la crisis económica que dejara a su paso, está profundizando esas desigualdades. Las circunstancias ponen tanto a las personas como a los estados en una posición o en otra y en Europa los norteños no han sufrido tan fuerte como las naciones del sur la ola de muerte y contagio del virus y es por eso que las medidas económicas de ayuda que proponen suenan insuficientes para España e Italia y, más aún, el primer ministro italiano pateó el tablero político hace unas horas declarando que Italia se siente abandonada por Europa en esta emergencia. Cabe preguntarse llegado a este punto si el bloque de los 27 países se resquebrajará una vez pase el temblor y las diferencias se transformaran en grietas en una Europa que tratará de salvar el espíritu de bloque y evitar por todos los medios la vuelta al estado-nación. En ese punto coinciden y a pesar de las discrepancias, todos los principales actores de la política europea. --------------------------------------------------------Tres latidos, un mismo corazón-----En España, cuando nos escuchan la tonada rioplatense, la sonrisa suele dibujarse rápidamente en el interlocutor y se evaporan al momento las diferencias, entonces el eco de las olas y las sales del Atlántico traen un aire con aroma a madera mojada que nos envuelve fraternalmente. No vivo en Italia, pero sé que la sensación de hermandad con los argentinos es similar aunque la barrera idiomática lo vuelva algo difuso al principio, luego, rápidamente, nos reconocemos como hermanos de sangre y de historia y ahí mismo afloran en cada encuentro "tano" y "gaucho" las brumas de setenta años atrás y la ligazón de identidad es tan fuerte como las amarras de los abuelos italianos que llegaban a Argentina a hacer patria y sembrar amor y esfuerzo en tierras extrañas. Entre España e Italia ocurre algo parecido, pero la comunión no es tan intensa, ni tan filial. Los lazos de cercanías tienen que ver más con el estilo de vida que los contiene, que con su pasado. Si te sientas en alguna terraza de cualquier bar en Valencia, de Galicia o en Andalucía o donde prefieras de esta geografía habrá gente reunida al solcito hablando en voz alta, riendo, contando sus cosas y compartiendo algunas tapas. Lo mismo pasa en Piamonte, La Toscana, Calabria o en cualquier parte de la bota. Los españoles sintieron como propio el dolor de los italianos, antes de que el ángel del contagio aterrizara en tierras del Quijote. Fui testigo de ello y comprendí que a estos dos pueblos los une el corazón latino, algo que ya sabía, pero que aparte de ello los modos de celebrar y a la vez sufrir la vida son idénticos y, si algo faltaba para que el vínculo que los une se robustezca mas, fue este virus que los hace estar más juntos que nunca, cooperando en el terreno sanitario y político.Soñé un día, en medio de una tormenta, que en Lombardía la gente empezaba a sentir dolores porque un fantasma inoculaba ampollas de muerte en sus casas, en sus trabajos, en sus calles. Entonces, en el majestuoso Coliseo se multiplicaron las voces desgarradas de cien mil gladiadores heridos, la torre de Pisa se inclinó aún más arrollándose para aminorar la fuerte puntada, en tanto, en la fontana di Trevi el agua se tiñó rojiza como en la antigua profecía y enmudeció la plaza de San Marcos, mientras las palomas migraban abandonando el pulso vital de un país, roto, adormecido y vacío. Al mismo instante, los paseantes de Las Ramblas, en Barcelona, cayeron de rodillas, atormentados, algunos contemplaron a la Sagrada Familia estremeciéndose hasta sus pilares, temblando, conmovida. En Madrid, la Puerta de Alcalá, de repente, dejó de ver pasar el tiempo y la diosa Cibeles derramó lágrimas de impotencia por ver el sufrimiento de sus hijos. Más al sur, crujieron languideciente, la Mezquita de Córdoba y La Alhambra nazarí. El tormento de millones se acalló en las aguas gaditanas del Atlántico y fue como un torbellino que hizo eco en el otro margen, en el Río de la Plata, donde los duendes de la Ribera hoy no se pasean porque ven a Mafalda triste y cabizbaja, pensativa, como siempre, pero sin ángel. Cuando siente dolor Italia, lo siente también España y lo sentimos los argentinos, porque somos un mismo cuerpo, con las arterias de la historia compartida por donde fluye la sangre de nuestros abuelos y bisabuelos que también es la nuestra, porque la pasta, la paella y el asado, nos reúnen alrededor de una mesa y con ella llegan los besos y los abrazos en estas horas reprimidos, pero que forman el GEN de las tres naciones hermanas. Si sangran Italia y España, desarrollan metástasis de llanto y dolor en nosotros también, inexorablemente. Por ese cordón umbilical que nos atraviesa es que sentimos iguales, porque en muchos puntos somos familia, o de acá o de allá, qué más da, lo cierto es que en cada mesa se sienta alguien que desciende de quien bajó de un barco alguna vez, para clavar su ancla, enterrando el pasado de guerras, sembrando sueños, para cosechar familia y país.Estos momentos son muy duros, pero nada que no puedan torcer los brazos partidos de la Forza Italiana, la furia española y la garra argentina. Este maldito virus nos lo vuelve a demostrar, y pasará, claro que pasará, para que Mafalda, Fofo y Miliki vuelvan a sonreír, porque después de todo ¡"La vita e bella"...!!!Horacio Cantero desde Córdoba, España
