Vivencias del P. Exequiel Báez en misión en Grand Morié
El P. Exequiel Baez se encuentra misionando en la aldea Grand Morié, en Costa de Marfil y permanecerá durante el primer trimestre de este año.
:format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/435/0000435259.jpg)
El P. Exequiel Baez se encuentra misionando en la aldea Grand Morié, en Costa de Marfil (África), lugar hacia donde viajó el 13 de enero pasado y permanecerá durante el primer trimestre de este año. La oportunidad se presentó por la Diplomatura en Ministerio de la Escucha que está cursando. En el lugar se encuentra desde hace 27 años el padre Eduardo Armándola, de la Diócesis de Paraná, y Cecilia Noriega, consagrada en las misiones y ha sido enviada a África por este centro de espiritualidad. Justamente con ella tomó contacto el P. Exequiel para organizar este viaje. Está viviendo en la parroquia Santo Tomás de Aquino y apenas llegó fue a presentarse al obispo, como corresponde, que lo recibió muy bien.
A casi un mes de su llegada al lugar, el P. Exequiel comparte sus primeras experiencias:
-La Aldea de Gran Morie tiene alrededor de 10.000 habitantes. Se hace el trabajo de cualquier comunidad católica cristiana. Cuando llegué estaban comenzando una misión de visitas casa por casa, divididas por sectores. Nos unimos a los misioneros de la Parroquia Santo Tomás de Aquino, comienza diciendo, para continuar: Es una experiencia hermosa desde el Evangelio, por supuesto, desde el Espíritu de Jesús, y es lo que yo quiero transmitir. Una de las realidades que más me vienen para reflexionar es que Él habitó entre nosotros, este mundo aparentemente tan injusto, irreal, tan desigual. Esto es lo que a veces sorprende al ir visitando y encontrar tanta pobreza por un lado y tanta riqueza por otro. Somos la misma humanidad en todos lados con nuestras riquezas, dificultades, miserias. En la aldea hay también musulmanes, protestantes, tan presentes como los católicos, con una buena convivencia.
Con respecto a la tarea pastoral expresa: -La rutina por ahora ha estado por la misión. A la mañana compartimos comunitariamente, por la tarde salimos de visitas. A la 19 hs., de lunes a viernes celebramos la Eucaristía, cada vez en una casa distinta. Después de la cena compartimos con los grupos un rato de cine que ellos lo valoran mucho, viven las emociones, se admiran por pequeños gestos, comparten comentarios, se abren a la comunicación.
Le preguntamos por la vida familiar: -En los hogares encuentro diferentes costumbres; viven la poligamia lo que no condice con los preceptos de la Iglesia, pero están bautizados, confirmados. Pasando a otras tareas más domésticas, vamos al mercado, toda la mercadería está en la calle, frutas, verduras, carnes, a cielo abierto. También he compartido con los pobladores la preparación de las comidas, algo extraño para nuestras costumbres. Las mujeres son las encargadas de todas esas y muchas tareas más. Con bananas y mandiocas preparan una comida llamada futú. Lo hacen temprano de la tarde porque para las 19, hora en que entra el sol, ya están cenando. Como hay muchas casas que no tiene electricidad, viven al ritmo de la luz del sol. Además a partir de las 4 de la tarde no hay agua corriente por lo que el baño de los niños ser realiza temprano, al aire libre, en fuentones.
Más adelante agrega: -Volviendo al país, la capital es Abyán que tiene un tránsito desastroso. También vamos a una ciudad cercana sobre todo a buscar lo que no se consigue en la aldea porque no tiene supermercado. Vamos en taxi que son totalmente rudimentarios; son autos que en Europa ya van al desguace. Muchos de esos móviles se los venden a estos
países en que los usan por mucho tiempo más. Para poder hacer el viaje hay que esperar que se complete el pasaje, de modo que viajamos 6 personas más el conductor.
-Este pueblo fue conquistado hace 125 años, y en ese tiempo también llegaron los misioneros. Esto lleva a pensar en un pueblo nuevo, ya que ese tiempo no es mucho para la historia por lo que considero que hay esperanza para que sigan desarrollándose. Uno piensa en el poder, en la corrupción, en las desigualdades de los pueblos, naciones, continente y lleva a replantearse muchas cosas de este mundo, pero un mundo que Dios ha venido a habitar, reflexiona el P. Báez, para continuar: -Esa es la cultura, su gente, sus costumbres, otro idioma es lo que voy experimentando, pero unidos por la misma fe en Dios, por la religión católica. Eso hace sentirnos parte de una misma comunidad religiosa, del mismo Cristo que anunciamos permanentemente y que ellos reciben con mucho amor y esperanza.
Hacia el final, expresa: -A todo lo vivo con mucha humildad; no soy el gran misionero, ni siquiera me sale mucho el francés que se habla acá, pero se comparte igual desde el espíritu que nos une. Además el cariño y respeto es la expresión que también nos acerca, sentirnos hermanos por somos hijos de un mismo Padre.
