Carina y Patricia Gonzalez:
“Vivimos muchas experiencias hermosas que guardamos en el alma”
Esta es la historia de dos hermanas y sus respectivas familias. Esta es la historia de los sueños por cumplir, del compañerismo y del amor. Es la historia del amor que dura, del amor que se siente a lo lejos, del amor puro, del amor del bueno. Esta es la historia de la familia verdadera, esa que se lleva en el corazón para siempre, aunque no tengamos el mismo ADN. Esta es la historia de Patricia y Carina Gonzalez.
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Todo comenzó en 2002 cuando a Carina, un conocido, le ofreció un trabajo un poco alocado en el que debía irse a vivir lejos, muy lejos, a otro país, en otro continente. Ella, por ese entonces, tenía un hijo de 12 años llamado Alan, vivían juntos en una casa alquilada y no tenía un trabajo estable. Era cobradora y dependía de eso para darle un sustento a su familia.Primero, la propuesta de ese nuevo trabajo la sacudió un poco, no sabía qué hacer. No quería dejar a su hijo, pero sentía que debía hacerlo para lograr cumplir su sueño de tener su casa propia y darle un mejor futuro a él. Se lo consultó al pequeño y le dijo que lo hiciera, que se fuera porque esas oportunidades no se repiten dos veces en la vida. Lo hablaron en varias ocasiones y él mantenía siempre la misma postura. Ella no podía llevarlo y él lo sabía, pero igual le decía que viajara. Y así fue. Alan quedó al cuidado de sus abuelos y ella partió hacia un lugar nuevo, desconocido, sin siquiera saber bien que trabajo realizaría, pero siguiendo sus sueños.Llego a Italia y su vida cambió para siempre. Comenzó a trabajar para una familia hermosa donde siempre la trataron muy bien y hasta el día de hoy la consideran parte. "Irme y vivir ahí fue muy difícil, por mi hijo, por el idioma, por la cultura y las costumbres, pero me quedé por Alan, por nuestros sueños y creo que lo que más me ayudó a estar tantos años ahí, 9 en total, y no volverme en el primer mes fue Bartolomeo, el niño que cuidaba. Él fue mi salvavidas, me aferré a él como si fuera mío. Con él pude disfrutar lo que no pude disfrutar con mi hijo porque trabajaba". Carina, al poco tiempo de llegar, les consultó a sus jefes la posibilidad de que su hijo fuera a vivir con ella, le dijeron que era muy complicado pero que lo iban a resolver. Alan comenzó a viajar todos los meses de julio para allá y Carina venía siempre en diciembre. Luego de dos años, ella logró comprar una casa en nuestra ciudad y al tiempo logró llevarse a su hijo para Italia quien hasta el día de hoy sigue viviendo allá. "Yo siempre digo que tengo mi vida dividida en dos, porque tengo esa familia del corazón allá, tengo a mi hijo allá, pero tengo a mis padres y a mi marido acá. Entonces nunca voy a ser 100% feliz. Por más que hoy tengamos WhatsApp y las video llamadas, no hay como un abrazo. Un abrazo no tiene precio".En medio de toda esta historia, un día, Patricia le comenta a Carina que su marido se había quedado sin empleo y que se les estaba complicando mantenerse ya que tenían una pequeña de 5 años llamada Sofía. En la casa donde trabajaba su hermana estaban necesitando una mujer para hacer otras labores, así que Patricia también partió hacia Italia con el sueño de poder salir adelante. Su hija quedó al cuidado de su papá, quien hizo todo lo posible para protegerla, mimarla y que extrañara a su mamá lo menos posible. Todos los meses enviaba el dinero que recaudaba, hasta que su corazón no pudo más y decidió volverse a Argentina. Estuvo allí 9 meses, pero extrañaba mucho a su hija y no tenía posibilidades de llevarla ni de que su marido viajara hacia allá."Cuando nosotras vivíamos allá, había muchos argentinos. Entonces, nos juntábamos todos los domingos sagradamente a tomar mates en la playa, a consolarnos, a apoyarnos. Intentábamos acompañarnos lo más que podíamos. Pasamos juntos muchas navidades y años nuevos o cumpleaños.Hoy en día nuestros hijos, Sofía y Alan, están viviendo en Italia. Por más que los extrañamos horrores los entendemos porque a nosotras nunca nadie nos juzgó ni nos prohibió nada, al contrario. Ellos están descubriendo que su lugar en el mundo es ese. Por ahí sentimos que es como una especie de desquite porque nosotras los dejamos primero, pero fue por amor, por necesidad de que tuvieran un futuro mejor. Por suerte les pudimos abrir las puertas a un mundo nuevo, totalmente distinto a este. Sobre todo, por la economía. Uno dice que Argentina es un lugar hermoso con paisajes preciosos, pero de que te sirven esos paisajes si ni siquiera podés ir a verlos por el costo, por la distancia. Allá te tomás un tren que es muy accesible y estás en otro país.Cada vez que pensamos en ellos, en Italia, se nos viene a la cabeza 'Septiembre del 88' de Cacho Castaña, que dice: querido amigo, recibí tu carta y me alegra mucho saber que todo está bien. No te vuelvas porque aquí la crisis se pasea por las calles... Pero a la vez los extrañamos tanto que es como cuando la canción dice: volvé cuando quieras que juntos podremos salir adelante", me contaron las hermanas con lágrimas en los ojos y un nudo en el pecho que hasta a mí me lo hicieron sentir.Marilina Camino Gomensoro
